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Archivo·18 de octubre de 2015

Álvaro

E

Editorial La Galerna

“Un dorsal cosido en la espalda. Un escudo pegado en la piel. Ha sido un honor luchar a tu lado. ¡Gracias capitán!”

Así despedía, en Twitter, un capitán en la sombra a otro que fue y que se convirtió en leyenda.

Satisface ver que lo mejor del legado de Raúl González Blanco queda a salvo y a resguardo en las esencias del vestuario, en el corazón de algunos jugadores. En capitanes sin brazalete que no serán mitos, pero sí puro madridismo… la mayor de las glorias y, quizá, la forma más pura de leyenda.

Nunca vi mal que nuestras leyendas o héroes de la casa se retiraran en el club, más bien al contrario, es una cosa que me parece muy especial. Puede resultar extraña esta afirmación en contraposición a mis opiniones sobre Iker Casillas, pero no lo es en absoluto.

Que un icono madridista, una leyenda o un hombre de la casa que ha pasado su vida en el club quiera termina aquí es la rúbrica perfecta a una carrera y a un vínculo. Ojalá Cristiano termine aquí su carrera, no lo temo en absoluto, llevando la contraria a tantos que ya quieren deshacerse de él.

¿Por qué pedía la salida de Iker entonces? Muy sencillo, porque una cosa es desear o ver con buenos ojos que alguien que se ha comportado lealmente y ha rendido con su sudor grandes servicios al club quiera retirarse aquí asumiendo su posición, su rol en el equipo con el paso del tiempo, y otra muy distinta poner tus años como chantaje para no salir de la titularidad.

Todo esto hizo que muchos desearan que Casillas saliera, de igual forma que Bernabéu envió a Di Stéfano rumbo a Barcelona, al Español. Jugadores que no asumieron su rol y pretendían imponer su opinión por encima de entrenadores y presidentes.

También le pasó a Raúl, cuando no quiso cambiar su rol se fue sin tanto trauma para seguir compitiendo a otro nivel. Una opción legítima y perfectamente respetable.

Otros, en cambio, sí se retiraron aquí o cumplieron su vida verdaderamente competitiva en el Real Madrid, pasando por el banquillo y siendo útiles cuando el entrenador los necesitaba a pesar de haber sido leyendas e imprescindibles muchos años, como Santillana, por ejemplo.

En tiempos de cinismo y sombras de Grey, donde los canteranos acaban sintiendo menos los colores que los supuestos mercenarios que se fichan, siempre hay excepciones y oasis de autenticidad, futbolistas, pero sobre todo personas que son puro madridismo, provengan de la Fábrica o de Madeira.

Uno de ellos, el paradigma perfecto, el protagonista de este artículo, tuvo que emigrar para que terminaran valorándolo en casa. Primero a La Coruña, luego a Liverpool, pero sin que los hilos invisibles, que son los únicos irrompibles, de su sentimiento sufrieran merma alguna.

No se fue a la aventura, en plan Ulises, a vivir una Odisea y oír cantos de sirena: se fue a progresar con el deseo oculto e insaciable de regresar a Ítaca, o sea, al Real Madrid. Tampoco se fue con espíritu experimentador, como un Martín Vázquez de la vida, que ahora da lecciones, a perderse “en el camino” en honor a Kerouac.

No es ausencia de ego, en absoluto. Un buen líder jamás debe carecer de ego, el ego es indispensable, pero él siempre lo ha focalizado en su trabajo a una parte esencial de su personalidad: su madridismo. Sometió su ego a esa condición (o lo condujo hacia ella, porque cuando algo se siente es fácil), para eterno agradecimiento de buena parte de la afición madridista, no sólo por esa entrega, sino por la comprensión que dicha entrega implica de ese sentimiento que conocemos tan bien.

Sí; fue, es y será mourinhista por convicción y por principios, que sostenía y mantenía antes de Mourinho, lo que le ha llevado a defender exactamente igual a todos los entrenadores que le han tocado bajo cualquier circunstancia, como ha demostrado siempre. ¿Han oído algún reproche suyo contra Del Bosque por dejar de ser “uno de los suyos” y a pesar de ser tan campeón de Europa y del mundo como el que más?

Un señor preparado y al que da gusto oír, que además juega al fútbol. Un jugador de poso añejo. Un hombre sin complejos, y menos por ser madridista, como parece ocurrirles a algunos. Al contrario, él es así porque es madridista. No necesita que le rieguen el ego.

