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Crónicas·22 de diciembre de 2019

0-0: Con la pólvora mojada

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Ramón Álvarez de Mon

Encaraba el último partido del año el Madrid con la misión de acabar bien un año muy aciago. La necesidad de terminar en lo más alto de la clasificación y la frustración provocada por las ocasiones marradas dejaron un resultado bastante insatisfactorio.

El Madrid comenzó tocando ligero en los primeros compases. La estrategia bilbaína era muy clara. Poco le importaba disponer de pocos centrocampistas al conjunto vasco porque la consigna era buscar la cabeza de Raúl García o Kodro y ganar la segunda jugada. De esa forma la presión delantera del Real Madrid iría en su contra al encontrarse más lejos de los balones rechazados tras el pelotazo visitante.

La primera ocasión llegó bastante pronto tras una pared que le llegó a Vinicius. El maravilloso recorte del brasileño le situó frente a Unai Simón que resolvió el envite. Poco después Kroos se volvería a topar con el guardamallas vasco y con el larguero, que fue el último en repeler el disparo.

El Athletic avisó unos minutos después a través de Williams, pero Courtois estuvo soberbio. La ocasión visitante no desmoralizó al Madrid que siguió produciendo ocasiones. Dos de ellas llegaron tras unos centros medidos de Rodrygo con remates de Benzema al portero. La más clara fue de nuevo para Benzema, que tras driblar al portero se quedó sin ángulo. El rechace del defensa le llegó a Vinicius que no controló bien un balón que quizá debió rematar de primeras.

El descanso llegó tras un buen susto por gol anulado al Athletic por claro fuera de juego. Una primera parte que bien pudo dejar un 3-0, pero en el que la pegada brilló por su ausencia.

La segunda parte comenzó con la salida forzosa de Militao del campo por un arañazo en el ojo. Entró Nacho en su lugar que poco después se topó con el larguero para desgracia de los locales. Antes Benzema ya había vuelto a probar a Unai Simón, seguía la maldición. Y lo haría una cuarta vez sin suerte.

Poco a poco la impaciencia se empezó a imponer. Las ocasiones malogradas tienen un doble efecto: minan la moral del que las tiene y motiva al que las salva. Entraron Bale y Jovic. El juego se volvió más vertical, mucho menos elaborado y, por tanto, perdió precisión. En el 86 el Madrid de volvió a encontrar con el palo después de un espléndido cabezazo de Jovic. El rechace lo remató Ramos, pero sin fuerza.

Terminó el partido con una inevitable sensación de impotencia. Hacer un gol parece una misión imposible.

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