0-1: Asensio sí cree
Quillo Barrios
Siempre que me siento a ver un partido de este irreconocible Real Madrid pienso que veré, por fin, una versión potable, más cercana a la grandeza que se le presupone al equipo de Zidane que a la mediocridad que nos atrapó -y no nos suelta- hace meses. Noventa minutos después, mi sensación es de incredulidad pese a que esta versión tan plana se ha convertido en una dolorosa rutina.
En Butarque, el Real Madrid volvió a firmar una primera mitad gris y una segunda directamente imperdonable. No puede ofrecer una imagen tan discreta y pobre un equipo llamado a hacer grandes cosas. Importa poco que atravieses una crisis deportiva o que tengas toneladas de dudas sobre ti. Eres el Real Madrid. En las buenas y en las malas. Quizá más en las malas que en las buenas. El otro día leí que lo normal en deporte es perder. Compro esa teoría, pero hay demasiadas maneras de perder como para que el actual campeón de Europa escoja la más deprimente.
A día de hoy, ni siquiera el madridismo más benévolo puede tirar de 2017 sin ruborizarse. Dicho esto, ¿existió 2017? ¿Fue real? Porque no se explica que un equipo excelso se convierta en todo lo contrario en menos de seis meses. Los de Zidane humillaron al Barcelona en verano y ahora apenas pueden salir de los partidos con la cabeza alta. A veces siento que 2017 fue un maravilloso cuento que nos contamos unos a otros para tener un bonus de aquel fantástico 2014.
el real madrid volvió a firmar una primera mitad gris y una segunda imperdonable
Volviendo a Butarque, todo salió mal hasta que Asensio rescató la épica del minuto noventa marcando un golazo cuando el guión nos llevaba a un tibio 0-0 que haría peligrar la eliminatoria. El '20' evitó el bochorno con un remate tenso, precioso, que hizo bueno un vulgar centro de Theo Hernández. Se tuvo que rebelar Asensio y abandonar la banda donde lo esconde Zidane demasiadas veces para aparecer por el centro y decidir como lo hacía en tiempos más felices. Asensio cree y tiene herramientas para hacerlo. Sólo hace falta que vea menos la línea de cal y su talento asome más por el balcón del área.
Quizá la lectura positiva, más allá de la resurrección goleadora de Asensio, sea que el Real Madrid ha vuelto a ganar -jugando muy mal, pero ganando al fin y al cabo- y que lo que el fútbol te quitó el otro día ante el Villarreal te lo ha devuelto hoy, curiosamente cuando menos lo merecías. En ocasiones, la escalada empieza con el paso más inesperado. Con la Liga perdida, los de Zidane tienen un mes para no dejar de crecer y llegar a la eliminatoria contra el PSG pensando que el pasado puede volver.
Y no, no pediremos perdón por ganar jugando mal. Ojalá este equipo empiece a jugar bien y a ofrecer una imagen acorde a su grandeza, pero, sinceramente, bendita victoria aunque sea de aquella manera. Asensio creyó y a la temporada todavía le quedan curvas.