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Crónicas·26 de septiembre de 2018

3-0: Noche para (no) olvidar

Q

Quillo Barrios

Perdió el Barcelona en Leganés y los madridistas ya nos imaginábamos en lo más alto de la clasificación mirando al derbi con otros ojos. Pero no. Ni aprovechamos el regalo culé ni hicimos méritos para hacerlo. Todo lo contrario. El peor partido de la 'Era Lopetegui' -y el más triste en muchos meses- llegó en el peor momento, justo cuando el Real Madrid podía y debía dar un puñetazo encima de la mesa y decirle al resto que este año sí se apuesta seriamente por la Liga.

El encuentro tuvo poca historia. Sin Isco -estará un mes de baja-, Lopetegui apostó por Casemiro, Kroos y Modric justo por detrás de la BBA. En defensa, Odriozola se quedó fuera por unas molestias, situación que obligó al entrenador blanco a poner a Nacho. Courtois repitió en la portería. El once sonaba bien, convincente, atractivo, pero fue un desastre. Sólo el propio Coutois y Bale se salvaron del bochorno generalizado. Y eso que el guardameta encajó tres y el galés falló otros tantos.

No se jugó a nada, aunque lo que más duele es la indolencia, esa alarmante falta de actitud en casi todos los jugadores. Especialmente mal estuvo Marcelo, al que se le vio perdido, con un ritmo pesado y con errores impropios en él. Sergio Ramos y Varane tampoco mejoraron al brasileño. El nivel individual y colectivo invitaba al desastre. Y así fue. En un abrir y cerrar de ojos, el Sevilla, sin hacer nada del otro mundo, se encontró con un 3-0.

Lopetegui no aprovechó el descanso para hacer cambios. En la reanudación salieron, sorprendentemente, los mismos once que naufragaron en los primeros cuarenta y cinco minutos. Sólo Bale inquietó a un Sevilla excesivamente cómodo sobre el terreno de juego. Courtois salvó una sangría mayor y Marcelo se lesionó cuando ya se habían agotado los cambios -entraron Mariano, Lucas Vázquez y Ceballos-.

Pésimo partido y derrota merecida. Noche para (no) olvidar. El Real Madrid tiene que mirar hacia delante, pero también mirarse al espejo y decirse a sí mismo que lo ocurrido en el Sánchez Pizjuán no puede volver a suceder. De nada, FC Barcelona.

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