¿A dónde vamos, Zizou?
Carlos García de Sola
Zizou se retiró del fútbol con un cabezazo a Materazzi en toda una final de un mundial, con más fútbol en sus botas que el 99% de los jugadores del orbe mundial. Mientras otros jugadores se retiraban como suplentes, penando por el campo, con homenajes en últimos partidos de liga sin fuste, el francés lo hacía como máxima estrella de su equipo. Frustrado por unos últimos años en el Real Madrid, malos a nivel colectivo, pensó que ya no podía dar lo mejor para competir.
Ese es el mejor resumen de Zinedine Zidane, un tipo de ideas claras (cabezón por adjetivar), con personalidad y muy competitivo. Y ese mismo es su perfil como entrenador. Zidane ni es un pelele ni un hombre de paja ni un indocumentado futbolístico, aunque desde luego puedan existir entrenadores con mejor conocimiento táctico del fútbol.
Y con estos datos y vista la larga pretemporada de 14 partidos (10 de la temporada pasada más los 4 de ahora), la pregunta es ¿hacia donde va el Real Madrid? ¿A dónde lo quieres llevar, Zizou? Porque siendo una persona de ideas claras, parece obvio que tiene algo en la cabeza. Lo que muchos madridistas se empiezan a temer es que sea algo parecido a lo que estaba cuando se fue, pero sin Cristiano Ronaldo.
El 31 de mayo de 2018, Zidane anunció en una rueda de prensa sorpresa que dimitía. Después de tres años encadenando tres Champions League consecutivas, en un ciclo victorioso sin precedentes en 30 años, esa decisión removió los cimientos del club. En ese momento se abrió en el madridismo una sensación de orfandad, un agujero emocional gigante. Esa falta de rumbo, que sintieron todos los aficionados, todavía parece perdurar. La vuelta de Zidane no solo no ha curado esa herida si no que parece haberla cicatrizado mal.
Los últimos meses desde la vuelta de Zidane han ido confirmando algunas certezas en torno a los motivos de la marcha del francés. Pero otras incertumbres perduran y algunas frases suyas siguen sin entenderse: “Yo soy ganador, a mí me gusta ganar, ganar en cualquier cosa, no me gusta perder. Si tengo la sensación de que no voy a ganar, hay que hacer un cambio”.
“Yo soy ganador, a mí me gusta ganar, ganar en cualquier cosa, no me gusta perder. Si tengo la sensación de que no voy a ganar, hay que hacer un cambio”
Hoy, prácticamente 14 meses después de aquellas declaraciones, Zidane lleva más derrotas que victorias. Y ese cambio no se vislumbra más allá de incorporar a Hazard al 11 titular. Su labor empieza a ser cuestionada. Especialmente tras la durísima derrota contra el Atlético de Madrid por 3-7, en un partido que fácilmente podría haber acabado con 11 o 12 goles en contra, como si la pretemporada fuese como las de antes, en las que el Real Madrid goleaba a equipos de segunda, pero al revés.
El entrenador francés está más en cuestión que nunca. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación? La sensación de que poco ha cambiado con respecto a una temporada pasada infame, de las peores que se recuerdan, es cada vez mayor.
Si al final de la temporada pasada parecía claro que no se podía juzgar a Zidane por los resultados y el juego de un equipo que había perdido todos los títulos, sin motivación, hundido y roto, ahora ya esa red de seguridad no existe.
Bien es cierto que solo llevamos cuatro partidos de pretemporada, pero preocupa más la falta de cambio de rumbo que los resultados. Existe una sensación de dejá vú, como si esto ya lo hubiésemos vivido la temporada pasada. Los patrones son muy similares, aunque esta vez se han fichado a jugadores, pero quizá no los suficientes o de suficiente entidad como para remover un equipo que el año pasado ya demostró agotamiento.
Parecía que así lo había entendido Zidane, que dijo en su despedida que se iba porque los jugadores necesitaban otro discurso. Por eso, a su vuelta, se pensó que adoptaría medidas diferentes y que habría cambios: de sistema, de jugadores, de juego, de jerarquías...Y se creía que, al coger al equipo en las últimas jornadas, Zidane aprovecharía ese tiempo para ir preparando esos cambios: evaluar a los jóvenes, examinar a los veteranos e ir probando nuevas cosas. Una pretemporada temprana para tener esa información y configurar una plantilla a medida para volver a competir por todo.
a su vuelta, se pensó que adoptaría medidas diferentes y que habría cambios: de sistema, de jugadores, de juego, de jerarquías...
Entonces, sus decisiones no se entendían porque parecía difícil valorar lo que tenía en mente el francés. Hoy ya sabemos que para él la estructura vertebral del equipo y los jugadores titulares debían ser prácticamente los mismos que cuando se marchó, y que lo que había que cambiar era la segunda unidad. La actual, no le parecía suficientemente competitiva y por eso hoy, jugadores como Ceballos, Llorente, Vallejo o Reguilón están fuera y otros como Mariano, Bale o James en la rampa de salida, sin minutos.
Tampoco parece que Zidane vaya atreverse alineando de manera regular a los jóvenes Kubo, Vinicius o Rodrygo, que parecen llegar con mucha fuerza. Tampoco ayuda la planificación, con un serio problema de jugadores extracomunitarios y problemas con los cupos FIFA para jugadores nacionales y canteranos.
En ese contexto, difícilmente se contempla una alineación con cambios sustanciales con respecto a la que el año pasado hizo una de las peores temporadas de la historia del Real Madrid. Resulta difícil pensar que con 1 o 2 jugadores nuevos el resultado será sustancialmente diferente al logrado con un grupo de jugadores que mayoritariamente se sienten titulares indiscutibles. A no ser, claro, que el plan sea otro y Zidane esté en realidad dispuesto a agitar el árbol y ninguno lo sepamos.
Resulta difícil pensar que con 1 o 2 jugadores nuevos el resultado será sustancialmente diferente al logrado con un grupo de jugadores que mayoritariamente se sienten titulares indiscutibles.
El recuerdo de la temporada pasada es tan malo, que gran parte del madridismo ya empieza a dudar del francés, hasta la fecha una de las pocas figuras indiscutibles que hemos tenido en décadas. Su prestigio, su aura y su impresionante curriculum deportivo le daban plenos poderes y poder de decisión, por encima de cualquier otro entrenador en la historia del Real Madrid. Había una unanimidad absoluta respecto a su figura, que nadie se atrevía a dudar, aunque en liga el equipo no hubiese competido en su último año y algunas decisiones con respecto a los minutos a los jóvenes no fuesen del todo compartidas por algunos seguidores.
Pero esas dudas no podían socavar esa imagen de entrenador infalible, que tenía alguien que en dos años y medio había ganado tres Champions League, 1 liga y un buen número de Supercopas y Mundialitos.
Hoy, un puñado de partidos después del segundo advenimiento de Zidane, uno de los entrenadores más exitosos de la historia blanca, la sensación en el ambiente es de zozobra. Algo va a pasar y no parece bueno. O al menos eso se desprende tras apenas 4 partidos de pretemporada y sin ni siquiera haber perdido títulos en juego.
Cierta racionalidad nos invita a pensar que hay tener paciencia (palabra antítesis de Real Madrid) y confiar en un tipo tan exitoso como Zidane, pero al mismo tiempo se teme una segunda temporada igual de nefasta que la anterior, con una crisis por llegar aún peor.
La pregunta que muchos nos hacemos es, ¿cuál es el plan, Zizou? ¿A dónde nos diriges?


