2-2: La alargada sombra de Cristiano
Quillo Barrios
En noches como la de hoy, uno se da cuenta del incalculable valor de Cristiano Ronaldo y, por qué no decirlo, de lo tremendamente injusto que, en ocasiones, se ha sido con él. Han disminuido, pero los pitos recibidos por el portugués en noches aciagas o tras goles fallados resuenan hoy en mi cabeza como si fueran puñaladas llovidas desde cientos de sitios. Cristiano Ronaldo es el Real Madrid y ante el Valencia se ha podido comprobar. No es ventajismo, ya que algunos veníamos avisando de lo peligroso que era plantarse en una temporada tan exigente sin un delantero suplente de garantías -Mayoral está por ver-. Con Cristiano sancionado, todo quedaba en manos de Bale -desaparecido- y Benzema -sin gol-, amén de Asensio, la mayor irrupción que ha vivido el fútbol mundial en muchos años.
Ante el Valencia, el Real Madrid ha empatado gracias a ese chaval dotado con un don, y no ha ganado porque arriba se juntaron dos futbolistas que, entre pasividad y fallos inexplicables, han perdonado a un Valencia que exhibió tanta competitividad como facilidades atrás. Es casi imperdonable que al campeón de Europa se le escape una victoria que, en ocasiones, le sirvieron en bandeja de plata. Si Fernández Borbalán hubiera pitado el claro penalti de Parejo a Benzema, quizá el escenario sería otro, pero en noches así no conviene mirar al árbitro y sí a la alargada sombra de un Cristiano Ronaldo que, sin jugar, vale todavía más que jugando.
"Sólo marca goles", dicen sobre el portugués aquellos que quieren quitarle méritos con argumentos tibios. Sólo goles, como si el fútbol no fuera eso. Como si los campeonatos no se ganasen enviando el balón a la red. Como si lo ocurrido ante Atlético de Madrid, Bayern Munich y Juventus hace meses no fuera algo histórico en la competición más importante. Sólo goles. Y hoy, totalmente desesperados, es lo que más hemos echado en falta. Los goles. A Cristiano Ronaldo. Con uno suyo hubiera bastado.
Menos mal que un empate, aunque sea en casa, puede llegar a tener una lectura positiva, y esa no es otra que la de Marco Asensio. Resulta impactante la manera en la que se ha echado el equipo a la espalda pese a su corta edad y no ser, ni mucho menos, un intocable para Zidane. Batió a Neto cuando todavía nos desperezábamos tras robar en tres cuartos. Él se lo guisó y él se lo comió. Benzema, que falló cuatro goles hechos, le abrió el camino al balear con un buen movimiento con el que arrastró a la defensa ché. Asensio lo agradeció con esa zurda que es de platino.
El Valencia, evidentemente mejorado de la mano de Marcelino, reaccionó hasta dar la vuelta al partido. Concedió demasiado atrás, pero mostró actitud -nada nuevo cuando se trata de jugar contra el Real Madrid-, tuvo un buen trato con el balón y fue agresivo en la presión. Carlos Soler brilló con luz propia y Zaza se batió en duelo toda la noche con Casemiro como si de Mayweather y McGregor se tratase. No ganó ninguno, aunque Casemiro cumplió pese a explorar territorio desconocido.
Con el 1-2 y el tiempo corriendo más rápido de lo normal, al Real Madrid le tocó apelar a la épica sin Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos, dos pilares cuando el noventa asoma. El choque agonizaba, pero Kovacic, que sustituyó a un mareado Isco, cayó en la frontal y Asensio aprovechó para exhibir galones y poner el 2-2. El Bernabéu se entregó de nuevo al mayor talento joven del fútbol mundial. Había tiempo para culminar la remontada, pero el gol se resistió, el Valencia se salvó y esta vez no hubo un cabezazo de Sergio Ramos al filo del noventa y tres. Faltó 'su' gol y el que siempre aparece -que nunca aparecía- en una noche en el que sobraron ocasiones.