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Destacados·29 de octubre de 2020

Banquillos efímeros: Arsenio Iglesias

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Javier Roldán

Pese a llegar como campeón de Liga tras cuatro años de dominio barcelonista, la temporada 1995/96 sería de quiebre para el Real Madrid. Poco antes de empezar el curso, Jorge Valdano se había mostrado disconforme por la insuficiencia de la directiva presidida por Ramón Mendoza para ficharle los futbolistas que necesitaba una plantilla envejecida. El equipo acumularía tres derrotas y dos empates en las seis primeras jornadas ligueras, y el técnico no encontraría ni la alineación ni el ambiente adecuados, situación que acabaría enfrentándole a figuras importantes del equipo como Míchel, Luis Enrique o Laudrup, que fueron relegadas por jóvenes como Gómez o Álvaro.

En lo institucional, los problemas económicos y las disputas internas precipitarían la dimisión de Mendoza el 20 de noviembre, después de haber vencido a Florentino Pérez en los comicios celebrados meses antes y, tras tres reelecciones y llevar más de diez años en el cargo. El vicepresidente Lorenzo Sanz consiguió los apoyos necesarios de la directiva para tomar el testigo del mandatario, a espera de ser ratificado en febrero. Dos días después, estrenaría cargo presenciando una sonrojante derrota por dos goles a cero contra el Ajax, la segunda en esa Liga de Campeones frente al mismo rival.

En lo institucional, los problemas económicos y las disputas internas precipitarían la dimisión de Mendoza el 20 de noviembre. El vicepresidente Lorenzo Sanz consiguió los apoyos necesarios de la directiva para tomar el testigo del mandatario

Para inicios del año 96, con el equipo sumido en una nueva crisis de juego y resultados, la presión ambiental exigió que Sanz se viese por primera vez ante el eterno debate entre presidentes y entrenadores: “No se ha cuestionado la labor del técnico, aunque la directiva está preocupada por la marcha del equipo. El Real Madrid no ha comenzado a negociar con ningún entrenador. Ni con Capello, ni con Luis Aragonés”.

Pero el 11 de enero, la derrota por 4-1 contra el Espanyol dirigido por Camacho en la Copa del Rey ponía realmente al técnico blanco contra las cuerdas. Tras declarar que seguiría confiando en el plan de juego que los hiciese campeones, Valdano admitiría que “el equipo vive bajo un aire de conflictividad que no tiene salvación posible”. Una semana después, los de la capital serían eliminados en octavos de final aún con la dupla compuesta por Valdano y Cappa en el banquillo.

Valdano Cappa

Para la siguiente cita liguera, en un derbi que los mediría al Rayo Vallecano, junto a Míchel, Milla o los habituales titulares Quique Flores y Zamorano, Sanchís visitaba el banquillo por primera vez en la temporada por decisión técnica, en lo que acabaría por ser una derrota 1-2 que se convertiría en el última cita del entrenador argentino al mando del equipo. El Madrid quedaba a 16 puntos del líder, un Atlético que finalmente conseguiría el doblete.

Antes de disputarse la vuelta copera contra el Espanyol, la prensa informó de que Arsenio Iglesias podía ser la alternativa al banquillo madridista si se producía la eliminación. A sus 65 años, el de Arteixo comentaba partidos para la televisión y disfrutaba de su tercer retiro como entrenador, tras despedirse en junio con la conquista de la Copa en la dirección de un Deportivo que, de la mano de Toshack, poco después había sido el verdugo del propio Madrid en la Supercopa de España.

“Estaba jubilado, pero había una pequeña puerta abierta. Yo decía, igual viene el Milán, pero mira qué suerte tuve que vino el Real Madrid”. Acompañado de su asistente García Remón, el gallego declaró ir a la capital para “cumplir un sueño”. Por su parte, Lorenzo Sanz aseguraba que “más que un revulsivo, espero que Arsenio traiga la tranquilidad”.

“Estaba jubilado, pero había una pequeña puerta abierta. Yo decía, igual viene el Milán, pero mira qué suerte tuve que vino el Real Madrid”

Desconsiderando que el gran trabajo de Iglesias en La Coruña había sido casi familiar y costumbrista, Sanz esperaba que el carácter reposado, la sabiduría del veterano y el respeto hacia un técnico que recientemente había llevado al Dépor desde Segunda al máximo nivel competitivo fuesen argumentos suficientes para que las estrellas madridistas se implicasen en conseguir el humilde objetivo de clasificarse para competiciones europeas. Algo que no sucedería.

En lo puramente deportivo, la llegada de Arsenio suponía un regreso táctico a planteamientos que habían dejado de usarse en los primeros equipos del Madrid desde la llegada de Benito Floro en 1992. A diferencia de la marcación combinada con patrones mixtos y hombres libres usada por Antic, Arsenio y la mayoría de entrenadores de la Liga todavía a inicios de los noventa, tanto Floro como Valdano empleaban la marcación zonal, con una zaga en línea de cuatro hombres y la presión hacia delante como idea grupal, método que Sacchi había popularizado a finales de los ochenta con su arrollador AC Milan. Además, la influencia del campeón del mundo Menotti sobre Valdano hacía que el técnico argentino trabajase el conocido achique de espacios desde mitad de campo para propiciar la trampa del fuera de juego, una elaboración sin balón arriesgada e inusual en la época.

