1-3: La lengua de Gareth Bale
Quillo Barrios
Corría el minuto quince de la segunda parte. Isco levantó la cabeza y vio a Gareth Bale dispuesto a arrancar. El malagueño metió el pase en profundidad esperando que su compañero regresase a 2014. Y lo hizo. El Real Madrid vencía 1-2 y esa acción podía servir para sentenciar el encuentro. Bale destrozó a su par, alcanzó los 35 kilómetros por hora y batió con serenidad y brillantez a Rulli en el mano a mano posterior. Su cabalgada alivió al madridismo y a él mismo, que se fue a la banda y lo celebró, con Borja Mayoral subido sobre sus hombros, sacando la lengua. Se había quitado un peso enorme de encima. Sigue lejos de aquel Bale que deslumbró, pero al menos genera algún deja vu que suena esperanzador.
El gol de Bale fue el broche de oro a una gran hora del Real Madrid, la mejor de la temporada junto al Clásico del Camp Nou en la Supercopa. Vimos un equipo serio, solidario, capaz de desactivar a una formidable Real Sociedad a través de posesiones largas y paciencia. Crecieron Theo y Mayoral en un partido en el que no estaban Marcelo, Kroos, Kovacic, Cristiano Ronaldo y Benzema. El duelo Theo-Odriozola en banda ya es una de las grandes maravillas de la Liga 2017/2018. Ganaron los dos. El ex del Alavés recuperó su descaro y convirtió las dudas exhibidas en días anteriores en etiquetas de gran futbolista y mejor proyecto.
El marcador lo abrió Mayoral, que se movió con astucia dentro del área para rematar a la red un balón suelto. Lo hizo, dicho sea de paso, tras un penalti clamoroso sobre Sergio Ramos que el árbitro no quiso pitar. El instinto asesino del canterano nos llevó hasta un merecido 0-1, aunque la alegría duró poco, ya que, instantes después, Keylor no supo atrapar un remate de Kevin que supuso el 1-1. Parecía un golpe difícil de digerir, pero el Real Madrid lo convirtió en un aliciente para volver a reinventarse. Isco emergió y el equipo mandó de nuevo.
Justo antes del descanso, Mayoral, con ayuda de Kevin, finalizó un contragolpe iniciado por él mismo. Era el 1-2. El arriesgado plan de Zidane funcionaba en un escenario difícil como Anoeta ante un rival fuerte como la Real Sociedad. Se ha acostumbrado el Real Madrid a ganar cuando nadie lo espera. Qué bien sienta.
La segunda mitad duró hasta que Bale voló y firmó el 1-3. Se abrazó el Real Madrid con el tanto del '11' y respiró el madridismo, que tenía esta fechada señalada en rojo en el calendario. No se podía fallar y no se falló. El 1-3 trajo consigo un Madrid adulto, hecho, sin fisuras, mezclando posesiones largas con contragolpes incisivos y defendiendo bien, especialmente Varane, imperial en los minutos finales.
Lucas Vázquez sustituyó a Mayoral. Canterano por canterano. Proyecto. Sin quererlo o queriendo, pero ahí está. También gozó de minutos -pocos- Ceballos, que irá entrando en dinámica con el paso de las semanas. Lo peor de la noche fue la mala caída de Theo Hernández, que lo llevó directamente a vestuarios con molestias. La próxima cita es ante el Betis en el Santiago Bernabéu. Y sí, ya estará Cristiano Ronaldo. Por fin.