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Crónicas·3 de abril de 2018

0-3: De Turín al cielo

Q

Quillo Barrios

¿Y qué os cuento yo ahora? Todos habéis visto lo que ha sucedido en Turín. Esa chilena, perseguida durante media vida, que ya está en los libros de historia. Ese Cristiano Ronaldo, insaciable, eterno, que maldijo por no marcar el 0-4 cuando el cielo ya estaba a sus pies desde hacía rato. Y ese Real Madrid, otrora superado por el escenario en esta misma ciudad, hoy sí supo sufrir y decirle a la Juventus que ya es adulto, que los retos no le asustan. Fue una noche memorable, con Varane y Sergio Ramos rozando la perfección y Keylor Navas apareciendo cuando la eliminatoria todavía estaba en un suspiro. Todo salió bien, desde el once de Zidane -acertó con la titularidad de Isco- hasta los cambios -reaccionó pronto viendo el mal partido de Benzema-. Al igual que en París, el Real Madrid sale de Turín reforzado y avisando una vez más a Europa de que el Rey todavía tiene mucho que decir.

Pero, me vais a perdonar, hoy toca hablar de Cristiano Ronaldo. Y no por su chilena, cuya majestuosidad no cabe en un texto, y mucho menos en uno mío. Toca hablar de Cristiano Ronaldo porque ese "gran rematador" -adjetivo puesto por los que quieren infravalorar su papel- es, desde hace tiempo, un futbolista de leyenda. Marcó el 0-1 con el telón todavía alzándose, haciendo buena una asistencia de Isco desde la izquierda. Benzema bailaba con Chiellini, situación que aprovechó el portugués para atacar el espacio y someter a Buffon. De Cardiff a Turín. Mismo protagonista, misma pesadilla. En un abrir y cerrar de ojos, Cristiano Ronaldo le dio al Real Madrid la ventaja que solamente puede tener el Real Madrid, más que nada porque es el único club que puede alinear al actual Balón de Oro. Con Cristiano en el campo sales ganando 0-1. O tardas tres minutos en hacerlo. Pero tienes ventaja, vaya. Demasiada. Es casi hasta ilegal. Otro nivel de dopping.

El gol inicial nos permitió ver a un Real Madrid despierto, dominante, adulto, autoritario, ante una Juventus que tardó cuarto de hora en asimilar el durísimo golpe. Alcanzado el minuto veinte, el choque se niveló y los italianos tuvieron varias ocasiones, pero se toparon con un magistral Keylor Navas, que dejó dos paradas memorables. No saldrá en los titulares de la prensa porque sería una injusticia imperdonable quitarle algún foco a Cristiano, pero el tico puso su granito de arena -granazo, si me permitís la palabra- en la abrumadora victoria del Real Madrid.

Los de Zidane bajaron su nivel futbolístico, aunque subieron el compromiso y la capacidad de sufrimiento. Mucho más fácil esto último cuando Cristiano Ronaldo espera paciente una nueva oportunidad y Varane y Sergio Ramos construyen una muralla en torno a ellos. En la noche más gris de Modric -es tan bueno que hasta un partido de notable nos parece poco-, al Real Madrid le costó más de la cuenta sujetar el centro del campo, pero supo leer sus carencias y no las descubrió. La Juve acabó desesperándose. El Madrid parecía italiano y ante ese espejo no supieron reaccionar.

keylor navas dejó dos paradas memorables

Ya en la segunda mitad, Zidane quitó a un flojo Benzema para dar entrada a Lucas Vázquez. Cambio ganador. Más velocidad y dinamismo en un ataque que iba a encontrar espacios según se acercase el final. El conjunto merengue agobió a Buffon de nuevo y Cristiano Ronaldo sentenció con una chilena de época. Se elevó como nunca vimos a otro futbolista pese a ser el mismo gesto. El balón entró con limpieza, respetuoso con la obra de arte. Se hizo el silencio durante un par de segundos, pero el estadio reaccionó justo después con una ovación sincera y cerrada. Habían asistido a algo histórico y no necesitaron asumirlo para agradecerlo. Turín se rindió a Cristiano Ronaldo y a nosotros se nos agotaron los calificativos.

La fiesta acabó con un gol de Marcelo, que suele sumarse a las grandes noches casi cuando cae la medianoche. Cristiano asistió y el brasileño puso el 0-3. No jugará Sergio Ramos la vuelta, pero, a riesgo de sonar prepotente, tampoco hará falta. El camero pasará limpio a semifinales, ese lugar en el que el Real Madrid se metió a vivir hace ya muchos años.

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