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Crónicas·1 de julio de 2016

1-1 (5-3): Cristiano y Pepe, en semifinales

J

Jorge Garcia Vela

¡Cristianos, arrepentidos los quiere Dios!

Nuestros madridistas portugueses han cristianizado al antimadridismo a través de la Eurocopa, porque están de lo más devotos rezando con auténtico sentimiento para que Portugal no avance, petición que no está siendo escuchada para su desgracia.

Especialmente intensos son los rezos, en irónica paradoja, contra el gran Cristiano del mundo futbolero, Ronaldo. Genuflexos los tiene ante las semifinales portuguesas.

Fue un partido intenso el jugado entre Portugal y Polonia, con una frenética y entretenida primera parte y una segunda donde ambos conjuntos contemporizaron, temerosos de cometer un error que las echara de la competición.

Dos minutos tardaron los polacos en adelantarse en el marcador, aprovechando el coladero que fue Cedric durante todo el partido en el lateral derecho. Un gol de Lewandowski que dejó grogui a Portugal, que al desbarajuste defensivo que la adorna habitualmente sumó un desconcierto generalizado que a punto estuvo de terminar “muy malamente”.

Pero el caso es que Portugal es pura anarquía ilógica, pura pasión impredecible, que cuando parece tener controlado un partido se pone a encajar ocasiones y goles, y cuando se siente al borde del K.O se levanta con la naturalidad de una erección matutina. En su aparente falta de competitividad se agarran a los partidos y acaban sacando el resultado buscado; en la aparente superioridad se ven impotentes para superar al rival… Cuando llevan el control les puede el ansia, cuando ceden el control parecen sobrevivir; cuando tienen que ir al ataque obligadamente acaban sacando réditos, cuando parecen asentarse titubean…

Y así fue. De la mano de un excelente Renato Sanches, que marcó el gol tras una magnífica jugada, y un Ronaldo que empezó a aparecer en ataque, Portugal recuperó las constantes vitales cuando menos se esperaba y terminó empatando un encuentro que se tornaba oscuro.

Acabó el partido mejor Portugal, que controló la segunda parte y parecía encarar la prórroga más entero que su rival, pero al final de la misma estaban pidiendo la hora…

Cristiano y Pepe.

Lideró, abroncó, colocó y se desgañitó con los suyos un desesperado Cristiano, que aunque tuvo en su botas en varias ocasiones la victoria y clasificación de su equipo, no estuvo afortunado. Tuvo su alivio en la tanda de penaltis, donde en esta ocasión decidió lanzar primero, imitando al Messi de la Copa América, aunque no en todo, y llevando la contraria al Cristiano de la Undécima, aunque tampoco en todo... Él marcó la senda para el resto de compañeros, que sin fallo se situaron en semifinales.

El que merece en esta ocasión todo el reconocimiento es Pepe. Un Pepe monumental. Pepe fue ayer como el juego del “Arkanoid”, apareciendo por la izquierda, el centro y la derecha, una exuberante omnipresencia que repelía todo ataque polaco y que salvó y sostuvo a su equipo en todo momento.

Su despliegue fue asombroso y tuvo en una jugada su máxima expresión: remató un córner, siguió la contra polaca tras su propio remate y recuperó el balón en su propia área ante Lewandowski…

Esta sobreexposición es posible que conlleve errores, lógicamente, ya que el defensa madridista a veces parece estar solo en la retaguardia, apagando fuegos en todo el frente defensivo. Una auténtico partidazo, como ya hizo frente a Croacia.

Hay algo que huele a predestinación en el camino de Pepe y Cristiano, que han pasado de Octavos a Cuartos como el Madrid ganó la Décima, en la prórroga, y de Cuartos a Semifinales como ganó la Undécima, en los penaltis…

Dicho todo esto, sólo puedo recomendar: sigan rezando, Cristianos míos, sigan rezando.

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