REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Crónicas·2 de noviembre de 2016

3-3: Delirio en Varsovia

Q

Quillo Barrios

Sonó el himno de la Champions League con más fuerza que nunca al verse rodeado de un imponente silencio. El Real Madrid se vio jugando un encuentro importante sin público en las gradas, con un ambiente realmente gélido, incómodo. Acostumbrado a ambientes encendidos y/o hostiles, el equipo de Zidane estaba obligado a adaptarse a un escenario inexplicable, nada pasional.

Gareth Bale decidió que la mejor forma de entrar a un partido así era con un gol a la altura de la competición. Era una de esas acciones iniciales -ni un minuto llevábamos- que parecen no conducir a ninguna parte más allá del lógico tanteo. Sin embargo, el galés apareció, armó la pierna izquierda y mandó a la escuadra una volea que ya está en el museo de grandes goles del monumental futbolista merengue.

El 0-1 permitió al Real Madrid jugar con tranquilidad, consciente de que era superior y, además, tenía el marcador a favor. El silencio que envolvía el partido anestesió la reacción de un Legia sobrado de ganas, pero sin ideas. Tardó poco Toni Kroos en hacerse con el control de la situación y mover al equipo a su antojo. Arriba, el experimento de Zidane -Bale, Benzema, Cristiano y Morata- parecía funcionar gracias al dinamismo y la verticalidad que mostraban los jugadores con sus acciones.

El guión invitaba a pensar en el 0-2. Y así fue. Benzema, a pase de un omnipresente Bale, puso tierra de por medio. Lo celebró el Real Madrid con cierta tibieza, consciente de que el rival y el entorno no invitaban a grandes alegrías. Olía a goleada, pero los hombres de Zidane se durmieron poco a poco y el Legia lo aprovechó para rebelarse. Subió las líneas, lanzó varios puñetazos y se presentó al partido. Y no, no lo hizo demasiado tarde. Dos siestas en defensa dejaron al Real Madrid con las carencias al aire y un 2-2 incomprensible -Odjidja acortó distancias y Radovic igualó-.

Zidane reaccionó rápido al inesperado golpe. Quitó a Benzema y metió en su lugar a Lucas Vázquez. Buscó en el gallego a ese agitador capaz de despertar al equipo antes de que fuera demasiado tarde. Entró haciendo ruido y lo agradecieron sus compañeros. Se enchufó el Real Madrid con la misma facilidad con la que se había desenchufado minutos antes. Cristiano Ronaldo rozó el gol en un par de ocasiones y el Legia empezó a pensar que, quizá, el empate había llegado demasiado pronto.

En medio del arreón, Cristiano fue objeto de penalti, pero el árbitro miró hacia otro lado como si ello restase importancia a la acción. El portugués se quedó protestando y golpeó con indignación el césped. La rutina de no pitar lo que parece claro empieza a perseguir al Real Madrid con asiduidad. Que el equipo desapareciera hasta firmar un pobre rendimiento no quita para que un colegiado deba hacer su trabajo.

A falta de cuarto de hora, Zidane decidió hacer un cambio con el que no contaba nadie. Quitó a Coentrao y dio entrada a Marco Asensio. El dibujo inicial se descompuso por completo y el Real Madrid se dedicó a atacar sin ningún orden, con más fe que lógica. El encuentro entró en un delirio del que ambos equipos sacaron provecho. Moulin firmó el 3-2 y Kovacic, dos minutos después, encontró un regalo de Carvajal para devolver el empate al marcador. El 3-3 era tan inexplicable como la desconexión blanca en un partido que tenía controlado desde el primer segundo.

El extraño partido murió en el área del Legia, con el equipo de Zidane golpeando, pero sin derribar. El empate aleja la primera plaza del grupo y acerca las dudas que parecían haberse marchado en las últimas semanas. Lo malo de jugárselo a cara o cruz es que, pese al palmarés y la historia, muchas veces sale cruz.

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90