2-1: La victoria más triste
Quillo Barrios
¿Ven eso? Es la sombra del campeón de Europa. En ella no se percibe la extraordinaria grandeza que guardan el escudo y el ADN del club más fuerte del mundo. El Real Madrid está deprimido, taciturno, sin rumbo. Inexplicable tras un fabuloso comienzo de temporada -más por juego que por resultados-. Ante el Viktoria Plzen se vio un equipo gris, excesivamente plano, del que ya no sabemos si es un quiero y no puedo o un no puedo y tampoco quiero.
Lopetegui apostó por una extraña fórmula en la que Lucas Vázquez aparecía como lateral derecho, aunque en ocasiones se jugaba con tres atrás y tanto el gallego como Marcelo asomaban más por zona ofensiva. Nacho jugó por Varane y Asensio se quedó en el banquillo. El dibujo no funcionó, pero ya no por el dibujo, que no es aconsejable probar en tiempos de crisis, sino porque el propio Real Madrid no se fía de sí mismo. Benzema abrió la lata aprovechando un medido centro de Lucas Vázquez. El francés firmó una muy buena media hora inicial, aunque luego se apagó arrastrado por el bajón generalizado.
el real madrid no se fía de sí mismo
Ni siquiera el 1-0 y la lluvia de llegadas animaba a un Bernabéu desangelado. El Viktoria Plzen, un rival tan entusiasta como limitado, vislumbró una pradera en nuestra banda derecha y decidió crecer desde ahí. La evidente falta de calidad y recursos evitó que dieran demasiados sustos, pero, con todo y con eso, Keylor Navas tuvo que intervenir con gran acierto en un par de ocasiones para evitar males mayores. El tico sostuvo a los suyos con serenidad.
En la reanudación, el escenario fue el mismo. El Real Madrid mandaba porque le sobran los motivos ante un contrincante tan inferior, pero la sensación era de insuficiencia, de aburrimiento. Fede Valverde entró por Isco y sólo ahí se encendió una pequeña chispa. El uruguayo irrumpió con fuerza -participó en el segundo gol pese a que la foto, con justicia, enseñará la dejada de Bale y la definición de Marcelo- y no bajó el tono en ningún momento. Se mostró convincente con balón y solidario sin él. De hecho, hizo varias coberturas salvadoras en los últimos minutos, justo cuando el Real Madrid se tambaleaba, más por sus dudas y la crisis galopante que por el empuje del Viktoria Plzen.
Vinicius no jugó, Marcelo se lesionó -por suerte no parece grave- y a Lopetegui le pudieron las prisas y metió a Mariano cuando no lo necesitaba en lugar de esperar la evolución del brasileño, que tuvo que ver los últimos minutos en el banquillo con una bolsa de hielo. Lo bueno, por sacar algo positivo, es que no hubo taquicardias pese a lo corto del resultado y que se lograron tres puntos que tienen su peso en oro tras la inesperada derrota en Moscú. Todo lo demás, preocupante. La victoria más triste. Ojalá el Clásico sea el punto de inflexión que tanto necesita el campeón de Europa...