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Crónicas·26 de noviembre de 2019

2-2: Tormenta (casi) perfecta

Q

Quillo Barrios

Seguramente el empate cosechado ante el PSG haya dejado un sabor agridulce en la parroquia merengue. Sin embargo, me voy a permitir el lujo de invitaros a ver el vaso medio lleno. No se ganó y la primera plaza es ya misión imposible, pero el Real Madrid dio motivos para la esperanza, prolongó su gran estado de forma y firmó un partido de un nivel extraordinario. El PSG fue, en muchos momentos, un equipo descosido y totalmente superado. Únicamente Sergio Ramos desentonó. El camero estuvo fallón un día más, pero la confianza en él debería seguir intacta.

Hazard y Benzema mostraron el guión desde el principio. La historia de amor más bonita y sincera del fútbol mundial se mantiene firme con el paso de los días. Se buscan y se entienden. Los buscan y lo entienden. El 1-0, de hecho, nació en las botas de Eden y fue a la red tras rematar Karim. El belga cambió el ritmo de la jugada, Valverde y Carvajal entraron hasta la cocina y Benzema anotó a placer aprovechando el envío de Isco al palo.

En ese momento el Real Madrid ya era un ciclón. El 0-0 era una anécdota y el 1-0 parecía incluso injusto visto lo visto en el terreno de juego. Mbappé apenas inquietaba y sus compañeros se veían incapaces de frenar el vendaval. La brecha en el marcador no se abría por culpa de un inmenso Keylor Navas que brilló con luz propia. El tico protagonizó intervenciones de todos los colores para evitar que la goleada se instalase en el escenario. Justo antes del descanso, el VAR corrigió al árbitro y dejó sin castigo un penalti de Courtois sobre Icardi que, además, habría supuesto la expulsión del cancerbero merengue. Una falta previa sobre Marcelo invalidó lo sucedido. Un funcionamiento idéntico al que vemos en España.

La segunda mitad tuvo el mismo guión que la primera. Isco mantuvo el buen tono -gran noticia para un Zidane que hoy tendrá argumentos para defender su apuesta por el malagueño- y Kroos dio continuidad a la exhibición blanca. Hazard y Benzema seguían abrazados en la frontal del área mientras el resto miraba con envidia. Lo peor era el 1-0... y lo que estaba por venir.

En medio de la nada, Meunier cazó a Hazard. El tobillo del ex del Chelsea se dobló y nos dolió a todos. Intentó volver, pero no pudo apoyar. El Bernabéu se quedó en un silencio que sólo interrumpió para despedir con una cerrada ovación al talentoso futbolistas. Entró Bale, que sigue coleccionando silbidos, aunque, por suerte, este martes recibió bastante menos que ante la Real Sociedad. Europa siempre cicatriza.

Modric y Rodrygo completaron las sustituciones blancas. Con la tormenta totalmente desatada, Benzema puso el 2-0 a centro de Marcelo. El choque parecía cerrado, pero Sergio Ramos y Varane desconectaron en el peor momento y pusieron en bandeja dos goles al PSG en un abrir y cerrar de ojos. El empate, como decíamos al principio, deja un sabor agridulce, aunque lo cierto es que el Real Madrid ha presentado sus credenciales ante un rival que, este año sí, tiene mimbres y plantilla -por fin más equipo que jugadores- para hacer algo grande. Hay motivos para ilusionarse.

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