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Entrevistas·

Andrés Amorós: "Modric es el mejor"

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Editorial La Galerna

Hay una sabiduría que no se da importancia, y que no consigue rechinar ni aun constituyendo la anomalía que en estos tiempos representa. Nos citamos con Andrés Amorós al término de una de sus grabaciones matinales en esRadio y, aunque a lo largo de nuestro encuentro insistirá varias veces en que lo que dice es puro sentido común, no logra engañarnos ni mucho menos. Catedrático de Literatura Española y autor de más de ciento cincuenta libros, ha recibido, entre otros, los premios Nacional de Ensayo, Nacional de Crítica Literaria, Fastenrath de la Real Academia Española y Letras Valencianas. Enorme melómano, es tenido además por el máximo especialista en los aspectos culturales de la tauromaquia, aunque él de lo que sabe, dice, es de fútbol. En esto sí le creemos. 

P: En tu último libro, La vuelta al mundo en 80 músicas, vuelves a declarar tu amor por Bach. ¿Quién sería el Bach del fútbol?

R: Siempre digo lo mismo. En música, Bach. En novela, Cervantes. En teatro, Shakespeare. En fútbol, Don Alfredo Di Stéfano. El que no sabe eso es porque no lo vio jugar. Fue el mejor.

P: ¿Qué quiere decir “el mejor”? Esa sería la primera pregunta. O la segunda. 

R: No era el más brillante. No era el mejor regateador. Era completo. Era todo el fútbol. Una vez coincidí con Valdano en un palco del teatro. “¿Tú viste jugar a Don Alfredo?”, me preguntó. “Claro”, respondí. “¿Era mejor que Cruyff? ¿Mejor que Maradona?” “Por supuesto”. Y no es opinión mía, sino que es demostrable.
¿Habría podido Maradona jugar de defensa central? ¿Y Pelé? ¿Y Messi? Pues resulta que Don Alfredo Di Stéfano sí, porque Don Alfredo era el fútbol. Jugó de central contra el Rapid de Viena, y su aportación nos salvó el pellejo en aquel partido angustioso en medio de la nieve. Jugaba donde le daba la gana. Remataba con lo que quería. Tenía regate, pero no regate en corto, porque al que regatea en corto le sacuden y se lesiona. Don Alfredo no se lesionó casi nunca porque su regate era en largo. Cuando llegaba el intento de patada, él ya estaba muchos metros por delante. Poseía físico. Carácter. Todo.

P: Tu amigo Luis Alberto de Cuenca nos decía hace poco que el Madrid, de ser un poeta, sería Homero. El Barça en cambio sería Proust, “un coñazo”, según Luis Alberto. ¿Tú qué...?

R: (Me interrumpe). Eso es una tontería. No se puede discutir a Proust. No es que te guste o no. Es que está fuera de duda. Ahora bien, tienes que saber lo que es antes de leerlo. Es un estilo lento, premioso. No soy un loco por Proust. Pero lo tengo en mi mesilla de noche. Proust es una referencia absoluta para cualquier escritor. ¿El Barcelona? Es un buen equipo, pero se ha pasado la vida mirando al Madrid. Hay una parte de complejo en su actitud. El Madrid en cambio no mira al Barcelona. Menuda estupidez cometió el Barcelona con Di Stéfano, negándose a pagar a Millonarios para hacerlo suyo. ¡Podían haber tenido a Di Stéfano y Kubala juntos! En lugar de hacer eso, se han pasado la vida observando al Madrid desde la inferioridad. ¡Y echan la culpa de sus males a Franco!

P: O al centralismo, ¿no? Siempre hablan de “Madrid”, así, en abstracto, como el culpable de todos sus males.

R: Sí, sí... ¡Madrid! ¿Qué es eso de “Madrid”? Es puro aldeanismo lo suyo. Y conste que el Barcelona ha tenido temporadas con grandes equipos. Aquel Barça con Evaristo, Martínez, Suárez... era de los mejores del mundo. El Barcelona es un buen equipo. A veces.

P: (Risas). ¿Qué jugador histórico del Madrid te parece que está infravalorado?

