Alacrán Real Madrid
Antonio Valderrama
El Madrid le pudo remontar un partido difícil a la Unión Deportiva Almería, el domingo por la tarde en el Bernabéu, gracias a una circunstancia inédita desde el verano del año 2020: un videoarbitraje riguroso y exquisitamente pulcro, auténtico mirlo blanco, nunca mejor dicho, en el país donde, según se amontonan los indicios, el Fútbol Club Barcelona estuvo pagando al vicepresidente del Comité Técnico Arbitral por garantizarse su influencia durante, que se sepa, más de dos décadas.
Sin embargo, el antimadridismo, como los amigos de la proetarra Itziar Ituño, aprovechó la rara manifestación de justicia arbitral concedida al Madrid para montar un espectáculo de cinismo e hipocresía, en verdad obsceno, con el que intentar deslegitimar el liderato que el equipo de Ancelotti, sin brillantez pero con esfuerzo, se ganó en el campo. El mecanismo es el mismo: invertir la carga de la culpa, haciendo recaer sobre la víctima el pecado de la injusticia, cosa del todo indecente que nadie que se considere de bien puede dejar pasar con impunidad.
Esto no es nuevo, ya lo inventó Guardiola cuando puso el grito en el cielo después de la final de Copa del año 2011 por un gol anulado a Pedro que, te cagas, estaba bien anulado. El antimadridismo, esto ya lo vio como nadie Santiago Bernabéu, es la religión oficial de España, por lo menos de la mitad del país, que es capaz de dejar pasar con indiferencia el escamoteo de su propia soberanía política y levantarse rugiendo como un león si a un árbitro se le ocurre pitar un penalty legal al Madrid.
La cosa ha sido tan falsa e impostada que canta de lejos, produce vergüenza ajena. Hasta Antonio Lobato, periodista famoso por cubrir la Fórmula 1 y del que se desconocía opinión alguna sobre el Caso FC Barcelona-Negreira, por ejemplo, saltó con un tuit en el que, en el estilo clásico del moralista español, se quejaba de una supuesta putrefacción del fútbol nacional a cuenta de la victoria madridista sobre el Almería. Vivir para ver. La desvergonzonería es total. Una rápida búsqueda, no obstante, en su cuenta, que alguien se encargó de hacer, nos demostró que a Lobato lo que le jode, en lo vivo, no es que el Madrid robe, sino que gane. Porque, al parecer, tiende al rojiblanquerío. Ah, amigo.
El antimadridismo aprovechó la rara manifestación de justicia arbitral para montar un espectáculo de cinismo e hipocresía obsceno con el que intentar deslegitimar la victoria del Madrid. El mecanismo: invertir la carga de la culpa, haciendo recaer sobre la víctima el pecado de la injusticia
Pero el tsunami de fariseísmo lo inundó todo, lo llenó todo de ponzoña como no se veía en años. Y hay que tener en cuenta que llevamos, más o menos, un año sabiendo cosas y más cosas, a cada cual peor y más lamentable, del que tiene visos de ser el escándalo de corrupción deportiva más importante de Europa, el que involucra directamente al segundo equipo del país en el soborno al órgano regulador del estamento arbitral.
El español sentado en su sofá lo tolera todo, menos que el Madrid siga ganando. Porque el Madrid no se debe a nada ni a nadie ni responde a más horizonte ético que su propio destino en sí mismo, que es la victoria sin más por encima de todo, no el establecimiento de una nueva nación o la instauración de una república de los justos y de los oprimidos de todo el mundo. Esa es la torcedura ética que está en el fondo de todas las degradaciones que padecemos aquí como sociedad, la clave que explica la aquiescencia general con la corrupción de Negreira: si servía para que el Madrid no ganase, entonces merecía la pena.
