7 apuntes de razón y desazón
Jesús Bengoechea
1. Los que tradicionalmente hemos alabado el manejo de vestuario de Zidane tenemos desde ayer una grieta tamaño XL en el armazón de nuestras creencias. En realidad no es desde ayer, claro. La cosa se empieza a torcer en el ejercicio de alienar multitud de suplentes y cambiar el sistema en una eliminatoria de Copa del Rey a partido único. El equipo venía de una línea excelente y piensas que se ha pecado a la vez de un exceso de optimismo y un déficit de valoración del riesgo, del riesgo de caer eliminado en Copa pero también del riesgo asociado a ese incidente en términos de moral del grupo. Aunque el Clásico, como microcosmos que es, parece desmentir la tendencia, la derrota de ayer parece asentar la idea de que todo empezó a irse al garete ahí, frente a la Real. Se pierden cuatro de siete partidos. Los que se ganan son el mencionado Clásico, que tiene sus propias reglas, y una engañosa goleada en Pamplona.
2. Tras la derrota ante la Real, nada tendría por qué haberse ido al garete si se hubiese reaccionado con flexibilidad, pero la sensación visto el once de ayer (pleno de rotaciones que puede que Zidane entienda, pero no así el aficionado) es que seguimos planificando rotaciones como si estuviéramos en enero y requetevivos en todas las competiciones. Amar a Zidane no significa no preguntarse, con tanto amor como exasperación, cómo es posible no tener un poco más de cintura, no comprender que (siendo importante tener a todos o casi todos implicados) más importante que eso es ganar, y teniendo por delante un horizonte de doce partidos sin piedad (como los hombres del clásico de Lumet) no se entiende el no coger ese toro por los cuernos con la determinación de quien sabe que es la recta final ya, que el margen de maniobra es mínimo porque el rival juega con la red institucional más escandalosa que se recuerda, que al final del camino hay un título importante mientras no se aparte la vista de él y se retire de lo accesorio. Amar a Zidane no significa no preguntarse muy seriamente si no habrá caído o estará cayendo en lo más irritante que hay en este mundo, esa práctica tan extendida entre los políticos que aspiran a crear fronteras donde no las hay, entre los ingenieros sociales que agitan polémicas estériles, el vicio que es signo de los tiempos de mierda que vivimos: la creación de problemas.
3. Todo iba bien, Zizou. Todo iba muy bien hasta que empezamos a creer que iba tan bien que podíamos permitirnos consagrar también objetivos auxiliares ajenos al triunfo final, la paz social, los minutos del marginado ejemplar, la vida contemplativa. Resulta que no. Que el triunfo final es una empresa tan exigente que no admite otros pasajeros, ni siquiera ligeros de equipaje, en el barco de las metas. Saca a los buenos y gana, Zizou. Es lo que gritan en sus casas las gentes que te quieren. Poco más o menos, sabemos ya quiénes son los buenos, con todo el respeto para los demás. Ponlos. Eso es todo. Aún hay tiempo para conquistar el éxito si tratamos a las distracciones como moscas cojoneras.
4. Ayer algunos de los “buenos” (pondremos las comillas para no ofender, o matizaremos “los que ahora mismo son los buenos porque son los que mejor están y los que ya antes sacaron al equipo del hoyo”) no estaban por lesión o por fiebres varias, ahora nunca se sabe bien por qué. Sus sustitutos no estuvieron ni medio bien, y de esto ya Zidane tiene la culpa justa. Si acaso, tiene la culpa de cambiar (otra vez) el sistema, cuando había piezas de sobra para mantener el esquema ganador (ese también sabemos ya cuál es, Zizou) haciendo un ligero cambio de piezas. Si eres la lógica bajo una calva, no comprendemos por qué te traicionas a ti mismo vía traición a la lógica. Sabemos que hay cientos de variables que se nos escapan, al ser tú y no nosotros quien maneja el día a día de ese grupo. Ignoramos restricciones en tu sistema de ecuaciones que por fuerza se nos escapan. Por eso precisamente nos limitamos a decir no que lo estés haciendo mal (aunque no habríamos perdido cuatro de siete si lo estuvieras haciendo bien), sino simplemente que de un tiempo a esta parte no entendemos nada o casi nada de lo que haces. Explícate o gana. Una de las dos. O las dos. Pero no ninguna de ellas, por favor, que te queremos demasiado como para que nos dejes así.

5. Lo que no puedes hacer, Zizou, por loable que éticamente resulte de cara a tus jugadores, es asumir toda la responsabilidad con ese aire pesaroso y que deja caer que el primer sorprendido eres tú y que no manejas soluciones a la situación. Derrotismo no. Déjanos la desazón a nosotros. Si no sabes cómo salir de esta, finge que sabes. Al otro lado de tu ejemplar ética en la gestión pública de los quehaceres de tus empleados, está el aficionado. No le digas que la culpa es tuya si a ello no añades que conoces the way out. Por otro lado no cuela, claro: la culpa no es solo tuya.
6. El que escribe no acostumbra a parapetarse tras la barra del bar del “menos millones y más cojones”. Odio las coletillas mezquinas y ordinarias, el “con lo que cobran”, el “a dos manos”, el pañuelo al viento. Lo odio pero a veces no queda otra que fluir en la corriente porque la corriente (ay) a veces tiene razón, y lo ves en un lateral que está haciendo un partido catastrófico y aun no tiene la vergüenza torera de perseguir al interior que acaba de quitarle la pelota, lo ves en el delantero venido atrás que tiene la falta de tensión suficiente como para dársela en bandeja a un delantero rival para que encare a bocajarro la meta propia, lo ves en las actitudes. De repente hay que tragar con unas manifestaciones públicas que hablan de “motivación”. A doce (ya once) partidos del logro de una Liga capital para el periodo de entreguerras que vivimos, tenemos que ver a los nuestros manejar ese concepto. No, mira, Zizou y todos. Por ahí no.
7. Decía célebremente Don Alfredo que “los goles no se merecen, se marcan”. Con las Ligas pasa lo mismo. Las Ligas no se merecen, se ganan. No tengo la menor idea de si merecemos ganar esta Liga o no. Lo que sí sé es que no se ha acabado el tiempo para merecerla, y (mucho más importante) que aún se puede ganar. En este momento no dependemos de nosotros, pero hay muchas opciones si sabemos dejar atrás la creación de problemas. Salid ahí fuera y ganad esta maldita Liga.
