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Crónicas·11 de julio de 2016

1-0: Cristiano, como el Cid

J

Jorge Garcia Vela

Y ganó Cristiano después de muerto. Como el Cid.

¿Qué os voy a decir que no os haya dicho ya? Cuando Jesús Bengoechea me dio a elegir entre varias selecciones para hacerle un seguimiento y escribir las crónicas, no dudé un segundo. Portugal… por Cristiano Ronaldo.

De alguna manera lo intuí, o simplemente confié en el mejor jugador del mundo y uno de los mejores de la historia, hay que decirlo ya. Con él, ninguneado por muchos, incluso dentro del madridismo, todo podía pasar, y como señalé en estas páginas, vi clara su presencia en la final una vez ganaron a Croacia.

Cuando Cristiano cayó derrumbado en el césped en el minuto 24 y las lágrimas comenzaron a manar de sus ojos, lo cierto es que me embargó la pena y un cabreo monumental. Hasta las polillas parecían besar su rostro para consolarle.

Y es que lo madridistas hemos visto y sufrido durante todos los años que Cristiano ha pasado con nosotros cómo le daban más palos que a una estera, a una estera en manos de un psicópata al que no le gustan las esteras, sin que le pitaran un tercio de esas faltas. Las comparaciones son odiosas cuando ves cómo penalizan los soplidos a jugadores de los más directos rivales.

Esto ocurrió ayer. Payet cumplió con el encargo y dio su recado a Cristino, pero se le fue de las manos, dejando lesionado a la estrella portuguesa con una brutal entrada donde nos temimos lo peor. La imagen es escalofriante. Que no se haya roto sólo se entiende desde una genética privilegiada y un cuerpo moldeado a conciencia con el entrenamiento. No pitó ni falta.

Todo se ponía en contra para una Portugal que salió nerviosa y dormida; parecían amateurs jugando contra profesionales, pero si lograban sostenerse en pie, todo era posible.

Con la lesión de Ronaldo una fugaz idea sobrevoló a los espectadores que apoyaban a la selección portuguesa. Ahora el espíritu de Ronaldo es el que puede llevar en volandas a estos jugadores.

Como el Cid, Cristiano Ronaldo ganó su ansiada Eurocopa después de muerto, apoyando a unos jugadores que suplicaban por que no se fuera del campo, que se mantuviera junto a ellos. No cabe duda de que la charla en el vestuario, la piña que formaron, los encaminó al éxito. Ver a Cristiano salir tras el descanso, animar, apoyar y ordenar desde la banda a sus compañeros fue un auténtico espectáculo.

Pero si Cristiano era el espíritu, el cuerpo lo tuvieron que poner los once héroes que han llevado la Copa a Portugal. Sensacionales. Nada más irse Cristiano, ese espíritu, como si de un renacido Rodrigo Díaz de Vivar se tratara, Portugal empezó a recomponerse, a mostrarse más sólida en defensa, a lograr parar las embestidas francesas y a serenarse para aguantar hasta el descanso con buenas sensaciones, antes de reunirse con su cabizbajo capitán.

Dominó Francia, llevó el peso, tuvo alguna ocasión, pero se encontró con un espléndido Rui Patrício, e incluso en el último suspiro Gignac pudo marcar, pero el poste lo impidió. Para enmarcar el partido de Sissoko. Un dominio que en absoluto fue abrumador ante una Portugal consciente de que no podía competir en el cuerpo a cuerpo físico, e intentaba bajar el balón para llegar con posesiones largas.

Sensacional el esfuerzo de Nani, el más incisivo en ataque otra vez, que tuvo las mejores ocasiones portuguesas (tuvieron 4 muy claras a lo largo del partido), y apoyando en defensa como un cosaco.

Un Nani tremendo, que puso el brillo al grandísimo esfuerzo de todo el equipo. Pero si hay dos jugadores que merecen el mayor reconocimiento por su labor ayer, esos son Pepe y Éder.

Nadie esperaba que la aportación del delantero del Lille fuera a ser tan decisiva. Apenas se había contado con él y no parecía un jugador determinante, pero ese cambio en el minuto 79 de Fernando Santos fue crucial. Un cambio tan brillante como arriesgado. Portugal empezó a respirar casi de inmediato, ahora había salida arriba y se podían armar contras, Éder aguantaba balones y los abría a banda, iniciaba las jugadas y permitía recomponerse al equipo. Portugal empezó a creérselo hasta que llegó la prórroga, donde tras marrar varias ocasiones el delantero trazó una diagonal y sacó un disparo camino de la gloria.

Sólo quedaba aguantar. Y lo hicieron.

El otro gran valedor, y al que he ninguneado un poco ante el incontenible fulgor de Cristiano, es Pepe, el otro madridista bicampeón de Europa esta temporada.

mvp pepe

La Eurocopa de Pepe ha sido para enmarcar. Ha hecho partidos absolutamente heroicos, achicando y tapando todos los huecos de una defensa que hacía aguas en más ocasiones de las deseadas. El sostén de una selección que no parecía competitiva, pero que se fue contagiando de la exhibición y el derroche de (pep)ones que le ha puesto el central madridista. Un baluarte, un emperador defensivo que parecía tener una atracción lasciva con el balón, que siempre le caía a él, ya fuera por tierra, mar o aire.

Destaqué su inconmensurable aportación en partidos anteriores, con mención especial a los cuartos de final, pero no contento con eso, en el momento más importante para su país, volvió a ser vital, tanto para sacar el balón como para desbaratar los ataques franceses. MVP de la final para un central. Está todo dicho.

Volviendo a esa leyenda que tan mal cae a algunos. He venido haciendo un recorrido sonoro por el mundo antimadridista. Crepitar de dedos, uñas mascadas, despertares angustiados y sudorosos en noches veraniegas, rechinar de dientes... Y ahora un Cristiano bicampeón de Europa y triunfando con su modesta y mediocre selección donde otros fracasaron calamitosamente con sus lujosos y prestigiosos combinados.

Los pobres están como doncellas en el laberinto del Minotauro. Por un pasillo les sale la Undécima, por otro una Eurocopa, por un callejón la sonrisa de Pepe, por otro la hernia de Bale y por el más largo y amplio el Minotauro junto a Teseo-Cristiano, aliados en buenaventura.

Las risas desde el Bernabéu y Madeira se escuchan, como los ecos en un relato de Poe, en los hogares antimadridistas.

Las desoladas lágrimas de Cristiano en el minuto 24 tornaron en uno de sus más felices llantos al final del encuentro. No puedo evitar sentir ese título y ese sentimiento como mío, y sé que a muchos madridistas les ha pasado lo mismo. Ha sido un final de temporada glorioso.

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