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Crónicas·3 de abril de 2019

2-1: Parálisis permanente

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Ramón Álvarez de Mon

La mejor prueba de lo difícil que se va a hacer este final de temporada es que el Madrid, a pesar de acudir a Mestalla, apenas podía despertar nervios en una hinchada acostumbrada a que cada partido suponga un juicio final.

La primera parte vivió un claro punto de inflexión con el gol de Guedes. Antes de ese fatídico minuto 34 el partido se había desarrollado sin excesivas hostilidades, pero con un claro control inocuo del Real Madrid. El balón circulaba entre las botas madridistas con cierta comodidad cuando el riesgo era mínimo. Si la jugada se aceleraba llegaban las imprecisiones ante la cerrada defensa che.

El Valencia apenas amenazaba. No controlaba el balón, pero tampoco parecía importarle demasiado al no sentirse amenazado.

El gol de Guedes llegó tras un error de Keylor al no blocar un balón sencillo. El rechace llegó un poco más allá de la frontal. Una pared rápida de Soler dejó a Guedes sólo para disparar desde el borde del área. La pasividad defensiva permitió al luso un chut pegado al palo contra el que nada pudo hacer Navas.

Tras el gol local, los ches se vinieron arriba y comenzaron a llegar acercamientos ante el desconcierto madridista. Pudo llegar el segundo gol, pero la suerte fue magnánima con el Madrid.

La segunda parte al menos mostró otras intenciones más ambiciosas. La contraindicación eran las rápidas y peligrosas contras valencianistas. Bien pudo marcar el segundo Soler, pero Keylor estuvo muy acertado en el mano a mano. Más tarde tendría Rodrigo también su oportunidad y poco después Soler tras una claro contragolpe.

En el otro lado del campo el Madrid seguía tocando aunque tratando de verticalizar algo más. La entrada de Bale e Isco le dio más mordiente al equipo pero las ocasiones claras no llegaban y la impotencia se imponía. El Madrid sólo encontraba profundidad con sus laterales, pero éstos apenas encontraban atacantes que llenasen el área.

El partido acabó con el cabezazo de Garay en pugna con Casemiro. Si un gol ya parecía un alto muro que escalar, el segundo supuso toda una muralla para un equipo, que por otra parte, apenas dio motivos para guardar el bisturí este verano. El gol postrero de Benzema ya no cambió nada, aunque permitió seguir engordando las cifras del mejor jugador madridista esta temporada.

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