0-1: El líder que surgió del frío
Mario De Las Heras
En quince minutos el Valladolid le ha devuelto al Madrid la defensa adelantada. Una entrada dura de los locales y un gol anulado a Casemiro por fuera de juego. La locución emocionada con Salisu, de Ghana. El juego se va modulando. Se abomba, se adelgaza. Es como si alguien, alguien enorme, estuviera soplando vidrio.
El partido es vidrio. El vidrio caliente de un artesano que no acaba de encontrar su forma. El Valladolid presiona, empuja. El Madrid sale por calles cortadas y se vuelve. Otra calle cortada. El Madrid está abajo, como un poso. Rodrygo es una flecha. Se escapa por un claro perseguido por lobos castellanos. No los temen los madridistas, que parecen frotarse en sus posiciones, como si tratasen de calentarse bajo el frío de la meseta.
El Madrid sólo parece poder disparar al joven Rodrygo como si fuera un wide receiver. Parece un pequeño mensajero de los que tenían los nobles romanos bajo la mesa en los cuentos de Asterix. Se empiezan a ver destellos en los de azul. Son los brillos que se producen cuando consiguen despegarse los adhesivos blanquivioletas, perseguidores, marcadores.
Son como los lastres de un globo, el Madrid, que no puede despegar amenazado, además, de pinchazo. No pasa nada porque nadie está mal plantado. Sólo es la amenaza sin tiros a puerta como la de un cuento de Faulkner. Algo puede pasar o no. El empate mirando a Horace Benbow (el Madrid arrodillado en el manantial) desde los árboles con su cigarro y su sombrero ladeado como el Popeye de Santuario.
Hace como frío en el interior de los visitantes. Sólo una pequeña lumbre con sonido de hojarasca quemada parece arder en Mendy y en Casemiro. Isco lo intenta como si chocara dos piedras sobre un montoncito de matojos. El Valladolid es pura intemperie atenuada con talento. Se asoma el Madrid y se revuelven los del Zorrilla.
Isco lucha, sube y baja y deja, por arriba, a Benzema solo ante Masip. Pero Karim está frío. El Madrid borbotea ya. Juega en los tres cuartos del campo frente a los dos de la primera parte. El Valladolid a estas alturas son los vestigios de su muralla del siglo XII. En el setenta y siete Kroos, ese lancero preciso, encuentra la inusitada cabeza humeante de Nacho.
El cero a uno reaviva la caldera. Se electriza el Valladolid, que llega a marcar en fuera de juego desesperado, pero el Madrid sale victorioso del frío. El Madrid es el espía que surgió del frío.