1-3: Tres puntos y una consagración
Quillo Barrios
Poco fútbol hubo en el Wanda, básicamente porque el Atlético de Madrid intentó que el césped fuera un campo de minas. Patadas, juego subterráneo, "intensidad" extrema. Lo que no esperaban los hombres de Simeone es que el Real Madrid estaba dispuesto a aceptar el reto. Vieron a Vinicius y Reguilón, con esa juventud que parece envuelta por una inocencia divina, y pensaron que se amedrentarían, que el melón se abriría por esa banda. Y no se equivocaron. Por desgracia para ellos, esa banda izquierda fue el principio del fin de los colchoneros. Vinicius desactivó al Atlético de Madrid y Reguilón no dejó pasar ni a los recogepelotas.
Casemiro abrió el marcador al cuarto de hora. Hasta cuatro jugadores, aterrados por un terror nocturno que les persigue desde la primavera de 2014, fueron a por Sergio Ramos, quien, pese a todo, pudo peinar el esférico para que Casemiro, lógicamente libre de marca, mandase el balón al fondo de la red. El tanto se marcó en el Wanda, pero se generó en Lisboa.
Poco después, una falta no pitada de Correa sobre Vinicius dio origen al 1-1. El árbitro lo anuló previamente por fuera de juego, pero el VAR corrigió esa decisión. Lo curioso, y alarmante, dicho sea de paso, es que el mismo VAR no sea capaz de indicarle al colegiado que la acción arranca con una infracción sobre el futbolista del Real Madrid, situación que dejaría sin validez todo lo demás.
El gol no intimidó a los de Solari. Tampoco supuso un golpe moral tras haberse puesto por delante en el marcador. Ni siquiera el carrusel de faltas -algunas de tarjeta naranja- sacaron del partido al campeón de Europa. Mucho menos a Vinicius, que se consagró desquiciando a Godín y Giménez con una primera parte soberbia. Este último, de hecho, cometió penalti sobre el atacante madridista en una jugada que se inició fuera del área y acabó dentro, con el colchonero enganchado todavía a Vinicius. No dudó el colegiado. Balón a los once metros. El desenlace ya lo conocen todos. Sergio Ramos y 1-2. Ahí acabó todo.
La segunda mitad del Real Madrid fue perfecta a todos los niveles. Sólo hubo dos sustos. Uno que acabó anulado -gol de Morata por fuera de juego- y otro en el que Courtois, que parecía inseguro, emergió como un gigante para evitar el empate. El resto, coser y cantar. Madurez extrema de un equipo que compitió más y mejor que su rival. Simeone pasó de plantear un partido en el que no pasase nada a sufrir un partido en el que realmente no ocurrió nada. Mérito absoluto de un Real Madrid adulto.
La tarde estaba tan de cara que hasta el cambio de Bale por Vinicius -permuta criticada por un servidor- le salió bien a Solari, ya que el galés aprovechó una fabulosa acción entre Modric y Benzema para sentenciar el encuentro. Poco después, ya con 1-3, entraron Ceballos y Mariano. Thomas Partey se fue expulsado y el Wanda se vació a falta de diez minutos para el final. No lo podemos entender.