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Crónicas·17 de enero de 2026

2-0: Trabajada victoria a domicilio

J

Jesús Bengoechea

La decisión de Álvaro Arbeloa, introduciendo a Arda Güler en el descanso, sirvió al Madrid para hacerse con tres puntos vitales en un ambiente irrespirable. Nunca en sus muchos años de vida madridista había visto este narrador al Bernabéu silbar continuamente (durante noventa minutos, no solo al principio o en fases) al que se supone que es su equipo. El Madrid logró una trabajada victoria a domicilio. Peor que a domicilio. Porque de tu gente, por muy mal que te vayan las cosas, no esperas esto.

Diez minutos después del inicio, lo único que había deparado el partido eran los silbidos de la afición, ante los que el equipo, en combinación con sus propias limitaciones de funcionamiento, se mostraba  completamente bloqueado. Maniatado por un ambiente insoportable, aunque también por sus conocidos barullos tácticos, los de Arbeloa dominaban de manera abrumadora sin crear la menor sensación de peligro. Lo más parecido a una ocasión corrió a cargo del Levante, que tuvo la opción de una falta al borde del área, por fortuna sin consecuencias para los de Arbeloa. Sin consecutivas deportivas, o si no que la pregunten al ojo derecho de Valverde, que recibió un brutal balonazo apostado en la barrera.

La decisión de Álvaro Arbeloa, introduciendo a Arda Güler en el descanso, sirvió al Madrid para hacerse con tres puntos vitales en un ambiente irrespirable

La falta de confianza de todos en sus propias capacidades se veía reflejada en Huijsen, que hasta despejó fuera de banda, sin sentido, un balón que en condiciones normales debería haber jugado con arreglo a sus buenas condiciones técnicas. Pero nadie tiene buenas condiciones técnicas en el momento exacto en que ha dejado de creer en ellas. Sí además apenas rozas la veintena y tienes a 80.000 de los que se suponen tuyos silbándote, la receta para el desastre está servida.

Lo mismo vale para Vini, abucheado por la que se supone su parroquia en actitud que tiene pinta de haber creado un cisma irreconducible. El Madrid mostraba dos variantes igualmente romas: balón a un Vinícius abucheado como si fuera Negreira o baldíos intentos de pared por el centro, con Mbappé y Gonzalo. La ocupación de los espacios entre los tres delanteros mencionados amenazaba ser el mismo galimatías de hace tanto tiempo, si bien el reparto parecía ser Vini por la izquierda, el madrileño por la derecha y Kylian por el centro.

Hacia la media hora, un balón largo de Tchouaméni encontró a Mbappé, que decidió jugársela según le venía en lugar de controlarla y ponerse solo delante del portero. Una nueva muestra de la galopante falta de confianza de todo el equipo, e insistimos: en parte propia, en parte propiciada por la actitud nunca vista de la afición.

El Madrid estaba totalmente atenazado. Martínez lanzó una falta fuera por poco y el público suspiró con algo parecido a lastima. Querían el descalabro del equipo, o eso parecía. Camavinga o Bellingham, sobre todo el francés, acompañaban con una sucesión de despropósitos en el pase. La enésima perdía de balón de Eduardo propició una nueva falta al borde del área de Courtois, afortunadamente también sin consecuencias.

Y así, sin más noticias de las estrictamente sociológicas, se acabó el primer tiempo. (Nueva) pitada monumental y rostros crispados en su camino al túnel.

Tras el descanso, entraron Güler y Mastantuono por Gonzalo (uno de los pocos aclamados por parte de la afición) y Camavinga. El turco resultaría crucial en la ligera mejoría del juego y la victoria final.

La segunda mitad se inauguró con otra mala entrega de un desquiciado Huijsen. El Levante no hacía gran cosa, pero Etta Eyong resultaba amenazante. Un centro de Güler fue rematado sin precisión por Bellingham, sin fuerza, sin convicción, como cuando dudas durante horas si mandar o no un WhatsApp a la chica que te gusta porque tienes en la cara un herpes que amenaza con afearte hasta el jueves santo. Tchouaméni tiró fuera en una jugada en la que se hizo cierto hueco en la frontal.

El juego seguía siendo pobre, aunque la entrada de Güler parecía haber brindado un poco más de intención. Ponía en juego el Madrid un poco más de sentido gracias a la participación del turco, y de hecho chutó con intención tras combinar con Mbappé. Ryan estuvo seguro.

Y fue Güler quien vio magistralmente el hueco para la incursión de Mbappé, que fue derribado dentro del área. Sensacional, fría, la transformación de la pena máxima. Como decía nuestro colaborador Luis Montero Manglano, el silbido del árbitro pitando penalti fue el único silbido útil del encuentro.  Sorprendentemente, el público celebró el gol, pero no se privó de abuchear a Huijsen en su sustitución. Actitud ideal para que el chico gane confianza en un momento aciago.

Güler demostró de nuevo ser la clave del partido al sacar, a los 64 minutos, un córner con la maestría que le es propia. Asencio se elevó a los cielos y conectó un cabezazo cargado de toda la ira colectiva de los madridistas que hoy no habrían pitado, o al menos jamás durante todo el partido. 2-0 y, extrañamente, nueva celebración por parte de los 80.000 espectadores levantinos.

El partido, con su cardíaco desarrollo, apuntaba no obstante a un final plácido con una importante victoria del Madrid a domicilio, con juego nada convincente de nuevo, pero victoria al fin y al cabo. El Levante parecía también más o menos resignado a dicha suerte, si bien Romero tuvo un buena ocasión, con un remate por encima del larguero. El que lo mandó directamente al larguero fue Mastantuono con un chutazo desde fuera, una de sus mejores acciones desde que aterrizó en la capital. Bellingham también la tuvo tras un gran pase de Valverde, pero Ryan estuvo espectacular.

Por su parte, Vini intentaba un gol que poder brindar a las miríadas de odiadores en la grada adversa, es decir, la propia. Hizo un slalom de fuera hacía dentro y chutó inocentemente. Parte de la grada se alegró de que Ryan la detuviera sin excesivo esfuerzo. Más tuvo que esmerarse al duro tiro de Bellingham, habilitado, de nuevo, por un estupendo Güler. También Ryan sacó bien un disparo escorado de Mbappé. Al final se había animado un poco la cosa, con rabona de Mbappé incluida. Vini seguía en sus trece, como suele cada vez que las aficiones de aquí y de allá le brindan el conocido acoso. Menos mal que siempre le quedará el Bernabéu.

Es broma. Ha perdido al Bernabéu también. Igual se marcha. Lo sentiremos. Los que le han pitado durante noventa minutos, los que más.

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