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Destacados·6 de febrero de 2024

Bellingham y Di Stéfano: ¿se pueden comparar?

A

Andrés Amorós

Mi buen amigo Jesús Bengoechea conoce de sobra mi admiración por don Alfredo (hablando de fútbol, no hace falta añadir el apellido): una devoción absoluta, totalmente justificada, porque lo vi jugar, desde su llegada al Madrid, y que no admite reparos.

Exactamente igual que me sucede, en otros terrenos, con Cervantes, Shakespeare, Velázquez y Juan Sebastián Bach. Por eso, con cierta timidez me apuntó Jesús que algunos estaban ya comparando a Bellingham con Di Stéfano.

Di Stéfano frente al Manchester United. 2 de octubre de 1959

Creo que se sorprendió cuando le respondí que no me parecía una de esas exageraciones, fruto del apasionamiento y de la ignorancia, a las que son tan dados los hinchas. (¡Cuántas veces he escuchado afirmar, con toda seguridad, que Messi es el mejor jugador de toda la historia!). De hecho, me parece lógica esa comparación, si la colocamos en sus debidos términos.

Ante todo, conviene tener claro que seguir una línea artística semejante no equivale a haber alcanzado el mismo nivel. Un ejemplo literario: de un escritor se puede decir que sigue una línea cervantina, y no quevedesca, sin que eso suponga creer que su categoría es equiparable a la de Cervantes ni a la de Quevedo. De un pintor, que sigue la línea de Velázquez y no la de Goya. De un dramaturgo, que intenta seguir a Chejov más que a Shakespeare…

Claro está que este tipo de semejanzas sólo pueden plantearse a partir de un alto nivel de excelencia artística; si no, serían sencillamente grotescas.

La realidad es que, este año, viendo jugar a Bellingham, yo también me he acordado a veces de don Alfredo. Más allá de los sentimientos de cada cual, lo interesante es intentar concretar algunas cualidades que los dos comparten.

La realidad es que, este año, viendo jugar a Bellingham, yo también me he acordado a veces de don Alfredo

Desde el primer día, sin que nadie lo planteara explícitamente, el jugador inglés se ha convertido en el jefe, el mandamás del equipo: la realidad se impone, a veces, de modo indiscutible. Él no sólo juega sino que hace jugar al equipo. (Exactamente igual que don Alfredo).

A todos nos ha sorprendido su capacidad goleadora, con la que no contábamos; se une a su dominio, en el centro del campo, y hasta a su capacidad defensiva. Domina todas las facetas del juego: la visión de la jugada, el pase, el regate, el desmarque, el remate con el pie y con la cabeza. Conduce el balón con naturalidad, con elegancia. Tiene potencia, zancada, resistencia. Es un verdadero comodín, un jugador completo. (Lo que era don Alfredo).

A todo eso, añade el jugador inglés unas cualidades personales que potencian todavía más sus virtudes técnicas: carácter, entrega, capacidad de sacrificio, espíritu de lucha, no rendirse ante las dificultades…

Bellingham

Algo más. Haciéndolo todo muy bien, no es un virtuoso de nada y no se adorna con florituras —salvo algún caño o algún regate en espacio mínimo, solamente si son útiles para salir de una situación complicada.

Un par de ejemplos más, dos jugadas que le he visto hacer, esta temporada. Una tarde, recibió un balón en el borde del área. Cerca de él estaban un par de compañeros, bien marcados; delante, cinco o seis contrarios, tapando cualquier posible avance. Con toda tranquilidad, Jude hizo un leve quiebro de cintura, se deshizo así del marcaje más cercano, colocó el balón con sutileza y, sin pensarlo ni un momento, lanzó un potente disparo que entró por la escuadra.

Lo que más me admiró de la jugada fue la sencillez, sin ningún adorno superfluo, con la que resolvió brillantemente la difícil situación. Esa difícil facilidad es el privilegio de los más grandes. Automáticamente, pensé: así lo hubiera hecho don Alfredo; también, Puskas, y muy pocos más, por la rapidez, para ver la jugada, y por la eficacia, para realizarla. (El húngaro estaba al máximo nivel como rematador pero no en otras facetas del juego).

El hecho de poder comparar a Bellingham con el mejor futbolista de toda la historia es ya un síntoma claro de su valía

Otra tarde, estaba Bellingham de interior izquierdo cuando vio venir hacia él al defensa derecho contrario, lanzado al ataque. No le dejó pasar, lo arrinconó contra la línea lateral y el defensa acabó perdiendo la pelota. Eso también lo hubiera hecho don Alfredo… y muy pocos delanteros más. De hecho, él lo hizo, la primera vez que jugó contra el Madrid: cuentan que ese detalle, junto a sus otras cualidades, fue lo que acabó de decidir a don Santiago para contratarlo.

No se me ocultan las evidentes diferencias entre Bellingham y Di Stéfano. La principal está clarísima: don Alfredo llegó al Madrid, creo, con 27 años, en su madurez futbolística. Jude tiene ahora sólo 20 años: como el título de la estupenda película de Fernando Fernán Gómez, “la vida por delante”.

Nadie sabe todo lo que podrá lograr Bellingham a lo largo de su carrera. Dependerá de la suerte, de las lesiones, del equipo, de él mismo… Pero es lógico que los madridistas estemos ilusionados con él.

Hoy por hoy, no es aventurado pensar que va a conquistar muchos trofeos y que va a marcar una época, en el Real Madrid. Lo mismo que hizo don Alfredo. El hecho de poder compararlo con el mejor futbolista de toda la historia es ya un síntoma claro de su valía.

 

Getty Images.

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