R: Zárraga. En el Madrid de la primera y segunda Copa de Europa, Zárraga era fundamental. No todos pueden ser primeros violines. Era el medio de cierre, el Casemiro de la época. Ambos cumplen su función en un equipo aunque no sean grandes estrellas. Qué importantes son esos jugadores. Un equipo necesita compensar. Otro de quien me acuerdo mucho es Juanito Alonso, entre otras razones porque yo jugué con él en la playa, en Fuenterrabía. Quizá fuese el portero más regular que ha tenido el Madrid en toda su historia. Y el antecedente de Santamaría: Louis Hon, un central francés de enorme elegancia, un precursor de Beckenbauer. Y por último Pahiño, que era buen rematador pero tenía fama de que leía. (Risas). Una vez, recibió una entrada de Biosca, el defensa del Barcelona, y Pahiño le contestó con otra patada. Un periodista catalán escribió: “¿Qué se puede esperar de un delantero centro que lee a Tolstoi y a Dostoyevsky?”

“¿Tú viste jugar a Don Alfredo?”, me preguntó Valdano. “Claro”, respondí. “¿Era mejor que Cruyff? ¿Mejor que Maradona?” “Por supuesto”.

P: Y de los de ahora, ¿cuál es tu favorito?

R: Modric. Claramente. Es un estilo Rial. Todo lo hace bien. Usa siempre la cabeza. Regatea cuando hay que regatear, pasa cuando hay que pasar... y defiende como el que más. Qué extraordinario jugador. A Lobanovski le preguntaron cuál es el secreto del fútbol. “El fútbol no tiene secretos”, confesó. “Simplemente hay que pensar”. Eso es Modric.

P: Hay personas que trazan el paralelismo Bernabéu-Florentino.

R: Bernabéu fue esencial en la historia del Madrid y en la del propio fútbol. Fue un visionario que hizo cosas como construir el Bernabéu, fichar a Di Stéfano o incorporar a Saporta pese a que este no sabía nada de fútbol. Son épocas distintas. Lo de Bernabéu era artesanía. Florentino es un hombre de negocios. En comparación con algunos arribistas que han aterrizado en la planta noble del Bernabéu, Florentino es una bendición. Es un hombre serio que sabe gestionar una empresa. A veces le pierde la vanidad. “Sé cómo llevar una empresa que factura muchos millones, así que también podré llevar un club de fútbol”. Pero en un club de fútbol hay ciertos aspectos sentimentales que no son como los de la empresa.

Lo de Bernabéu era artesanía. Florentino es un hombre de negocios.

P: Ha pasado ya un tiempo. ¿Suficiente para ponderar razones por las que pudo dimitir Zidane?

R: Siempre dije que, aunque el Madrid ganara la Champions, que la ganó, tenía que cambiar la plantilla. Desconozco las interioridades, pero creo que Zidane no quería llevar a cabo esa ingrata tarea. No sé si hizo bien o no, pero el que alguien dimita en esta España de nuestros días se merece mi respeto. Se podía haber agarrado al cargo. España es como ese coro de El rey que rabió, el coro de la dimisión. ¡La dimisión jamás!

P: ¿Admiras mucho a Zidane?

R: Mucho. Sobre todo como jugador. Yo estuve en Glasgow cuando ejecutó aquella volea. Impresionante.

P: ¿Prefieres ese gol al que, por ejemplo, marcó Gareth Bale en la Final de Kiev?

R: Claro. Esa volea es muchísimo más difícil que cualquier chilena. Vamos a ver. La gente se cree que yo sé mucho de música. De lo que de verdad sé es de fútbol. No solo porque ya llevo unos cuantos años como espectador, sino porque, modestísimamente, lo jugué también. Eso te sirve para apreciar la dificultad técnica. Pobre de mí, yo era malísimo, pero gracias a que he jugado puedo saber que esa volea se le va a las nubes a cualquiera. Hacer eso es imposible. Lo otro tiene más que ver con la habilidad gimnástica. Ya sé que también es muy difícil, yo tampoco lo haría. Pero lo de Zidane es otra cosa.

P: ¿Qué te pareció la destitución de Lopetegui al frente de la selección?

R: Al principio me alarmé un poco. “No sé si es el momento adecuado para dar la noticia de que ha fichado por el Madrid”, pensé. Con todo, Rubiales hizo lo que no se debe hacer. Yo tuve un puesto en el Ministerio de Cultura, por el cual me gané el Cielo o al menos me quité muchos años de purgatorio. Era Director General de una cosa que se llama el INAEM. Cuando mandas en una cosa, debes tragar muchos sapos, porque si echas a la calle al tipo con el que estás cabreado normalmente es, por mucho que te lo pida el cuerpo, mucho peor para el grupo humano que tienes a tu cargo. Echar a Lopetegui fue un disparate. Te tragas tu rabia y tu orgullo y dices: “Cuando acabe el Mundial, ya hablaremos. Ahora hemos de remar en la misma dirección”.

