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Portanálisis·22 de abril de 2019

BBC River

L

La Galerna

Buenos días. Karim Benzema, proclamado ayer como “NUESTRO NUEVE” por la cuenta oficial de Twitter del club, que no suele distinguirse por pronunciamientos aventurados, arregló con un hat trick el enésimo (que acabe esto ya) compromiso irrelevante del equipo en esta campaña desnortada. El delantero francés ha marcado los últimos ocho goles de su equipo, un registro histórico, como histórica es la racha de tantos de cabeza marcados por el otrora “gato”.

Quién habría dicho hace unos años que de la BBC lo que resistiría la prueba del tiempo sería una de las bes que Relaño minusculizó (bbC), y aparentemente la más frágil del triángulo, la más liviana, la casi más ausente: Benzema nos gusta cuando golea porque ya no está como ausente, diría un antibenzemista reconvertido en benzemista para de inmediato ser regañado por un benzemista de toda la vida, de los que anatemizan a todo el que sugiere que algo ha cambiado en Karim. “Siempre ha jugado así”, sentencian dignos, sin aceptar componendas. No estamos seguros, como tampoco entendemos la renuencia a concederle una evolución que en todo caso hablaría a su favor, nunca en contra.

Treinta goles lleva en todo caso el gato, segundo clasificado en el pichichi liguero por detrás de Messi, en registros inusuales en él y que por eso mismo hacen temer por su sostenibilidad de cara al año próximo. Negar que Benzema necesita ayuda en la suerte del gol sería tan temerario como lo fue dar por hecho que con la marcha de Cristiano la suerte del gol se pseudoautogestionaría.

Cristiano, Benzema y Bale. El trío de ataque que Coto Matamoros bautizó como “la BBC” y del que cada vez va quedando menos. El número tres es el más bíblico, el más literario, el más cinematográfico. Los tres Reyes magos. Los tres mosqueteros. Los tres cerditos. El tercer hombre. Hay una historia cada vez que se juntan tres personas. Allí donde hay tres, hay un relato. ¿Qué novela o película no tiene la historia de estos tres jugadores tan extraordinarios como idiosincráticos? Tres caracteres muy distintos (en esa diferencia se forja el relato siempre) al servicio de una causa eterna. Pero el trío no es eterno. Ninguno lo es. Si acaso, la Santísima Trinidad o los hermanos Faerna. Uno de los vértices del triángulo de la BBC cedió ya al peso de la posteridad, un segundo parece a punto de hacerlo y el que queda se sostiene en el momento en que todo lo demás se derrumba, lo que cualquier escéptico o detective curtido tendrá todo el derecho a llamar pista falsa, al menos de cara al futuro.

De todas las historias a tres que pueblan la historia del cine y la literatura, acaso la más similar a la historia de la BBC sea Mystic River, la novela de Dennis Lehane magistralmente llevada a la gran pantalla por Clint Eastwood. La epopeya de tres amigos que a lo largo del tiempo luchan por sortear el trauma que les hurtó la inocencia. En este caso el trauma es el Real Madrid, que es gloria para algunos, shock eterno para muchos y las dos cosas a la vez para unos pocos. Cristiano sería Jimmy Marcus, el personaje que en la película interpreta Sean Penn, larger than life, idolatrado por sus fieles y odiado por sus enemigos con arreglo a sus indiscutibles dotes de liderazgo. Benzema sería Sean Devine (Kevin Bacon), el menos turbulento y más discreto de los tres, con su punto de misterio, con su somera lejanía y ese modo de apretar el gatillo con los dedos, ya hacia el final.

¿Y Bale?

¿Quién puede ser Bale sino Dave Boyle (Bale/Boyle), ese niño grande atormentado por los lobos y estigmatizado por cuantos le rodean a causa de la desgracia primigenia? La desgracia es aquí la hernia, los lobos pueblan el segundo anfiteatro y el estigma es imborrable, sea cual sea en este caso, el golf, la incapacidad para el subjuntivo, la coleta. Tim Robbins lo bordaba y Gareth también, noqueado por el público que le abronca incomprensiblemente en cuanto toca el balón, vejado por la prensa que indica la falta de ofertas, esa ausencia ominosa que anímicamente termina de postrarle.

Gareth es, de los tres, el que de verdad sufrió en sus carnes el trauma de jugar en el Madrid, ante esa afición imposible, en medio de ese entorno irrespirable. Es tremendo: lo ganó todo y varias veces, resultando decisivo en muchas de esas ocasiones, y sin embargo ahí está, grogui bajo la losa aplastante del periopiperío. Solo cabe pensar que algún día Cristiano y Benzema, que en comparación sólo salieron con unos rasguños, se miren a los ojos y se sinceren.

-Karim, a veces pienso que también tú y yo íbamos en ese coche.

Por lo demás, hay portadas catalanas y ardéis en deseos de verlas. No se hable más.

 

Pasad un buen día.

 

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