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Opinión·16 de diciembre de 2019

Busquets o la cebolleta humana

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Mario De Las Heras

Yo cada vez que veo hablar a Busquets me acuerdo del cíclope de cuando aquella simulación con Pepe (Pepe, madre mía, parece que fue hace siglos. Qué enormidad Pepe aquella vez que lo puso Mourinho de comecocos en el centro del campo y más allá. Habría que escribir como se merece sobre aquella actuación new wave: el punk pintándole con espray a Pep una cresta blanca en el Bernabéu mientras se le descolgaba la mandíbula).

Busquets cayó al suelo entre espasmos (los espasmos en el suelo son una especialidad azulgrana de la que también habría que hablar como se merece: qué dominio de la técnica, qué realismo, qué sutileza de cine mudo. El espasmo culé es como un calçot moribundo, una cebolleta humana en salsa que se insinúa sicalíptica al árbitro que no puede resistirse y pita, pita sin remedio).

Decía, entre tanto paréntesis, que Busquets cayó aquella vez como desmembrado y luego las cámaras captaron su ojo de Polifemo desde el suelo. El ojo de Daniel Day Lewis abriéndose de pronto en la oscuridad del pozo de petróleo (qué más quisiera). El gesto de la abubilla que construye su nido con estiércol, mayormente, para protegerlo de los depredadores. El caso es que cuando lo veo hablar con los dos ojos a la vista me sorprendo, como si viera a Julio Iglesias (qué tío más grande, Julio) por su perfil malo.

Busquets (el cíclope, la abubilla, también una de las víctimas de la devastadora bomba de mechero en racimo) ha salido diciendo que el árbitro vio el penalti a Piqué en Anoeta y no lo pitó a sabiendas de que no era lo que tenía que hacer. Resulta asombroso cómo el culé dicta siempre sentencia y cabalga contradicciones sin inmutarse. Esa es su esencia. Cómo pasa de señorito a sirviente según le vengan dadas. Lo de Busquets ayer fue como ver a Azarías hacerse pis en las manos en medio de la dureza y el frío del campo extremeño, en contraste con otras épocas, las más gloriosas, en las que era el mismísimo señorito Iván desde el cortijo.

Aquello del cíclope fue muy de señorito Iván igual que lo de ayer en San Sebastián fue muy de Azarías, y si me apuran hasta muy de la Niña Chica. Así es como están ahora en Barcelona, dando alaridos que resuenan hasta en el más recóndito despacho federativo y arbitral, y, por si aquellos no se sintieran, también envían cartas de queja a domicilio con toda publicidad.

Piqué ya señalaba a los cielos, ¡a los mismísimos cielos desafiaba delante de todos!, y no lo hacía sin tino, más bien con red, pues el caso, después de marearlo, terminó archivándose en los subterráneos más lóbregos. ¿Se acuerdan? A Mourinho el “purqué, purqué” le costó cinco partidos de sanción y cincuenta mil euros de multa. Claro que aquello lo impuso la UEFA y no la RFEF.

Lo que sí sabemos de lo último de Busi (Busi suena un poco como Bugsy )) es que el Comité Técnico de Árbitros va a denunciar sus palabras al Comité de Competición. Una información escueta de intercomité. De petit comité. Una cosa como de traspapelar, algo ligero y de poco interés para la prensa, que pondrá su mirada en algo más profundo y noticioso como, por ejemplo, el obsceno swing de Bale.

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