6-3: ¿Podemos clonar a Cristiano Ronaldo?
Quillo Barrios
Habrá un antes y un después en el Real Madrid cuando Cristiano Ronaldo decida colgar la camiseta blanca. El que escribe estas líneas cometió un día el imperdonable error de dar por muerto a uno de los mejores futbolistas de la historia. Pensaba que jamás volveríamos a ver a un Cristiano decisivo y voraz, pero, como tantas otras veces, me equivoqué. Pido perdón de nuevo y lo seguiré pidiendo de aquí al final de los días.
Ante el Girona, Cristiano Ronaldo volvió a demostrar que el fútbol no tiene edad, al igual que tampoco lo tiene su idilio con el gol. Se ha reconvertido definitivamente en delantero centro, pero no uno cualquiera, sino en el mayor depredador que se recuerda. Balón que caza dentro del área, balón que manda a la red. Este domingo fueron cuatro, todos ellos acompañados de un instinto asesino abrumador. Lleva ya veinte en 2018, y todavía queda lo mejor.
Fue muy superior el Real Madrid a un valiente e intenso Girona, nada que ver con ese equipo tibio que saltó al Camp Nou hace no demasiados días. Los de Zidane arrollaron al inicio de ambas partes y sólo los despistes en defensa y un arbitraje horrible -anuló un gol legal de Lucas Vázquez y dejó sin amonestar a varios futbolistas visitantes- llevaron algo de inquietud a un Santiago Bernabéu que disfrutó de un encuentro atractivo.
Cristiano Ronaldo acaparará los focos con toda justicia, pero debemos señalar también a Kroos y Benzema, quienes firmaron un gran partido a la sombra del portugués. El francés, al que se le sigue resistiendo el gol -falló una ocasión clarísima en la segunda mitad-, regaló pases y acciones de todos los colores cerca de la frontal. Alguna de ellas acabó dentro de la portería gracias a la aportación final del depredador. Kroos, por su parte, dejó dos asistencias y una lección magistral en el centro del campo. Si la temporada pasada llegó al tramo decisivo en un gran estado de forma, este año parece dispuesto a repetir.
Lucas Vázquez y Gareth Bale se sumaron al festival goleador de un Real Madrid que ha recuperado el olfato en el momento decisivo. Lo peor fue la inseguridad del equipo a balón parado -mal la defensa en las marcas y muy blando Keylor por alto- y el hecho de que se nos viene encima el parón justo cuando mejor está, física y futbolísticamente, el cuadro de Zidane. Abril y la Juventus ya esperan a la vuelta de la esquina.