93-79: Sin triples no hay paraíso
Pablo Rivas
Hay un tipo de madridista futbolero que acude al baloncesto solo cuando quiere lamerse las heridas sufridas en la sección principal del club. Por desgracia, la Chusoneta no está este año para servir de bálsamo de Fierabrás. De modo que, cuando ayer escuché a alguno frotarse las manos con la posibilidad de que una nueva final ganada le arreglase el finde torcido, me eché a temblar. Las decepciones dobles impiden que los hinchas del Bernabéu se acaben enganchando también a lo que acontece en el Palacio, y cuantos menos seamos para pedir un tirador solvente y fiable, más lejana estará la reconstrucción del Madrid de la canasta.
El partido comenzó como se esperaba, con una clara primacía de las defensas sobre los ataques. El Unicaja es un conjunto agresivo, al que no le importa cometer personales a cambio de incomodar constantemente el juego rival: lo fundamental radica en que no se pueda pensar con claridad. El Madrid, conocedor del barro al que iba a ser obligado a bajar, no se achantó de inicio. Mateo introdujo en el cinco de salida a Abalde y Ndiaye, y un Tavares especialmente fajador consiguió sacar varias faltas a Sima y al resto de pívots malagueños en los primeros minutos. Los blancos demostraron concentración y buena actitud, renegando de su tendencia del otoño pasado a presentarse en los partidos al estilo flâneur.
La sempiterna mandarina de Llull dejaba el electrónico en nueve puntos de diferencia al acabar el tercer cuarto, pero las sensaciones eran mucho peores que el marcador
Sin embargo, la atención se transformaba en precipitación cuando recuperaban la bola: las pérdidas —se contaron ¡once! al descanso— impidieron montar buenos contragolpes y, en ataque estático, el escaso acierto desde la línea de tres obligaba a buscar siempre la pintura, inteligentemente resguardada por la intensidad verde. Una vez Tavares se sentó, ni siquiera quedó el resquicio de buscarlo a la desesperada; por el contrario, su sustituto Bruno Fernando fue vapuleado por Kravish. Musa, Llull y Hezonja naufragaban en las penetraciones y el tiro, y el Madrid continuaba enganchado al encuentro merced a los tiros libres que conlleva la dureza cajista y a unos grandes instantes de Ibaka, figura cuyo físico a estas alturas solo le permite salir del sarcófago en fechas selectas, como otros grandes héroes de la historia de la Humanidad: el Cid Campeador, Andrés Nocioni o el Chacho Rodríguez. Aunque por ahora, con efectividad inversa.
Tras el descanso, el Unicaja apretó las tuercas y el Madrid se vio zarandeado. El desquicie merengue en los lanzamientos de tres se convertía en acierto inusitado en los contrarios, con un porcentaje superior al 50%. El equipo de Ibón llegó a verse doce puntos por delante con un parcial de 10-2, y un compungido Chus pidió un tiempo muerto a la desesperada en el que exigió responsabilidades a sus muchachos: “tenemos que dejar de mirar al lado”. Campazzo recogió el guante y lideró al Madrid en un amago de remontada que, para su desgracia, fue rápidamente contrarrestado por Taylor. La sempiterna mandarina de Llull dejaba el electrónico en nueve puntos de diferencia al acabar el tercer cuarto, pero las sensaciones eran mucho peores que el marcador.
Mateo tampoco probó experimentos desde la pizarra: prefirió dejar a sus pretorianos en la cancha mientras el transatlántico blanco encallaba
En el último período se consumó la tragedia. No importó que las diferencias fuesen salvables hasta a falta de tres minutos del final, ni importó que el rebote fuera blanco por momentos. No se construyó nada desde esos mínimos asideros, y Mateo tampoco probó experimentos desde la pizarra: prefirió dejar a sus pretorianos en la cancha mientras el transatlántico blanco encallaba. Quién sabe si por rendición anticipada o como medida de shock para hacerlos reaccionar para el resto de la temporada. Ahora bien, nunca se puede prever si estas terapias de choque salen bien en el futuro o simplemente aumentan los complejos: el vendaval generado por Carter, Kravish —el auténtico artífice silencioso del triunfo andaluz— y el chispeante Perry destrozó sin miramientos al Madrid. La Copa obtuvo su justo vencedor, Chus tiene trabajo por delante a la hora de imaginar una manera que solvente la carencia en el lanzamiento exterior, y queda pendiente comprobar cómo impactará este meneo en el ánimo madridista en los próximos duelos contra el Unicaja. Acicate o neurosis, el tiempo lo dirá; tanto para el grupo como para las señaladas estrellas. Lo que sí está claro es que hay fines de semana en los que es mejor no levantarse.
Fotografías: realmadrid.com
