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Opinión·13 de enero de 2026

Arbeloa-Pintus: madridismo y músculo

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Jesús Bengoechea

Nota: una variación de este texto de Jesús Bengoechea ha aparecido hoy en El Español

 

“¿Cómo se puede ser madridista cuando el Real Madrid ha dejado de serlo?”, suelta consternado en un grupo de WhatsApp alguien a quien ha escandalizado la precipitación de los acontecimientos. Me extraña, porque es un madridista veterano. Las últimas horas estarán bien o mal, serán fructíferas o un error histórico, pero nadie puede negar que son puro Real Madrid.

Hay poca coherencia en los críticos. Los que acusaban a Florentino de estar demasiado centrado en estadios y superligas censuran también una decisión que solo el tiempo revelará como acertada o contraproducente, pero que es cualquier cosa menos conformista con la situación deportiva. Pocas decisiones del mandatario blanco han acarreado más riesgo. Sin embargo, ha obrado desde una preocupación que a su vez es deudora de su pasión por el equipo, esa que muchas consideraban enterrada bajo paladas y paladas de guerras institucionales y cuestiones de hormigón.

El detonante es la baja forma física del plantel y su contrapartida más siniestra: las lesiones que han lastrado al colectivo de manera insoportable. El club planteó a Xabi la vuelta del preparador Pintus y el tolosarra, en postura de lealtad a los suyos que le honra, dijo que no. Hasta aquí llega, en el Madrid, la trayectoria de un técnico metódico y brillante que no era necesariamente, o al menos no aquí ni ahora, el técnico que necesita el mejor club del mundo. Son dos profesiones distintas.

Con Pintus llega Arbeloa (plantearlo así es tan legítimo como viceversa), un hombre de la máxima confianza presidencial, con  experiencia que se ciñe a la cantera si nos referimos a entrenar en sentido estricto. No obstante, el salmantino fue un componente no menor en el arranque de la época dorada contemporánea del club, y se ha labrado una justa imagen de guardián de las esencias. En un momento en que varios jugadores de la plantilla parecen haber olvidado el significado del escudo que portan en el pecho, a la par que otros no lo han descubierto aún, Álvaro Arbeloa se antoja la descarga eléctrica adecuada.

Arbeloa juvenil

He aquí algunos extractos de la entrevista que me concedió en 2016, en su último año como jugador del Real Madrid. Esta entrevista es un pequeño clásico. Yo no tuve ningún mérito, porque es el mejor entrevistado del mundo. Es sincero, franco, elocuente y se expresa como quiere, respaldando sus ideas con explicaciones articuladas, sensatas y tan promenorizadas como haga falta.

"El madridismo echa en falta a alguien que sepa decir ciertas cosas que no están bien vistas. José (Mourinho) denunció todo lo que le parecía injusto. Podía tener razón o no, pero denunciaba todo aquello que consideraba injusto con el club. Eso a él, personalmente, le acarreaba muchas críticas, pero abrió los ojos a buena parte del madridismo. Les hizo ver muchas cosas que antes ni se planteaban. Esa denuncia de lo injusto es un legado que la gente ha sabido reconocerle".

"Al Real Madrid es muy fácil atacarle y exigirle más que a los demás. Me refiero concretamente al famoso señorío. Yo digo: ¿qué pasa? ¿El resto de equipos no tiene que tener señorío? ¿Sólo el Madrid? Los demás, que hagan lo que quieran y no pasa nada, ¿verdad? Es un arma que se usa sólo para atacar al Real Madrid".

"Podríamos hacer más para tener una unidad todavía mayor, de tal forma que todos saltáramos en la defensa de este escudo cuando correspondiera. El no hacerlo en mayor medida ha podido influir en que sólo llevemos una liga en muchos años". 

"El ADN del Madrid no ha sido tanto siempre el juego bonito como la garra, el empuje, el coraje, el esfuerzo".

"Ojalá algún día todos sepan que lo más importante es el Real Madrid y que lo que digan de ti da un poco igual. Lo importante es dejarte la vida por este club que nos ha dado tanto. Los futbolistas estamos siempre en deuda con el Madrid. Me hace gracia cuando oigo a exfutbolistas quejarse: “Con todo lo que hemos hecho por el Madrid y ahora tal”. Perdona. Es el Madrid el que ha hecho mucho por ti. Por mucho que tú hayas hecho por el club, es siempre superior lo que el club ha hecho por ti. Eso seguro". 

Al margen de sus gustos técnicos y tácticos (que está por ver si podrá trasladar a la primera plantilla, al tratarse este de un universo diferente), Arbeloa es una transfusión de madridismo en vena, es decir, de exigencia controlada, para jugadores en aparente necesidad de glóbulos blancos. Sí esto no fuera más que una metáfora, el propio Álvaro se ocuparía de la extracción de su hemoglobina, traería los tubos y el portasuero, sentaría jugador por jugador en la camilla y aplicaría el catéter hasta reanimar las lánguidas arterias del millonariado vikingo. Es un hombre con una aproximación práctica y pormenorizada a la grandeza.

Eso, de puertas para adentro. De puertas para afuera, el madridismo combativo de Arbeloa promete conectar con una masa social hastiada de la actitud de las instituciones contra el club. Durante su carrera como jugador, ejerció una resistencia numantina contra la narrativa oficial, orquestada por el lobby blaugrana, que le costó su puesto en la selección. No se calla jamás, ni compromete la verdad con palos calientes, asumiendo el coste de esta gallardía. Este carácter insobornable  no sirve por sí mismo para ganar, pero tal vez sí para encandilar a una afición harta del CTA, la alargada sombra de Negreira, Tebas y la doble vara de medir de la prensa deportiva. Su amor a la institución es del estilo kamikaze, y las ruedas de prensa prometen.

Hace justo diez años, por estas fechas, un golpe de timón similar por parte de Florentino desembocó en el inicio de un recorrido mítico. Arbeloa no tiene sobre los jugadores la ascendencia resplandeciente que entonces adornaba a Zidane, pero sí la fuerza de la convicción y el atractivo desmesurado de quien no se casa con nadie y lo subordina todo al bien del colectivo. Nos conformamos con la mitad de lo que logró Zizou.

Buena suerte. La va a necesitar.

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