1-1: Frenazo en San Mamés
Ramón Álvarez de Mon
Siempre es complicado afrontar una jornada tras el dichoso parón de selecciones. Son dos semanas que le sacan a un equipo de su dinámica y, cuando hablamos de un proyecto nuevo, este hándicap se acrecienta. El Barcelona ganó con milagro en San Sebastián, antes el Atlético había pinchado en casa ante el Eibar y era de prever que le costaría al Madrid imponerse en Bilbao.
La primera parte confirmó los temores. Los vascos presionaban a campo abierto a todo gas y, aunque la salida del balón en campo propio era buena, el Madrid no encontraba continuidad cuando traspasaba la frontera que divide el campo. Se apreciaba imprecisión en algunos y falta de movilidad en otros. Aquello no terminaba de fluir, si bien el Madrid parecía controlar el juego. Esta constante se mantuvo hasta el gol local. El Madrid acusó el golpe y se fue con malas sensaciones al descanso.
La salida de Casemiro por Ceballos introdujo un elemento corrector que siempre es necesario en estos campos del norte. El Madrid pareció salir con mejores ideas y empezó a inquietar la portería real a través de peligrosos acercamientos. En uno de ellos, Kroos envió un balón con precisión quirúrgica a Bale, que lo supo poner a la perfección en la cabeza de Isco, quien, recién incorporado al campo, supo saborear la gloria del gol.
Poco después, Ramos envió un esférico teledirigido a Asensio, que controló con precisión, pero se encontró con el portero local. El partido había entrado en una fase de de ida y vuelta ocasionada por el desgaste de ambos contendientes, aunque ninguno logró acertar. El que escribe entendió mal la entrada de Lucas por Bale, pues parecía un contexto pintiparado para Mariano. El gallego, cuya temporada anterior fue muy meritoria, parece tener más sentido compartiendo presencia con un depredador de área.
No obstante, más allá de lo decepcionante del resultado, nos queda que la segunda parte dejó un buen rato de fútbol, otra gran actuación de Asensio y un Isco que supo cómo impactar en el partido.