2-1: Baile de época
Mario De Las Heras
Al inicio de la final eurovisiva (Skopie, Macedonia, ten points) salía Casemiro como Kovacic. Todo el Madrid está contagiado. Todos pueden ser todos. Las medias subidas de Ramos le daban un nosequé de luto de pueblo. Pero, ¡ay!, la coletita. Una coletita de lucha libre que, comparada con la de Bale, es una coleta mínima. Una colita más bien. Lo veo dentro de unos años viviendo en una caravana como el fighter Mickey Rourke. Nunca en el fútbol español tuvimos algo parecido. El fútbol español ha sido más de pelo corto y de piel limpia y de calcetines bajados, incluso de flequillo de David Summers. Son los tiempos.
El pretoriano de Mourinho, Matic, ordena al United. Es Bale quien la busca pero falla en un balón alto que cae mientras nadie parece darse cuenta. Isco es un niño prodigio jugando entre mayores que pronto se va a hacer a las envergaduras. Siempre lo hace. Lukaku me recuerda a Viernes, el de Crusoe. No en vano Mourinho casi lo ha encontrado en una isla desierta. He visto un movimiento de Pogba, una pisada, un retrasar el balón con dos metros de estatura y perseguido por Casemiro y Modric tan estupendo como el corte de Varane. Un duelo de estilistas en la campiña francesa al amanecer.
Bale se mueve como en un cuadrilátero. Como en cien cuadriláteros. Benzema hace de pared en los cien, caleidoscópico. Vaya dos. E Isco que zapatea y Pogba que hace la salida del cisne. Carvajal inventa, como Luka, en la línea de fondo, y Casemiro dispara. Le gusta disparar. Bale está intentando lanzarse y rebaña mientras tanto. Benzema es un comunista. un redistribuidor de la riqueza del Madrid. Cómo se mueve. Cómo se mueven todos. la pelota vuela. Todos vuelan. El pase rasante es de Carvajal. Es el cielo de los galos cayéndose sobre las cabezas de los de Manchester antes de que Casemiro remate de palomero.
Es uno a cero y le veo el tutú y el gorro de arlequín a Karim. Lanza al aire la pelota y la recoge. Echa fuego por la boca. Resuenan sus cascabeles. Isco se siente, saca el balón para mirara con perspectiva. No necesita mucha. Reordena el equipo. Ataca el United pero parece darse una ralentización del ritmo. Una vulgarización del juego. Si se lanza el Madrid todo cambia. Modric la atrapa con el empeine y recorre treinta metros cayéndose, como herido, y finalmente habilita el disparo de Benzema. Resuenan los cascabeles.
En la segunda parte continúa el baile. Es un baile en el que Kroos lanza una botella y Marcelo espera agazapado en la yerba. Salta, roba. El marcador podría ir cuatro a cero. Casemiro lo corta todo. Es Benzema que salta, brinca y golpea el putt precioso para Isco que está en el hoyo. La pared es Bale y el gol es para el malagueño. Keylor está. El centrocampismo madridista es una ciencia y un arte. El baile es de época en pleno agosto. El larguero de Gareth nos despierta justo antes de que Lukaku encuentre oro. Pero no parece haber excesivo peligro. No lo siento.
Salen Asensio y Lucas por Bale e Isco. Comienzan las rotaciones mágicas. El espectáculo rotacional de Zizú que es algo así como contemplar las Perseidas. Y aún saldrá Cristiano por Karim. El Madrid controla en cierta precariedad física y mental. Están preparados. El driblin templado de Lucas Quinto levanta al mismísisimo Filipo de la tumba. No sabe qué es más grande, si el Madrid o Alejandro. Alguna escaramuza final, siete eurovisivos minutos de ampliación y el Madrid, otra vez, en el primer partido de la temporada que consigue la victoria, es el campeón de la Supercopa de Europa.
