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Crónicas·1 de febrero de 2020

1-0: El derbi de Zidane

Q

Quillo Barrios

El Real Madrid entró al partido como una tormenta casi perfecta. Arrolló al Atlético de Madrid y se instaló muy rápido en campo contrario. La canción sonaba de maravilla y las piezas se movían con velocidad dentro del tapete. Sin embargo, y sin saber muy bien cómo, cuándo ni por qué, el equipo se diluyó a partir del minuto diez. Tenía la pelota, sí, pero no el control y tampoco esa sensación de vértigo que sí había ofrecido en esos primeros compases. Los de Simeone, comandados por Morata y Vitolo, abrían la consulta del dentista y empezaban a inquietar. Por suerte, Sergio Ramos -inmenso toda la tarde- y la falta de apoyo desde segunda línea dejaron en nada el gran desempeño de ambos futbolistas. Correa, con un remate al palo, y Vitolo, que se topó con Courtois, gozaron de las ocasiones más claras.

La tormenta inicial había sido sustituida por nubarrones que nada tenían que ver con ella. Zidane lo vio y decidió actuar. Ganó el derbi en el descanso. Quitó a Kroos -se rumorea que arrastraba alguna molestia- e Isco para dar entrada a Lucas Vázquez y Vinicius. El doble cambio hizo que toda la partida cambiase. El dibujo de los cinco centrocampistas dio paso al 4-3-3 y, con él, Valverde centró su posición. Zidane ganó amplitud, intimidó al Atlético de Madrid y recuperó para la causa al Pajarito, algo apagado en los primeros cuarenta y cinco minutos haciendo de extremo. Quiso reaccionar Simeone quitando a Morata por Lemar, pero no logró su cometido.

El Real Madrid voló con los cambios y hasta Mendy se sumó al festival ofensivo. Entre él y Vinicius generaron un gol que acabó transformando Benzema. Mención aparte merece el brasileño, imparable en todo momento y con una facilidad insultante para generar oportunidades y ventajas. El 1-0, de hecho, nace de una pelota que recibe en parado, con tres rivales delante, y a la que da salida con un pase delicioso por dentro para Mendy. Fue un Vinicius extraño, algo más maduro, que no necesitó correr o encarar, sólo pararse y pensar. Zidane apostó por él antes de que el agobio se instalase en el Bernabéu y el joven futbolista le dio la razón.

Debió ampliar la ventaja el equipo blanco, cuyo cuarto de hora posterior al gol fue sublime, pero no lo consiguió. Valverde descosió por dentro al Atlético de Madrid en cuanto intuyó metros para correr y la banda izquierda se convirtió en una pasarela de virtudes y virtuosismo que hacía mucho no se veía. Fue como si le estuvieran poniendo la alfombra a Hazard para su inmediato regreso. "Siéntete cómodo, Eden, hemos dejado todo como estaba".

En la recta final, Simeone dio entrada a Carrasco para multiplicar las opciones ofensivas del Atlético de Madrid, pero este Real Madrid ya no es de cristal, ya no titubea. Ni siquiera tuvo que intervenir Courtois, que vivió una plácida segunda mitad. El líder, adulto y seguro de sí mismo, se miró al espejo y no encontró ninguna arruga. Tal fue así que en el descuento el balón durmió en campo colchonero y apenas voló sobre el área merengue. Tres puntos de oro y dos victorias, la del Madrid y la de Zidane -una más- sobre Simeone.

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