0-1: Del pánico a la depresión
Quillo Barrios
Hace meses, cuando el Real Madrid comenzaba a caer con el pasado como presumible colchón, algunos intuían ese pánico que terminó de instalarse en la Casa Blanca a finales de año. Se ganó el Mundial de Clubes, sí, pero la sensación era de miedo silencioso, de problemas graves que se escondían tras un 2017 memorable. Ahora, a mediados de enero, el pánico ha dado paso a la depresión, que es mucho más grave que temer algo que sabes que llegará. El Real Madrid es un alma en pena y ya ha llegado a ese punto tan vulgar de querer y no poder, un síntoma reservado para aquellos equipos con muchos menos recursos que el actual campeón de Europa.
Es normal que el madridismo reaccione ya a las derrotas con una especie de dolorosa indiferencia. Anestesiados por un discurso totalmente desgastado, los aficionados ya ven la recta final de la temporada con Copa del Rey y Champions League como únicas vías de escape. No son malas balas en la recámara, aunque parece complicado, a día de hoy, que puedan ser disparadas. Zidane sigue con la intención de no cambiar nada y el propio club, apoyado en el discurso mesurado de su entrenador y la barriga llena que otorgan los títulos, se mantiene, quizá equivocadamente, en la línea de un cuerpo técnico que ha agotado su crédito en un abrir y cerrar de ojos. Un crédito que era enorme y merecido, por cierto.
Ante el Villarreal, el Real Madrid jugó bien, especialmente los primeros sesenta minutos -luego se cayó física y mentalmente-. Coleccionó ocasiones -Cristiano el que más- y gozó de rachas de juego muy positivas y esperanzadoras. Pero no salió nada. Hasta Undiano Mallenco se puso en contra con dos penaltis no señalados. "A perro flaco todo son pulgas", dijo Arbeloa en la televisión del club minutos después de la derrota. Y tiene razón. Al Real Madrid se le ha puesto todo en contra. Hasta la propia épica nos da la espalda. Y la lógica. No hay nada a lo que agarrarse. Y no debemos agarrarnos a un pasado dorado, ya que el futuro no mira al ayer.
Es hora de tomar decisiones, quizá no drásticas ni de las que luego te puedas arrepentir, pero sí responsables. Hay que cambiar cosas y dinámicas. Toni Kroos y Marcelo, por ejemplo, llevan varios partidos llegando a la última media hora con la lengua fuera. Arriba no hay gol y no lo habrá hasta que Cristiano encuentre esa tecla que antes sabía de memoria, Bale mantenga el tino mostrado en los partidos anteriores o el club acuda al mercado de fichajes por mucho que Zidane piense y diga que nadie de fuera mejora lo de dentro. Fichar en enero no es un paso atrás, sino la rectificación del sabio que asume que tiene pocos meses para arreglar lo que se hizo mal en verano. Nadie te señalará con el dedo si en enero vuelves a armar el puzzle con acierto. Sin embargo, sí te expondrás si la temporada acaba demasiado pronto con la sensación de que no hiciste nada por revertir la situación.
El jueves llega el Leganés y, en un mes, el temido PSG. Urge preocuparse, ahora ya sí, y dejar de poner paños calientes. La Liga no tiene arreglo, pero la temporada, pese al tono oscuro actual, sí. Zidane, es tu momento. Lo dijiste en una entrevista concedida en Francia. Demuestra que también eres entrenador en los momentos malos. El madridismo te espera.