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Crónicas·18 de diciembre de 2016

4-2: Emperador Cristiano

Q

Quillo Barrios

No sabe el Real Madrid ganar por la vía rápida, imponiendo la lógica. Le gusta llevar los partidos a un terreno casi épico, con la angustia por bandera y un camino irregular que invita a abrazar el nerviosismo cuando el escenario invitaba a lo contrario. Cuando el árbitro pita el final, el que alza los brazos viste de blanco. No busquéis la explicación. No la hay. Forma parte de la historia. Se ha escrito así desde hace más de un siglo. El rival se va con la cabeza alta y el Real Madrid lo hace con la copa en la mano. No concibe el club blanco otra forma de subsistir. El innegociable estilo es ganar.

2016 ya está en el museo merengue como un año para recordar. Lo empezamos con muchas críticas, muchas dudas expuestas por parte de la prensa y una permanente inestabilidad -o eso decían-. Lo terminamos con todo eso, pero con una Champions League, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes. No está mal. Seguramente al Real Madrid le gustaría jugar más y caer mejor, pero, de momento, se conforma con ganar, que es el fondo y las formas.

Ante el Kashima, el equipo de Zidane fue tibio, irregular y no transmitió seguridad. Un brillante Benzema sostuvo a los suyos hasta que Cristiano tiró la puerta abajo y decidió solventar el asunto por la vía rápida. El portugués es el fiel reflejo del Real Madrid. Criticado, infravalorado, insultado. Pero arrasa. Lo ha hecho una vez más. Estaba jugando mal la final, pero Zidane no lo quitó porque sabe lo que puede dar. Y lo dio. Tres latigazos, tres goles. Se ha adaptado a su nuevo rol con la insultante facilidad que se le intuye a un jugador de su categoría. Ya sabemos de su valor, aunque no nos daremos cuenta de su trascendencia hasta que deje de vestir la blanca.

Fue, como digo, un partido extraño, con un Kashima crecido y un Real Madrid despistado, disperso. Luka Modric y Lucas Vázquez se unieron a Benzema en el intento de rescate, aunque no fue del todo suficiente hasta que no apareció Cristiano. Sin embargo, el 'Hat Trick' del portugués no debe esconder el monumental papel de los tres en la gran final. Atrás se falló y a Keylor Navas se le vieron grietas que hace meses ni preveías. Incluso Sergio Ramos, enfocado por la historia y el cronómetro, quedó a medio milímetro de irse expulsado por doble amarilla.

Lo que sí ha vuelto a quedar claro en este Mundial de Clubes es que no puedes dormirte ante nadie. El Real Madrid lo hizo y el Kashima estuvo a punto de aprovecharlo. Por suerte, y volviendo al primer párrafo, este equipo sabe que ganar es el verbo y la meta, sea como sea el camino y las circunstancias. Lo sabe el equipo y lo sabe Cristiano, que fue emperador en plena tormenta. Ahora toca descansar, saborear este excelso 2016 y empezar 2017 con la intención de aumentar la racha de invictos -37 partidos hasta ahora- y mirar al horizonte hasta ver la Liga, la Champions League y la Copa del Rey. No es un reto, es una obligación. Es el Real Madrid.

LAS NOTAS

Keylor Navas (5): Debe recuperar el nivel.

Carvajal (5): Sufrió mucho por su banda.

Varane (6): El zaguero más seguro del equipo en la final.

Sergio Ramos (5'5): Se libró de una segunda amarilla.

Marcelo (5): Mal partido que supo mejorar en la prórroga.

Casemiro (6): De menos a más.

Modric (8): No te retires nunca.

Toni Kroos (6'5): Juega bien hasta cuando juega mal.

Lucas Vázquez (8): Impresionante.

Benzema (8'5): Una final para el recuerdo.

Cristiano Ronaldo (10): Acudió a la llamada y demostró por qué es el mejor.

Isco (6): Estuvo a la altura cuando Zidane le dio minutos.

Morata (6): Dejó la jugada del campeonato.

Kovacic (5'5): Pocos minutos.

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