El capitán verdadero no es el mejor futbolista, ni el más habilidoso, no tiene por qué serlo, como ya comenté en mi artículo “Dos capitanes y dos destinos”, pero sí un hombre de verdad por el que te partirías la cara en el campo, ese que alberga toda la esencia del club, sus valores, su pasado, su historia, sus principios... Ese que sabes que te defenderá y defenderá esa camiseta y ese escudo dentro y fuera del campo sin temor a que la cara se la partan a él. Por eso muchos siempre le hemos visto como un capitán en la sombra.

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Con su persona parece ocurrir como con la lucha entre la afición madridista y el mal entendido señorío, que un capitán como él, como los de antaño, debe convivir con otros de nuevo cuño que en nada se parecen a aquellos que fueron, ni entienden la historia madridista mas allá de ellos mismos y sus amigos de la prensa.

¿Alguien le imagina soltando tonterías en los medios? ¿Lanzando indirectas al club o al entrenador de turno? ¿Quizá protestando porque no es titular o filtrando historias en su beneficio para lograr un rédito? ¿Alguien lo imagina? Exacto, nadie. Eso es verdadero madridismo… aparte de sensatez, sentido de club y sentido común.

Lo hemos visto, lo estamos viendo y lo seguiremos comprobando. Dejó de ir a la selección y no hubo una palabra más alta que otra. Es suplente del suplente y no se le ha oído una queja. Ha sido el más entusiasta seguidor de Carvajal, el jugador que le relegó a la suplencia, dándole su apoyo desde el primer día y celebrando cada éxito de su compañero en público.  Es el primero en felicitar o apoyar a cualquier compañero o en defenderlos a ellos y a su club cuando vienen mal dadas… Si faltaban al respeto al equipo, o si jugadores de otros equipos se mofaban de él al amparo del silencio mediático, ahí estaba él para dar justa contestación. Creo que Piqué aún debe recordar alguna réplica recibida por Twitter, más que de Kevin Roldán.

Jamás pediré que sea titular ni exigiré que el entrenador de turno lo meta con calzador si no lo estima oportuno, simplemente porque lo admire o me caiga bien, por todo lo que nos ha dado y lo que representa. Pero lo más importante es que no le veré a él pedirlo ni decir que “si no es titular lo mismo se plantea marcharse”, ni filtrará nada a los medios para que metan presión. No, no pediré que sea titular, pero desde luego tampoco diré que me sobra, porque jugadores y personas como él no sobran en ningún sitio, y menos en un vestuario.

No me cabe duda de que cuando considere que su tiempo ha llegado, o sea el club el que así lo estime oportuno, llegarán a un acuerdo y no se armará ningún ruido. Se irá sintiendo y demostrando su amor por ese club que tan felices nos hace y tanto sufrimiento nos genera, porque sabe que será un nuevo y último servicio a él, al club de sus amores. Un amor sincero.

Él es la personificación de lo que siempre se aspira en un capitán, él es un guardián entre el centeno, o entre el césped, que diría Salinger, ese hermano protector, ese padre comprensivo. Si hay que luchar, meter la pierna, cortar provocaciones o fingimientos, ser duro, ahí estará él el primero para hacerlo en el campo y fuera de él. Y lo hace por principios, porque no concibe servidumbres más que con su afición y su club, indiferente a las consecuencias que defenderlos le pudieran acarrear, ya sea en la selección, en los medios de comunicación o con los rivales…

Son tiempos tristes cuando tenemos ante nuestros ojos a un auténtico Atticus Finch madridista en ese vestuario, y lo despreciamos… Dice muy poco de estos tiempos, de esta sociedad y de este madridismo.

Por último, me atrevo a hablarte directamente, por si me leyeras. Sea en el vestuario o fuera de él, el Real Madrid jamás debería prescindir de tus servicios, porque llevas el madridismo dentro, el que muchos defendemos, el que lo hizo grande desde Bernabéu. Tu eres patrimonio madridista, el autentico, el de verdad. Espero que nuestro presidente, Florentino, también sea consciente de esto.

Querido Álvaro, ahora, cuando más se te critica, cuando más se te infravalora, es cuando más me apetece escribir este artículo. Gracias por todo.

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