2-1: Querer es poder
Quillo Barrios
Cuando el árbitro pitó el descanso, el hastío en el Bernabéu era mayúsculo. Se había asistido a una de las peores primeras partes de los últimos años. No sólo se perdía contra un buen Eibar, sino que se hacía con estrépito e indolencia. El Real Madrid naufragó por todos lados, especialmente en defensa. Sólo Benzema -siempre presente-, Valverde y Odriozola parecían mantenerse de pie. La sensación era de tragedia. Sin embargo, Zidane agitó la mentalidad de los suyos en el descanso y todo cambió tras la reanudación. También cambió de banda a Asensio y Bale -el balear se fue a la derecha-, algo que ayudó a la resurrección blanca.
Los 50.000 valientes que se dieron cita en el Bernabéu pasaron del silbido y la rabia a una especie de comunión con el equipo concentrada en cuarenta y cinco minutos. A la gente siempre la tendrás en el bolsillo si muestras un mínimo de actitud e intensidad. Si a eso le sumas algo de continuidad en el juego y buenas acciones individuales, los pitos serán aplausos y la cuesta ya no estará tan empinada.
Se apoyó el Real Madrid en un notable Benzema, que mejoró en la reanudación sus ya de por sí decentes registros de la primera mitad. Entró más en juego, encaró con mayor asiduidad y se vio beneficiado por la permuta que hizo Zidane con Asensio y Bale. Karim marcó dos, le anularon otros dos, falló una de manera inexplicable y mandó otra al palo. Estuvo en todas las acciones peligrosas de su equipo. Celebró con rabia, como en Valladolid, porque sabe que la temporada sigue su curso pese a que está ya cerrada desde hace semanas. Karim se siente líder este año y lo demuestra sobre el césped.
La remontada demostró que querer es poder, que lo de la primera parte era inaceptable, que un tibio Real Madrid puede derrotar al Eibar si muestra ganas, actitud y calidad individual, esa que sólo sale si el futbolista en cuestión quiere que salga. A un servidor le parece que presentarse a un partido en el minuto cuarenta y seis es hacerlo demasiado tarde, y más luciendo esta camiseta, pero, al menos, fue tarde y no nunca.
Kroos y Lucas Vázquez sustituyeron a Modric y Bale, respectivamente, y mostraron buen tono. El alemán asistió a Benzema en el 2-1 y el gallego quiso regalarle el hat-trick a Karim, pero el francés no abrió el regalo. Todo es más fácil en un contexto favorable. Lástima que Bale, el que más desentonó en la parcela ofensiva, no supiera aprovecharse de un planteamiento, el del Eibar, que le invitaba a reivindicarse.
Tres puntos más y un partido menos para que acabe esta difícil y dolorosa temporada.
