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Crónicas·24 de noviembre de 2018

3-0: Estamos en la B

Q

Quillo Barrios

En el descanso, con 1-0 en contra, tenía claro que lo del Real Madrid en Ipurúa no era problema de actitud. De hecho, me parecía más preocupante la sensación de falta de fútbol y trabajo táctico. En la segunda mitad, mi reflexión se vio modificada por los mismos que sí habían corrido -mal, pero al menos corrieron- en la primera. A la falta de fútbol y pizarra se le sumó una apatía flagrante de la que sólo escaparon Ceballos -generosísimo en el esfuerzo los noventa minutos- y Courtois -evitó una goleada escandalosa-.

No hay, a estas horas, un solo madridista, por muy optimista que sea, que rescate dos o tres motivos para creer que la temporada acabará bien. Ni siquiera el mercado invernal, donde urge reforzarse, aparece como solución viable. Se hicieron mal las cosas desde los despachos en verano -ya se habían hecho mal el verano anterior pese a la posterior consecución de la decimotercera- y se están haciendo todavía peor a pie de césped. Lopetegui, cuya idea parecía óptima, tiró por la borda el buen trabajo inicial en un abrir y cerrar de ojos. Solari, de buen verbo y presencia elegante, no ha ido más allá de retoques lógicos. El argentino no se ha atrevido a agitar algo ahí dentro. Tampoco a trabajar futbolística y tácticamente al equipo. Ante el Eibar, por ejemplo, no se notó la mano del entrenador, siendo el Eibar un conjunto que siempre juega igual, sea quien sea el rival, con presión en todo campo y ataques rápidos, pero también con una defensa adelantada que permite correr -con jugadores tan técnicos como los del Madrid resulta imperdonable no haber aprovechado esa circunstancia- y unos desajustes lógicos propios del brutal desgaste que realizan los hombres de Mendilibar con y sin balón. El campeón de Euopa moría en las bandas, con Asensio centrando a nadie y los laterales engullidos por el escenario. Sólo un par de veces se dejó ver el Madrid por el centro. En ambas se creó peligro. ¿Por qué no se repitió en más ocasiones? A saber...

ante el eibar no se notó la mano del entrenador

Lejos de la zona noble y de los entrenadores, aunque con mayor culpa, están los jugadores, muchos de los cuales leyeron tantas veces lo de "cuatro de cinco" que han llegado a pensar que la historia acabó en Kiev. No lo hizo. Igual que no lo hizo tras la Quinta, ni tras la Sexta, ni tras la Novena. Lo malo de ser el mejor club de la historia es que el pasado siempre te persigue y sólo ganando puedes esquivarlo.

Del partido en sí, poco que contar. Courtois fue el mejor en un encuentro que se perdió estrepitosamente. El 1-0 vino tras un córner sacado en corto -odio eterno al fútbol moderno o algo así-, el 2-0 después de un grosero error de Odriozola y el 3-0 con Sergio Ramos y Varane durmiéndose ante sus respectivos rivales. Los tres goles resumen perfectamente lo que es el Real Madrid 2018/2019, una preocupante suma de errores individuales, fallos de concentración y malas lecturas futbolísticas que están condenando a un equipo obligado a hacer muchísimo más.

Próxima parada, Roma. Sonará el himno de la Champions League y puede que eso cambie el chip a más de uno. Lo peor es que después de Roma volverá a amanecer. Esperemos que al Real Madrid no lo pille dormido...

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