P: ¿Fue Rubiales demasiado influido por la prensa en esta decisión?

R: Claramente. Dicen que ha tenido mucho coraje al tomarla. A mí me gustaría que hubiera tenido el coraje de enfrentarse a las críticas que le hubieran llovido, caso de haber mantenido a Lopetegui, por parte de muchos conocidos periodistas a quienes guía su gran antimadridismo. “¡Qué gran ocasión para poner verde a Florentino!”, se dijeron todos. Rubiales se asustó al ver que habrían arremetido contra él los de la Ser, los del As, etc.

P: Además, en su rueda de prensa, hay un momento en el que mira a los periodistas y dice: “Os he escuchado a todos y sé que estáis de acuerdo con la decisión”.

R: ¡Bueno, bueno! ¡Eso es muy significativo! Y luego hay otra cosa: si a Lopetegui le hubiese contratado la Real Sociedad o el Bayern de Múnich en lugar del Real Madrid, ¿qué habría pasado? ¡Nada! Hay un odio cerval al Madrid. Alguien llegó a decir: “Prefiero que España pierda a que gane con un seleccionador que va a entrenar al Madrid”. Lo que quizá es discutible es la oportunidad o no de anunciarlo por parte del Madrid y Lopetegui. Hay varias razones por las que no debía anunciarlo en ese momento: enrarece el ambiente, se pueden malinterpretar sus decisiones... Pero luego piensas: ¿y si hubiera esperado al final para decirlo? Entonces la reacción habría sido: “Esta canalla ya lo sabía, ¡nos lo ocultaba a todos!” No sé. A lo mejor se han pasado de ingenuos pensando que no iba a traer cola. Pero echar a Lopetegui en un calentón fue absurdo en cualquier caso.

Dicen que rubiales tuvo mucho coraje al tomar esa decisión. A mí me gustaría que hubiera tenido el coraje de enfrentarse a las críticas que le hubieran llovido en caso de haber mantenido a Lopetegui.

P: Antes hablabas del odio al Madrid. ¿A qué lo atribuyes?

R: Es una constante en la historia de la humanidad. Se odia al que está arriba. A mí me encantan los toros, como sabéis. ¿A quién pone a parir el tendido del siete? A la primera figura. Al pobrecito siempre le apoyan. Llegan aquí Ponce, el Juli... y lo que desata es un “Se va a enterar ahora”. España fue el país más poderoso en los siglos XVI y XVII, Francia en el XVIII, Inglaterra y Alemania en el XIX y Estados Unidos en el XX y XXI. Ese país que es el que manda en ese momento es imitado por todos los demás (su lengua, sus costumbres...) ¡pero todos lo odian! Los italianos copiaban palabras del léxico español en el XVII porque España mandaba en el mundo, era el modelo imitar, pero a la vez nace la leyenda negra que nos denostaba. Con el Madrid pasa lo mismo, y hay algo también del resquemor del mediocre que envidia al talentoso.

P: ¿Sí?

R: Sin duda. Yo soy catedrático de literatura. Recuerdo cuando se publicó cierta novela de un autor colombiano. El libro se llamaba Cien años de soledad. Hice la crítica en Revista de Occidente. Hace poco se han recopilado la mayoría de esas críticas en un libro, La llegada de los bárbaros, que versa sobre la acogida en España del boom literario hispanoamericano. Yo escribí que era una obra destinada a ser un clásico: no hacía falta ser un genio para determinarlo. Pero no todo el mundo dijo lo mismo. Escritores españoles muy renombrados decían cosas como “¿Qué me va a enseñar a mí uno que viene de Colombia?” Imagínate. Es como si yo dijera que García Márquez no merecía el Nobel, que quien lo merecía era yo. A todos nos gustaría ser el mejor, y duele no serlo. Es la envidia.

P: ¿Te atreverías a darnos tu once histórico del Madrid? 

R: Me gusta poco la idea. Se mezclan épocas, tácticas... Pero no quiero negaros la respuesta.  Ahí van “Once pares de botas”, como el título de la película: Juanito Alonso; Sanchís (padre), Santamaría, Roberto Carlos; Pirri, del Sol; Amancio, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento.
Entrevista: Jesús Bengoechea
Fotografía: Fernando Díaz Madrigal

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