2-0: Cristiano y el país de las últimas cosas
Jorge Garcia Vela
Un duelo entre dos titanes, entre dos selecciones, pero, sobre todo, entre dos madridistas, y, como todos sabemos, el madridismo es algo más grande que el propio fútbol. El madridista duelo de titanes entre Gareth Bale y Cristiano Ronaldo, entre la hernia galesa y el micrófono acuático portugués, se saldó con la victoria del segundo, una leyenda viva del madridismo.
Un Cristiano huérfano, sin su sostén defensivo Pepe, lesionado, se sobró para encaminar a su selección a la segunda final de su historia, de nuevo de su mano.
En estas páginas de La Galerna dejé escrito que el equipo que ganara el partido de Octavos entre Portugal y Croacia, tenía muchas opciones de plantarse en la final. Dicho y hecho. Soy un tipo de fiar. Y aquí también he ido haciendo un retrato, debo reconocer que con sumo gozo, de la histeria antimadridista conforme ese momento se acercaba. Y ese momento llegó.
El Apocalipsis, “El país de las últimas cosas” austeriano con sus clubs de suicidas incluidos, no son nada comparado con el tumulto que siente el antimadridismo en estos momentos. Sí, amigos, los que hayan seguido esta lista de crónicas sobre la Portugal de Cristiano saben de las evoluciones sonoras del antimadridismo, que del crepitar de dedos, castañetear de dientes y mascar de uñas, han pasado a una histérica letanía que maldice a la cristiandad y aplaude a los condenados… por hacienda o por la divinidad.
Y Cristiano ganó la eliminatoria, pero la realidad es que aquí no hubo perdedores, porque el señor Gareth Bale en esta Eurocopa era inmortal y la ha ganado cinco veces, en cada partido que ha jugado. Todo encuentro era terreno inexplorado para Gales, un hito para ese país y esa selección, una conquista inapelable e incontestable. Bale y Gales son los grandes ganadores de esta Eurocopa, donde solo el vencedor final estará a su altura.
Fue un partido vibrante y entretenido, con los dos equipos sueltos y jugando a lo que saben, neutralizándose por sus virtudes más que por el miedo, y donde poco a poco Portugal se fue imponiendo hasta facturar su encuentro más completo hasta la fecha. ¡Quién nos lo iba a decir!
Gales planteaba un problema al antimadridismo y a esos tótem que decían que Bale no sabía jugar al fútbol, tótems ciegos, por supuesto, que era el hecho de que en su modestia, caen bien a todo el mundo, por lo que es difícil atacarles.
Es por ello que preferían una victoria de Bale a una de Cristiano, el peor de sus demonios, la peor de sus pesadillas. La victoria de la Portugal de Ronaldo es de difícil digestión para ellos, y si finalmente terminase alzándose con la Copa provocaría colapsos y golpes de calor, más en un año donde Messi ha vuelto a fracasar con su lujosa selección en la discreta Copa América.
Sólo podemos desear la mejor de las suertes a nuestra leyenda portuguesa, en una temporada que puede ser histórica para él y para su país, porque el goce que nos está provocando este final de temporada, desde que el propio Cristiano marcara el gol de la victoria en el Nou Camp, está siendo glorioso.
Ganó Cristiano, que es el Rey, conservó su trono ante su súbdito, ante el que será su relevo, pero aún no le llegó el momento. Ganó el Rey y su fiel escudero le acompañará para entregarle un nuevo Balón de Oro, justo premio para estos caballeros de la Mesa Redonda.
Un Rey que parece eterno, un ganador insaciable que volvió a ser decisivo marcando el gol que abrió el camino de la final (Nani marcó el segundo aprovechando otro lanzamiento de Ronaldo), y un escudero que será Rey que demostró su categoría de jugador y su personalidad, llevando a toda su selección y a todo su país sobre sus hombros hasta el final del partido.