Aquellos maravillosos años: 1999
Rafael Gómez de Parada
Se cumplen veinte años de uno de los mejores años de la historia del cine, y La Galerna ha destacado siempre (entre muchas otras cosas) por su buen gusto cinematográfico, así que me pareció adecuado este modesto homenaje a algunas de esas grandes películas que aquel año glorioso nos dejó.
Para situarnos en el contexto, aquel año de finales de siglo nos dejó la obra póstuma de Stanley Kubrick, Eyes wide shut, la indefinible rareza de Spike Jonze Cómo ser John Malkovich, un nuevo peliculón de Michael Mann como El dilema, y varias obras notables como Las normas de la casa de la sidra, Huracán Carter, La milla verde, Las vírgenes suicidas, Magnolia, Tres reyes o El guerrero número 13. Nos dejó también películas que generan tantos sentimientos positivos como de odio, como Todo sobre mi madre, Nunca me han besado, La trampa, Inocencia Interrumpida, El proyecto de la bruja de Blair, Una historia verdadera o Crueles intenciones.
Pero si por algo se recuerda aquel glorioso año de 1999, al menos para el autor de este texto, es por estas cuatro películas que están muy arriba en mi lista de favoritas:
- American Beauty, de Sam Mendes. La historia de Lester Burnham, un cuarentón un tanto hastiado de todo, “un tipo corriente sin nada que perder”, que tiene una mujer maravillosa con (y por) la que ha perdido el cariño y el afecto, lo que le lleva entre otras cosas a empezar a fijarse en jovencitas adolescentes. “Siento que he perdido algo”. La película comienza con la mítica escena de “el mejor momento del día”, esa masturbación en la ducha, y continúa con grandes momentos como el de la hamburguesería y su “quiero la menor cantidad posible de responsabilidad”.
- Matrix, la grandísima historia de los (por aquel entonces) hermanos Wachowski sobre un mundo virtual en el que se mueve la humanidad, puesto que el real está dominado por las máquinas. Neo, el Elegido, vendrá a liderar la rebelión de los pocos hombres que han escapado de ese Matrix virtual. Encontrará traidores en sus filas y una oposición infinita de las máquinas en su empeño por devolver la luz a tanta oscuridad.
- El sexto sentido, de M. Night Shymalan. “En ocasiones veo muertos”, una frase mítica que entró directa en la historia del cine. Creo que no queda nadie por saber que es una historia de espíritus y fantasmas en la que algunos protagonistas no son conscientes de su verdadera condición hasta el final.
- El club de la lucha, de David Fincher. “La primera regla del Club de la Lucha es que nadie hablará sobre el Club de la Lucha”. Brad Norton y Edward Pitt en una historia antisistema sobre unos tipos nada encantadores que hacen bastante más que darse de hostias por placer. El objetivo va mucho más allá, es tremendamente ambicioso: destruir todo lo que huela a consumo y capitalismo porque “tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos” y porque “únicamente cuando se pierde todo, somos libres para actuar”.
Pero esta es una página de fútbol, y más concretamente del Real Madrid, así que ahora voy a poner el contexto de aquel maravilloso año de 1999 para nuestro bienamado club. Y puede que fuera maravilloso pese a que no se consiguió ningún título, y quizás lo fuera porque todavía nos duraba la sonrisa boba del triunfo en la Copa de Europa de 1998, tras la más larga sequía que padecimos. Fue la primera Copa de Europa/Champions que presencié y a finales de aquel año de 1999, en diciembre, tras la derrota por 1-5 en el Bernabéu frente al Zaragoza, comencé a pensar que una nueva Champions estaba en camino, en esa extraña conjunción de triunfo épico que sucede a diversos descalabros históricos de nuestro equipo.
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