Arsenio Lorenzo Sanz

Con Arsenio Iglesias, el Madrid volvería a apostar por una propuesta que podría considerarse tradicional. Se trataba de alineaciones pertrechadas por cinco defensores en distribución asimétrica, con marcadores, líbero, carrileros y pareja de pivotes. La propuesta proactiva de balón y presiones altas de Valdano, que sin el correcto funcionamiento había tornado en descontrol y separación de líneas, daría paso a un plan de espera en campo propio con muchos futbolistas por detrás de la pelota y una voluntad de ejecutar la fase de posesión mediante ataques rápidos, unas veces con envíos directos y otras al contragolpe. Por ello, en pocas semanas los futbolistas deberían funcionar con unos mecanismos que la mayoría no usaba con habitualidad —a excepción de los períodos con la selección— desde hacía varios años, lo que no era tarea fácil.

Aun en sus éxitos, Arsenio fue considerado un entrenador que no asumía riesgos. Él no tuvo reparos en sentenciar que “entre jugar bien y ganar, prefiero ganar”. Pero a la vez se defendía de las críticas explicando su propuesta de juego del siguiente modo: “No soy defensivo. Creo en una defensa organizada que empuje al equipo, nada más. (…) Para ganar hay que jugar bien, con velocidad y agresividad; y, si hace falta, metiendo un balonazo largo para ver si sorprendemos y creamos peligro”.

Alineación tipo Arsenio

Tras estrenarse con una victoria por 1-2 en Oviedo a finales de enero, en un mal partido donde fue expulsado Luis Enrique, y ganar al Betis en casa por cuatro goles a dos después de remontar el resultado adverso, la contundente derrota por 3-0 en el Clásico jugado en el Camp Nou inició la mala racha. Un inmediato empate contra el Valencia provocaría que Arsenio asegurase que “el equipo está triste en el Bernabéu, no se atreve a arriesgar. El miedo nos quita el atrevimiento, impidiendo sacar el pelotazo bueno, el que nos puede llevar al gol”.

Había cambiado el planteamiento de los partidos, pero ni este mejoraba el juego ni la actitud de los futbolistas conseguía ser la idónea, por lo que los resultados no llegaban. A las salidas de Nando y Petkovic en invierno se sucederían varias lesiones a lo largo de las jornadas. Amavisca pasó por el quirófano y solo regresaría para el desenlace de la Liga. También cayeron los otros dos fichajes extranjeros de ese curso, un Rincón del gusto de Valdano que fue prácticamente descartado por Arsenio, y Esnáider, quien recomprado tras dos buenos cursos en Zaragoza, no pudo adelantar a Zamorano en un puesto de ariete que precisaba mucha movilidad y energía para ser eficaz en el dibujo 5-3-1-1. Buyo sufriría una rotura de fibras que permitió a Cañizares hacerse con el puesto durante el tramo final de competición. Redondo se rompería un ligamento del tobillo izquierdo, perdiéndose muchas fechas. Las ausencias en defensa de Soler y sobre todo las reiteradas de un Sanchís disconforme con el Brujo abrirían las puertas a los canteranos García Calvo y Fernando Sanz, marcadores centrales que dieron minutos de calidad en la racha final de victorias. Por otra parte, un Raúl que, a los 18 años, acabaría como máximo goleador del equipo con 19 tantos, se situaría de parte de su mentor Valdano desde su cese, lo que derivaría en una bronca con Remón tras ser sustituido en un partido que hubo de ser zanjada con una multa por parte del club.

Él no tuvo reparos en sentenciar que “entre jugar bien y ganar, prefiero ganar”

Antes de marcharse, Valdano había clasificado al Madrid para cuartos de final de la Liga de Campeones, donde tocaría medirse a la Juventus de Lippi, a la postre campeona. En una muestra de que Arsenio cuidaba especialmente el aspecto defensivo, antes de la cita manifestó lo siguiente: “Hierro es muy importante. Hay que suponer que cuando venga esta Juventus, que trae a Sousa y Conte, tipos altos, con él impediremos que nos ganen los rebotes”. Cuajando uno de sus mejores partidos, los de Arsenio ganaron 1-0 en la ida. Pero las bajas de Buyo, Redondo, Zamorano, los tantos de Del Piero y Padovano y un fallo al final de Milla provocaron la eliminación en el estadio Delle Alpi a finales de marzo. Acto seguido, un empate contra la Real Sociedad y una derrota en casa contra el Racing hicieron que Arsenio se plantease su dimisión, pero Lorenzo Sanz lo ratificaría.

Raúl Arsenio

El 21 de abril, el Madrid cosechó un récord negativo al perder en casa contra el Espanyol, en la que sería sexta y última derrota en el Bernabéu ese ejercicio liguero. Pese a que los cambios en las alineaciones fueron constantes, en el tramo final del curso el equipo logró centrarse, defender mejor y reducir la precipitación en los ataques que a menudo impedían al carrilero fuerte del equipo o al mediocentro liberado ser parte activa de las jugadas ofensivas. De las últimas cinco jornadas ligueras, el Real Madrid ganaría cuatro y empataría una, finalizando sexto en la clasificación. A diecisiete puntos del líder y a dos de las plazas de acceso para la Copa de la UEFA, por segunda vez en su historia se quedaría fuera de las competiciones europeas.

Arsenio Iglesias abandonaría los banquillos por cuarta ocasión, esta vez de manera definitiva y tras haber cumplido un sueño en el que los resultados pasaban a un segundo plano. A un Madrid donde se mantendría Lorenzo Sanz llegaría su admirado Capello y, con él, nuevos éxitos.

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