0-3: Real Cristiano
Quillo Barrios
Sí, esta es una crónica reivindicativa. Lo es porque así debe serlo y porque muchos merecen que así sea. Lo merecen los madridistas y los antimadridistas. Los primeros han tenido que escuchar demasiadas teorías absurdas a lo largo de los últimos meses. Todas ellas ligadas a la falta de corazón, de fútbol, de estilo, de garra. Se llegó a tratar al Real Madrid como un equipo de niños ricos que saltaban al césped para especular hasta con la salud de sus propios aficionados. Zidane era un pelele en manos de un vestuario anárquico y prepotente. Ganar Copa de Europa y Supercopa de Europa fue una casualidad forjada con mucho dinero. Siempre fallaba algo. Hasta la racha de 28 partidos seguidos sin perder -29 tras el derbi- era cuestionada. Y parte del madridismo, mientras tanto, guardaba silencio. Hasta hoy.
Hoy se acabó el silencio. Hoy toca gritar. Hoy toca, como siempre pero más si cabe, lucir con orgullo el madridismo. Se ganó en el Vicente Calderón con una contundencia tan inesperada que ni siquiera los que esperaban el resbalón puñal en mano podrán poner un pero. El Real Madrid fue más y mejor que un Atlético de Madrid pasado de revoluciones que sólo supo entrar mal y tarde. Sólo durante los primeros veinte minutos de la segunda mitad se intuyó alguna grieta en el perfectamente diseñado ecosistema blanco.
El Real Madrid fue más corazón, fue más intensidad y fue, sobre todo, más fútbol. Se apoyó el equipo de Zidane en un Isco imperial que hizo de él y de Toni Kroos con insultante naturalidad. La primera parte del malagueño fue antológica. Jugó en todas las zonas del campo y siempre bien. Pases acertados, seguros cuando hacía falta y profundos cuando olía la sangre. Se doctoró en un partido de altura, con el mundo mirando y Del Bosque agachando la cabeza. Necesitaba una exhibición así para decirle al madridismo al oído que está realmente preparado para triunfar de blanco.
No necesitó el Real Madrid crecer con el paso de los minutos porque su entrada en el mismo ya fue adulta. Al imponente Isco se le sumaron Kovacic y Modric, brillantes toda la noche. Lucas Vázquez y Bale, soberbios sin balón, le pusieron aliento y músculo al equipo en presión y tareas defensivas. Era un Madrid serio, solidario, de traje y corbata, pero dispuesto a remangarse y tirarse al barro. Soportó la excesiva agresividad -por no utilizar otra palabra- del Atlético de Madrid hasta que pudo soltarse. Y ahí, donde todo se decide cuando las patadas no alcanzan, apareció Cristiano Ronaldo.
Criticado eternamente y puesto en duda hasta por los suyos, el portugués demostró, una vez más, que en fútbol no hay entierros que valgan. Sometió al Atlético de Madrid como hacía mucho que un futbolista no lo hacía. Simeone fue incapaz de frenar el huracán luso. Estuvo inteligente sin balón y especialmente dañino con él. Marcó de falta, de penalti -cometido sobre él mismo- y a placer tras una carrera memorable de Gareth Bale. También anotó otro de cabeza, pero el árbitro vio cal donde ya no quedaba color blanco. Daba igual. Era la noche de Cristiano y ni un colegiado permisivo iba a impedirle salir por la puerta grande.
La solución de Simeone, más allá de meter en el campo a Correa y Gameiro, pasaba por agitar los brazos como si buscase que la afición pusiera el fútbol que no tenían los suyos dentro del terreno de juego. Lo hizo más que otras veces, señal de que lo que había no le gustaba. Señal de que pintaban bastos y la Liga se escapaba hacia un nítido color blanco. Se fue apagando el Vicente Calderón según caían los goles de la bestia Cristiano. Las llamas del principio dieron paso a los "olés" de los cientos de madridistas que gobernaron por encima del silencio en los quince minutos finales. Al contrario que otros derbis, la hinchada blanca vivió plácidamente la recta final. Disfrutó. Saboreó el maravilloso encuentro de su Madrid. Recordó, salvando las distancias, a lo del Allianz Arena en 2014. Esa sensación de mirar todo desde la cima con la tranquilidad del trabajo bien hecho y la reivindicación correspondiente.
Sin Sergio Ramos pero con un excelso Nacho. Sin Pepe pero con un espléndido Varane. Sin Kroos pero con un fantástico Kovacic. Sin Benzema pero con un insuperable Lucas Vázquez. El Real Madrid gustó y se gustó. Ganó y lo hizo bien. Mañana no habrá críticas absurdas -o sí, nunca se sabe- para un equipo que hizo lo que se esperaba... del Atlético de Madrid. La próxima vez que quieran enterrar al campeón de Europa, mejor esperen a que sea verano y la temporada haya bajado el telón.
LAS NOTAS
Keylor Navas (7): Transmitió seguridad en todo momento.
Dani Carvajal (7): No sufrió más que en el arranque de la segunda mitad.
Nacho (8): Su mejor partido en el Real Madrid. Imperial.
Varane (8): Recordó a aquel Varane que nos enamoró.
Marcelo (7): Bien con balón y sin él. Gran nivel.
Kovacic (8): Conquistó a todos con una exhibición en un partido de altísima exgiencia.
Modric (8): No te retires nunca.
Lucas Vázquez (8): Incansable, incisivo y omnipresente. Otro día más en la oficina.
Isco (9): Portentoso encuentro en el momento más oportuno.
Gareth Bale (8): Solidario con y sin balón, su acción en el 0-3 es extraordinaria.
Cristiano Ronaldo (10): Calló a todos con un recital sobre cómo debe jugar un nueve. Memorable.
James, Asensio y Benzema entraron con el partido ya resuelto.