2-2: Hemorragia
Quillo Barrios
La noche pintaba bien, con el equipo presionando arriba, siendo intenso, jugando rápido en los últimos metros y ofreciendo cierta seguridad defensiva. Bale, además, se mostraba activo, incisivo y muy inteligente en sus movimientos. El galés ofreció un amplio abanico de desmarques que facilitó la vida a Isco y compañía. Con él en el campo, el Real Madrid parecía otro. Marcó dos goles y generó peligro cada vez que pisó el área. Sin embargo, los errores defensivos -Marcelo y Achraf estuvieron horribles- y una imperdonable segunda mitad acabaron por castigar al equipo de un Zinedine Zidane que tiene bastantes más problemas de los que anuncia, sonrisa mediante, en sala de prensa.
los errores defensivos y una imperdonable segunda mitad castigaron al madrid
No vamos a debatir sobre si hay que fichar un portero, un delantero o algo más. Hoy, de hecho, el que posiblemente evitó la derrota fue Keylor Navas al detener un penalti cometido por él mismo.
El foco debe ponerse en los errores, cada vez más gruesos y repetidos, de un Real Madrid que todavía no ha localizado la hemorragia que arrastra desde hace meses. En Vigo, Varane y Nacho tuvieron que multiplicarse ante la evidente fractura que se intuía en ambos costados. Casemiro, pese a su versión más gris, también se vio obligado a ocupar más terreno del habitual en una última media hora inexplicable. Cuando varios jugadores hacen su trabajo y el de algunos compañeros es porque algo no va bien. Quitar a Isco y Bale -los mejores en ataque- no ayudó a evitar la caída.
Ni siquiera Cristiano Ronaldo, fallón e intermitente, asomó la cabeza para detener la sangría de puntos -ya 16- que nos separa del Barcelona. Era, como digo, una noche que pintaba bien y que acabó mal. Lo peor de todo es que, a falta de unos veinte minutos, ya se sabía que acabaría mal. Porque este Real Madrid es transparente, reconocible para mal. Cuando empieza a caer sabes que llegará a tocar el suelo.
La Liga ya está perdida. Otra más. Dirán que es momento de pensar en el PSG, pero quizá antes que pensar en los de Emery habrá que frenar la hemorragia para así poder llegar a ese salvavidas europeos con ciertas garantías. Hoy por hoy, el Real Madrid necesita más autocrítica y soluciones que paciencia. Tiempo hay -cada vez menos- y Bale ha dado un paso para encender una pequeña esperanza. Falta que muchos de sus compañeros y su entrenador lo acompañen.