¿A cuánto está el kilo de Champions?
Fred Gwynne
-¿A cuánto está el kilo de Champions?
-Baratísimo, me lo quitan de las manos.
-Póngame una, no, mejor póngame dos, no hace falta que las envuelva, me las llevo cogidas de la oreja
Llevamos varios años, normalmente todos aquellos en los que triunfa el Real Madrid, escuchando que ganar una Champions es fácil. Según unos cuantos indocumentados la receta para conseguirlo está al alcance de cualquiera: hacer cuatro rotaciones, descansar bien y “tirar” la Liga. Con esto, una pizca de flor y que tu estrella diga que van a hacer todo lo posible para ganar “esa copa tan linda y tan deseada” es suficiente. Este discurso, agudizado en el último lustro en diferentes medios de comunicación hasta extremos delirantes, ha calado tanto en el antimadridismo (deseoso de encontrar una explicación de digestión rápida para calmar su dolor) como, desgraciadamente, en una parte del Madridismo que, o ha olvidado su propia historia, o no tiene la suficiente edad para recordar lo que es estar 32 años sin conseguir levantar una de esas “deseadas” Copas.
Que el Real Madrid haya ganado cuatro de las últimas cinco Champions ha distorsionado la realidad del fútbol de tal manera que, como acabamos de comprobar en la eliminatoria del Barcelona contra el Liverpool, la frustración y la ansiedad de los culés por el fracaso, es tan grande que están pidiendo a gritos la cabeza del entrenador que el año pasado consiguió un doblete y hace menos de dos semanas otra Liga.
Al final la sombra del francés y sus Champions va a ser mucho más alargada de lo que ellos pensaban.
Muchas veces se habla de la equivalencia entre diferentes trofeos. “¿Cuánto vale una Champions?” “¿Vale más una Liga que una Champions?” son preguntas que ahora, con un déficit de Ligas del Real Madrid en la última década, se repiten constantemente. Aquí, como en el mercado, lo importante no solo es el precio, también (y esto se olvida en muchas ocasiones) hay que saber la fecha, es decir el “cuándo”.
-¿A cómo tienes la Champions?
-Uf, llevamos unos años que ni las vemos, las pocas que hay están carísimas, carísimas, ¿no te interesa una copita del Rey?
-Vale, si no queda otra cosa.
-¿Te la preparo?
-Sí, quítale las asas y ábrela en libro, es para hacer a la plancha.
Creo, aunque respeto que haya aficionados que no piensen de esta manera, que si el día de la final de la Séptima, después de una sequía de 32 años, después de verlas en blanco y negro o escucharlas en la radio, le preguntan a cualquier madridista de los que estaban en Ámsterdam, en el estadio, (y de los que no estaban) si cambiaría la victoria en aquel partido por la Liga, te hubiesen despeñado gradas abajo.
Hoy mismo he escuchado decir como un reproche que el Barcelona “solo” ha ganado una Champions de las últimas ocho ediciones. Un dato, aunque muchos piensen lo contrario, excelente, ya que con esa ratio el Barcelona a lo largo de su historia habría conseguido 8 y adelantaría en número de trofeos a todos los equipos menos al Real Madrid.
Ganar una Champions exige el máximo esfuerzo y concentración. Un despiste, un mal día o media hora mala en un partido suponen la eliminación. Encadenar tres Champions seguidas, más que una proeza, es un milagro. No está de más recordar que hasta esta gesta del Madrid ningún equipo había conseguido ganarla DOS veces seguidas.
Lo que hemos vivido estos últimos años es algo tan excepcional que ha distorsionado el trofeo, ha sido como pasear entre los espejos del “Callejón del Gato” con una Copa de Europa en las manos. El reflejo que vemos engaña, a veces se ve enorme y otras minúscula. El aficionado ha perdido la perspectiva.
Si el Real Madrid es el mejor equipo de la historia lo es gracias a sus 13 Copas de Europa. Los culés lo saben, y es precisamente esa certidumbre, esa losa, esa pesada carga que Zidane ha incrementado, lo que les produce una desazón que, sumada a la falta de apoyo arbitral en el momento decisivo, les bloquea.
El saber que en la mejor época de su historia, con el, para ellos, mejor jugador del mundo, el Madrid no solo ha mantenido la distancia en trofeos, sino que la ha aumentado, les produce una ansiedad de la que se aprovecha el Manolas de turno. Si a esto le sumas que viven en una realidad paralela en la que las Champions se compran en el mercado, el estamento arbitral les hace la ola desde los tiempos de Villar y la prensa loa una simple falta como la mayor genialidad de la historia, es normal que cada vez que se dan un batacazo no encuentre explicación a su frustración.
Si estos desgarramantas han ganado cuatro Champions en cinco años, ¿cómo es que nosotros, con el mejor jugador de la historia, somos incapaces de volver a ganar una?
-Hombre, señor Zidane, ¡Cuánto tiempo sin verle! ¿Qué le pongo?
-Lo de siempre. Y añade Liga y Copa.
-¡Marchando!
