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Crónicas·9 de julio de 2025

4-0: Colapso en Nueva Jersey

G

Genaro Desailly

Queríamos este Mundial, pero las posibilidades de llegar a su final murieron en los primeros compases de un partido radicalmente definido por sendos estropicios indignos de los dos centrales del equipo.

A los cuatro minutos, Courtois ya se había visto obligado a protagonizar dos milagros a pies de Fabián, y aunque el Madrid se echó adelante con un contragolpe mal resuelto no tardó en marcar el PSG. El error de Asencio fue grosero, no alcanzando a despejar un balón fácil ante Dembélé. Si bien Thibaut pudo salvar en primera instancia ante el francés, el rechace lo envió a la red el propio Fabián. Poco se puede decir contra el planteamiento del equipo (tampoco a favor, claro) cuando un error individual tan ridículo te penaliza de esa manera.

Con todo, la magnitud del fallo del canterano palidecería ante el que se venía. De la nada, sin apenas presión, en un balón franco, a Rüdiger se le escapaba la pelota absurdamente en la salida. Fue como si se le escurriera entre las piernas en un ejercicio de flojera suprema. Dembélé se plantó solo ante Courtois y no perdonó. 0-2 en menos de 10 minutos.

Los análisis se quedan romos ante el peso devastador de cagadas personales de esta índole. El Madrid quedó moral y psicológicamente noqueado bajo la solana yanqui, achicharrado de piel y expectativas. Vini se internó con peligro tras un pase largo, pero la jugada se resolvió con una amalgama de pifia y quite imperioso de Neves. Mbappé se internó en un buen esfuerzo individual tras robar en campo propio, pero se obstinó en tirar en lugar de buscar a un desmarcado Gonzalo.

¿Se puede sentenciar un partido en el minuto 24? Ante un equipo roto, y si tienes calidad, puedes. El PSG la tiene en cantidades industriales. Combinaron Dembélé, Hakimi y Fabián en un contragolpe modélico. Ante la incredulidad de los cientos de miles de apasionados madridistas de allende los mares, el de Los Palacios volvió a marcar.

A partir de ahí, ¿qué hacer? ¿Mantener el sistema, condenados a aguantar la amenaza de sus contragolpes? ¿Retocarlo de manera conservadora, para evitar una sangría todavía mayor? Durísima disyuntiva para todo un Real Madrid. Xabi no reaccionó, y junto al argumento lacerante del resultado se vivió una posesión abrumadora del PSG y un espectacular, monstruoso silencio en las gradas. Es difícil decir si la formación inicial estaba destinada a fracasar (o no) sin los errores individuales del comienzo, pero no hay argumentos para defender que era un acierto. Al borde del descanso, Courtois debió emplearse de nuevo ante Neves, y también para despejar un centro chut envenenado de Dembélé. La goleada pudo ser de escándalo.

Durante el descanso, nos preguntábamos si Xabi trataría de buscar algo bueno en medio del desastre y plantear un partido nuevo de 45 minutos, tratando al menos de ganar ese miniencuentro, pero el técnico vasco no introdujo ningún cambio y las sensaciones seguían siendo nefastas. Mbappé tiró a las nubes y le hizo gracia. No debió hacérsela. No estaba en condiciones el madridismo de aceptar ese tipo de detalles. Si estás haciendo el ridículo, deberías al menos cuidarlos.

Luis Enrique se sentía tan seguro que hasta se permitía reservar para la final. Quitó a Dembélé y al georgiano e introdujo a Barcala y Gonçalo Ramos. Xabi, entretanto, decidía dar a Modric la posibilidad de despedirse con sus últimos minutos con la camiseta del Madrid. Una tragedia sentida dentro de una farsa triste.

Que se acabe ya, implorábamos. Pero faltaba media hora aún.

Entraron Modric, Militao (que volvía tras su larga lesión) y Brahim por Vini, Bellingham y Asencio. El Madrid se vino un poco arriba, acaso animados ante la perspectiva de darle un último buen rato al ídolo croata. También retornó Carvajal después de su larga ausencia. El PSG bajó el pistón y el Madrid se vino algo arriba, pero fueron fuegos de artificio, laxitudes de un trámite aciagamente concluido en lo esencial. Xabi introdujo a Lucas Vázquez para que tuviera también su despedida, tan merecida como más triste aún de lo esperado: Gonçalo Ramos se revolvía en el área tras una buena maniobra de Barcola y anotaba un 0-4 que escuece como una herida al sol de Nueva Jersey.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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