Al bochornoso show mediático contribuyó desde el primer momento Alfredo Relaño, que ya cuando dirigía el AS llamó vergonzante la victoria del Madrid sobre el Bayer Leverkusen en la final de Glasgow. Relaño es uno de los tipos que más saben de historia del Madrid, pero por lo que fuera, seguramente movido por los intereses empresariales del grupo PRISA, convirtió el AS en un libelo antiflorentinista. Él, que abogaba en portada por “poner a Capello en la frontera”, dijo ayer que la victoria del Madrid sobre el Almería formaría parte “dentro de 30 años” de la Leyenda Negra del antimadridismo. Para Leyenda Negra la suya y su persecución ad hominem primero de Fabio Capello y, un lustro después, de José Mourinho. Él a lo mejor no se acordará pero yo sí. Hubo una época, hace ya muchos años, en la que Relaño puso a todo un ejército de plumillas lamelibranquios a acosar a Mou cuando iba a ver jugar a sus hijos, y también a identificar e insultar a tuiteros anónimos que se encargaban de señalar la indigna falta de deontología periodística de dichos plumillas.
El español sentado en su sofá lo tolera todo, menos que el Madrid siga ganando. La clave que explica la aquiescencia general con la corrupción de Negreira: si servía para que el Madrid no ganase, entonces merecía la pena
A Xavi, que no le constó ni le pareció que al Barcelona le ayudaran los árbitros, y eso que jugó tela de tiempo allí, toda su carrera, figúrense, ya le olía que este año iban a ayudar al Madrid. Le faltó tiempo para salir a llorar en cuanto terminó su partido ante el Betis. Se lo habían dejado a huevo, todo hay que decirlo. Se había pronunciado hasta, agárrense los machos, Iturralde González, el mítico Itu, personaje donde los haya, del que en estas últimas semanas hemos sabido dos cosas: por boca de Cristóbal Soria que se puso muy contento cuando se enteró de que el Barcelona de Guardiola le había metido 6 al Madrid en el Bernabéu y, por la Guardia Civil, que en su declaración ante los de verde se contradijo en cuanto a la naturaleza de su relación con Negreira Jr.
Pues bien, el amigo Itu, al que siguen llamando en la SER en calidad de experto arbitral, dijo que ni el gol de Vinicius debió ser gol, ni el anulado a Arribas, ser anulado, ni el penalty señalado ni, le faltó añadir, la capota del estadio echada. Desconocía al parecer Itu dos cosas: primero, que con la parte superior del hombro, el músculo deltoides, se puede rematar, según la última modificación de la regla por la International Board, y segundo que, según un principio ancestral de la jurisprudencia, in dubio, pro reo.
Todos los “pocos amigos de las polémicas” y todos los resentidos y tontos útiles que pueblan en número infinito las redacciones de periódicos y emisoras de radio dedicadas al deporte en este país salieron en tromba como si les hubiera picado en el culo un alacrán. Ese alacrán existe, claro, y se llama Real Madrid. Lleva más de ciento veinte años recordando a los pobres de espíritu de España que hay una vida mejor que permanece vedada para ellos, pues no la merecen.
Todos los “pocos amigos de las polémicas” y todos los resentidos y tontos útiles que pueblan en número infinito las redacciones de periódicos y emisoras de radio dedicadas al deporte en este país salieron en tromba como si les hubiera picado en el culo un alacrán. Ese alacrán existe, claro, y se llama Real Madrid
En el país en el que las escopetas le enmiendan la plana a los pájaros, un árbitro modesto tuvo la ocurrencia de juzgar con dignidad, abstrayéndose del ruido infernal que lo rodeaba, una serie de jugadas que quizá decidan algo a final de campaña. Recordemos que éste es el mismo país en el que al Madrid se le hurtó con descaro y alevosía una Liga, la del 2021, videoarbitraje mediante, al señalar como penalty una mano de Militao en el área, contra el Sevilla, con una flagrante prevaricación de la que ya no se acuerda, naturalmente, ni el Tato. Pero yo sí.
De RMTV ha llegado a decir ¡Medina Cantalejo!, que sus vídeos, en los que no hace más que decir quién es quién en el fulanerío arbitral que nos asuela, son lo peor que ha hecho un club contra los árbitros. Hay cosas para las que hay que valer y si uno está en el ajo, sin duda, vale. Creo que RMTV hace pocos vídeos: debería empezar una serie, análoga a la de los árbitros, dedicada a toda la fulaña cuyo trabajo es movilizar a la opinión pública bajo premisas manifiestamente falsas, tergiversadas e inicuas.
Getty Images.


