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Crónicas·22 de septiembre de 2018

1-0: Asensio y rutina

J

Jesús Bengoechea

No es la panacea por cuanto sigue dando lugar a debates y parece no entrará nunca en cuestiones disciplinarias, pero no quedará un solo madridista disconforme con la llegada del VAR. Aun con algún cambio en la jerarquía, el ejército del rubialato es casi idéntico en efectivos y propensiones al del villarato, de modo que toda protección se agradece. Hay que echarle mucha determinación para obstinarse en perpetrar, por ejemplo, el hurto gentil que Mateu parecía decidido a llevar a cabo birlando al Madrid el limpísimo gol de Asensio. No sabe uno si alegrarse más por la intervención salvífica de la tecnología o lamentarse por las tendencias que a priori, si bien aplacadas por el VAR, siguen mostrando los colegiados. El primer tiempo, por lo demás, fue soso. Continúa resultando interesante cómo se aplica el equipo a la dinámica de la presión cerca del área rival, pero descorazonó la falta de ideas ofensivas. Insistente Odriozola, meritorios Ceballos y Modric, decisivo Asensio: poco más que decir.

El segundo tiempo, que empezó con el mismo tono voluntarioso pero insípido, nos dio la ocasión de ver media hora de Mariano acompañado durante casi todo ese tiempo por Lucas Vázquez, que es como hay que ver predominantemente a Mariano (y a Lucas Vázquez). Aparte de un error impropio de la categoría de Ramos, que habría acabado en el empate de no haberse interpuesto el larguero, poca más emoción depararía esta segunda mitad más allá de la incómoda cortedad del resultado. Un manto de tedio e inquietante conservadurismo cubrió el juego de un Madrid más pendiente del próximo duelo en Sevilla. Es una delicia ver a este equipo robar el balón, es un primor el uso técnico que después hacen del mismo y es una preocupación la falta de punch que manifiesta a veces, y que derivó en la inquietud comentada. La inquietud se acrecentó con la pulsión atacante de Ramos, pese a que estuvo a punto de marcar en una pared con Isco que acabó con un espléndido remate de cabeza que paró Diego López. Pero el camero debe centrarse en cubrir su posición con eficiencia. Fácil es decirlo, lo sabemos: las fuerzas desatadas de la Naturaleza no se pliegan como esas sillas playeras que aún puntúan este septiembre.

De los de nuevo ingreso, por lo demás, no destacaron ni Mariano ni Lucas sino un Marcos Llorente que tuvo tiempo para una pase majestuoso, un tiro a puerta y un providencial cruce defensivo.

Luego, el partido acabó, que es lo que de él se esperaba. Aun con sus saludables dosis de sorpresa, el fútbol es más predecible que Ramos, y quizá por ello menor.

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