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Opinión·19 de agosto de 2018

Así somos, Julen

E

Eloy Lecina

Así somos, Julen: títeres de nuestra propia pasión. Perdemos una final y, al no saber qué se hace ante esa desconocida situación, decidimos jugar a ponerte cara de Benítez. Vemos que no tienes los ojos verdes de Zidane, que quizás en Glasgow solo has estado de turismo y nunca recogiendo de volea un centro de Roberto Carlos y, ¡claro!, nos dejamos llevar por el mosqueo de una mala noche, de las que habrá muchas por desgracia.

Somos los mismos, Julen; esos que la madrugada del pasado ocho de agosto estábamos trasnochando por ti y los tuyos viendo cómo nos deleitabais ante la Roma con una primera mitad cargada de argumentos ilusionantes de cara a esta temporada que ya ha comenzado, aunque no con muy buen pie. Somos los mismos, querido Julen, que tres días antes –ante la Juventus– aplaudimos que apostaras por la raulización de Asensio colocándole de nueve. Exactamente los mismos que celebramos, esa misma noche, los dos tantos del mallorquín en apenas diez minutos.

Somos los mismos para mal, amigo Julen, pero también para bien. Si te da por arrancar la Liga con tres o cuatro victorias consecutivas, diremos que tu pizarra es de oro, tu traje de polvos de diamante y besaremos cual abuela tu mano izquierda (o derecha, ya lo veremos). Porque no tenemos memoria ni la tendremos. De la Decimotercera nos acordamos porque nos han colocado un parche en el brazo, gracias a dios. O cuando Klopp llama criminal a Ramos y Anfield ovaciona al ya suplente Karius pero el número que dibujan los rostros madridistas es el 14. Lo que haya antes o después importa más bien poco.

Esa falta de memoria es la que hace que olvidemos por completo la primera mitad que cuajó el Real Madrid en Estonia. Tras el tempranero gol de Diego Costa, servido por un Sergio Ramos y un Raphael Varane todavía de vacaciones, el equipo se recompuso y desordenó a un Atlético de Madrid que pudo marcharse al descanso con un 2 a 1 en contra reflejado en el marcador. Pero los errores del conjunto blanco en la segunda mitad, y especialmente en la prórroga, hicieron tambalear los recuerdos recientes y el drama se apoderó de todos. Con más o menos razón, nos volvimos locos.

Así somos, Julen, utilizamos el verbo “ganar” en infinitivo para que ningún tiempo verbal nos juegue la mala pasada de conjugárnoslo en pasado o futuro. De ahí que tengamos la memoria justa para acordarnos de que un equipo que aspire a todo necesita una plantilla más completa de la que disponemos ahora. Con su Morata, su James e incluso su Kovacic. Todos hechos un pincel. De lo contrario, en las tres fiestas que vamos a afrontar –Copa, Liga y Champions–brindaremos con Champín y moriremos de aburrimiento si no contamos con toda la gente necesaria para salir a hombros de cada una de ellas. No depende de ti, míster, sino de la música que esté dispuesta a poner la directiva. Recomiéndales bien y sé pesado.

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