Ancelotti responde a los rateros
Itxu Díaz
Carlo Ancelotti es un hombre educado y elegante. Es también un hombre de paciencia infinita. Y sabe tanto de fútbol como de todo lo que rodea al fútbol. Por lo general, conoce lo mucho que se ahorra guardando silencio y acallando las propias pasiones. Asume errores, se disculpa, se calla, felicita al que no lo merece, y todas esas cosas. Digamos que es lo contrario que Xavi. Pero también tiene claras sus lealtades.
En los últimos días, el entrenador del Barcelona, experto en excusarse sin que nadie se lo pida, realizó otra vez declaraciones lamentables contra el Real Madrid. No solo lamentables por falsas, sino porque de todos los entrenadores del mundo, él es el más indicado para callarse en lo que tiene que ver con las decisiones arbitrales. Pero no lo hace. Y ya hemos visto que Laporta tampoco.
Las acusaciones de ambos contra el Real Madrid suponen una broma, pero una broma pesada, sin gracia, una grosería. Carlo Ancelotti, hasta ahora, había preferido no descender al barro blaugrana, con buen criterio. Pero el barcelonismo oficial siempre paga así. De modo que al entrenador merengue no le ha quedado otra salida que salir en defensa del club, pero lo ha hecho de la manera más inteligente, comedida, irónica y elegante posible, recordando simplemente que no es precisamente su club el que tiene que dar explicaciones por lo que ha ocurrido en el mundo del fútbol en las últimas décadas. Obviamente no se refería a la mejora en el firme del césped de los estadios.
El Barcelona cuenta con una ventaja en todo este lío, y es el nulo espíritu crítico de su masa social. Si el barcelonismo ha tragado con normalidad con el Caso Negreira, el club puede hacer lo que quiera, que ninguno de los suyos alzará jamás la voz por nada. Hay quien considera eso es un valor. Personalmente, lo considero una carencia. Si ninguno de los tuyos es capaz de decirte que lo has hecho mal, si no hay ninguna posible autocrítica, siempre serás igual de cutre, igual de miserable. La autocrítica es virtud porque enriquece. La crisis del barcelonismo se parece demasiado a la crisis del catalanismo. Tal vez no fue buena idea convertir el club en una causa, y confundir el fútbol con las témporas, y las témporas con el culo, y el culo con todo lo demás.
Ancelotti ha dejado claro que, por más que el Barsa intente enfangar, nadie podrá borrar la vergüenza del Caso Negreira. Que el Madrid, a fin de cuentas, ha ganado ligas cuando realmente sí que era “muy difícil” ganarlas, Xavi
En los últimos días un amplio sector del madridismo ha considerado que el club debe luchar contra todo, y contra todos. Algo así como si viviéramos una epidemia de antimadridismo. Como si un madridista solo pudiera consolar su desolación con otro. Es cierto que la prensa nacional perdona al Barcelona cualquier cosa y que no haría lo mismo con el conjunto merengue, pero creo desacertada esa percepción de los nuestros. El Real Madrid sigue siendo un equipo admirado en todo el mundo, y un orgullo para millones de aficionados al fútbol en España. No hay más que pasearse por decenas de ciudades españolas para comprobar que los aficionados a su club, tal vez en Segunda, tal vez en puestos humildes de la tabla, también lo son del Real Madrid. Esa gente no compra la mercancía averiada culé. No la compra hoy porque no la ha comprado nunca. Ayer me lo contaba un buen amigo coruñés, hostelero y culé: “El Barsa, muy bien, pero el que realmente factura en el bar es el Real Madrid; cuando juega, se llena”. Mi amigo es del Barcelona pero no es tonto.
Es imposible no querer a este Real Madrid. Si no eres capaz de disfrutar con jugadores –y señores- como Bellingham, Kroos, Modric o Brahim, lo más probable es que no te guste el fútbol.
Carlo Ancelotti ha vuelto a serenar las aguas del madridismo. Su rueda de prensa ha sido un bálsamo para la inquietud de tantos que a veces echamos en falta que el club responda a tanta infamia. Pero el Real Madrid no es el Barcelona. El club no puede dar navajazos de rencor como si estuviéramos discutiendo en la puerta de una discoteca. En su tiempo, Mourinho parecía bajar al barro, en su estilo, pero lo cierto es que podía permitírselo porque tenía un extraordinario sentido del humor; ahí no había rencor, tan solo ganas de rock and roll y show. En todo caso caso, Ancelotti lo ha hecho a su estilo, ha dejado claro lo que toda España y toda Europa sabe: que por más que el Barsa intente enfangar, nadie podrá borrar la vergüenza del Caso Negreira. Que el Madrid, a fin de cuentas, ha ganado ligas cuando realmente sí que era “muy difícil” ganarlas, Xavi.
Ancelotti ha estado brillante otra vez. Por cosas como esta, el orgullo de ser madridista también se vive fuera del campo.
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