2-0: La victoria de la inercia
Quillo Barrios
No fue el partido más brillante del Real Madrid, pero sí se mostró serio, concentrado, intenso, dinámico en ataque -Diego López evitó una goleada- y constante. Zidane recuperó el 4-3-3 ante el carrusel de bajas. Apostó por Vinicius y Rodrygo junto a Benzema, que ya es el mejor incluso cuando firma un acta gris. Le sentó bien el choque a Vinicius. El brasileño fue el de la temporada pasada y añadió algo más de pausa -buena noticia- a su enérgico y eléctrico repertorio. Ya sabe pararse dentro del área y levantar la cabeza. Sólo le falta desatar el tarro de los goles y ser algo más constante.
El Espanyol plantó defensa de cinco y juntó mucho sus líneas, como si el temor fuera mayor que las ganas. Presionó arriba, aunque sin llegar a intimidar. Con todo y con eso, las carencias fueron evidentes en todo momento, ya que un Real Madrid correcto y con las mínimas revoluciones generó ocasiones suficientes como para golear. Únicamente un monumental Diego López evitó la sangría en el marcador.
Varane puso el 1-0 definiendo como Van Nistelrooy. Parecía que Benzema se trababa dentro del área, pero la acción acabó en una sutil asistencia que su compatriota convirtió en gol. Al descanso se llegó con la ventaja en el electrónico y la sensación de que sólo un fallo individual o una acción aislada podrían sacar al Real Madrid del encuentro y permitir al Espanyol igualar el mismo.
Por suerte, el equipo de Zidane lleva una inercia tan positiva que ni siquiera los contratiempos influyen demasiado en el guión. Benzema y Vinicius siguieron repartiéndose fallos ante Diego López, las acometidas del Espanyol eran algo más frecuentes, pero, como decíamos, ni el hecho de perdonar tantas veces el 2-0 ni la sensación de que el rival se iba acercando conseguían inquietar a un Real Madrid que se intuye maduro.
A mitad de la segunda parte, Zidane quitó a Kroos y dio entrada a Modric. Mantuvo el dibujo, aunque perdió control. Había algo más de vértigo, ayudado, además, por los espacios que empezaba a dejar un Espanyol obligado a intentarlo, pero faltaba esa pausa que otorgaba el alemán. La solución no fue táctica, sino individual, ya que Valverde decidió multiplicarse para paliar las carencias que dibuja el equipo sin Kroos. El uruguayo fue más box-to-box que nunca y hasta se permitió el lujo de asistir a Benzema en el 2-0 tras un fabuloso caracoleo dentro del área.
Brahim tuvo minutos y Mendy se marchó expulsado por doble amarilla -realmente absurda e innecesaria la segunda-, lo que obligará a Zidane a buscar una solución de emergencia en Mestalla -próximo fin de semana- si finalmente Marcelo no se recupera de sus problemas físicos.