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Portanálisis·16 de abril de 2026

Caer con honor, levantarse sin demora

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La Galerna

Tuvo mérito el encuentro del Real Madrid en Múnich. Pero ameritar no es el mismo verbo que ganar. El equipo compitió como se compite en Champions. Realizó una primera mitad de altos vuelos, una oda al fútbol salvaje y entrópico, adelantándose por tres veces ante el conjunto alemán en su estadio. Y sucumbió —principalmente y con matices— porque el Bayern es mejor conjunto.

A estas alturas, los problemas están identificados, lo cual no significa que sean sencillos de resolver. El Madrid que vimos anoche, el competitivo, solo aparece en Champions. Un lastre crónico en forma de lesiones —que no afecta a otros grandes equipos de igual manera— provoca que la plantilla nunca esté en disposición de mostrar todo su potencial, que es mucho, a pesar de contar con asimetrías y falta de jugadores de toque en el centro del campo. ¿Qué plantilla no tiene carencias?

También parece evidente la dificultad de ensamblar un equipo que funcione con todos los que tienen que jugar a la vez sobre el campo. Se yerran demasiadas ocasiones claras de gol si tenemos en cuenta los jugadores que se disponen en ataque. Se conceden numerosas oportunidades, pero ahí no podemos decir, por diferentes motivos, que se cuente con una zaga insuperable.

Se depende en exceso de algunos aspectos: la presencia del mejor portero de la historia, un buen —o al menos un— Tchouaméni, el acierto goleador de quien normalmente lo ha tenido o de no regalar tantos al rival.

Dicho esto, hoy queda un día menos para volver a ganar otra Champions. La crítica es necesaria, pero esto es el Madrid, y la fuerza para dar la vuelta a la situación está dentro de él mismo, en su propia constitución. Hay quien no parece recordar, a pesar de lo tozudo de la realidad y la historia, que el Madrid siempre se levanta, siempre vuelve, solo es cuestión de tiempo y trabajo.

Además, en estos momentos, parecen caer en el olvido los motivos para el optimismo de cara al futuro. Son necesarios cambios de calado, pero la base es mejor de lo que muchos piensan. Güler ha dado el paso para ser diferencial en Champions y su techo parece aún lejano. Arbeloa ha inyectado nutrientes de la cantera que refuerzan el conjunto, a la par que ha mejorado el ambiente general. Thiago es el mejor ejemplo.

La cosa no fue tan desastrosa cuando hasta Marca tilda de injusticia la eliminación del Real Madrid. «El Madrid se despide de la Champions con honor». En nuestra crónica de anoche hablábamos de «Cruel destino de un Madrid digno».

El Madrid contó con posibilidades reales de pasar hasta el final. ¿Fue determinante la expulsión de Camavinga? Para este portanalista, sí. Pero jamás podrá saberse qué habría ocurrido si el francés hubiese seguido en el campo, porque también es cierto que el Bayern ya había disfrutado de ocasiones como las de los dos últimos goles, la diferencia es que no las había materializado.

Una expulsión, la de Eduardo, tan rigurosa como «inexplicable», según declaró Arbeloa con posterioridad. Alberto Cosín afirmó en su crónica arbitral que cuesta creer que en Europa el jugador de un equipo local hubiese visto esa segunda amarilla.

La crítica a Camavinga viene más por la acumulación de desconexiones o faltas de concentración que por la gravedad de la acción en sí. No obstante, las dificultades del francés para mantener los cinco sentidos durante todos los minutos del partido y la incapacidad para ponderar riesgos no parece discutible. Como tampoco lo es su excelsa calidad.

Para As sí fue determinante la actuación de Slavko Vinčić y titula «Hasta que el árbitro quiso». Por muchos errores que cometiese el Madrid en la eliminatoria, hay dos hechos incontrovertibles: Tchouaméni no debió perderse este partido y Camavinga no debió ser expulsado. Los madridistas somos críticos, pero no podemos olvidarnos de estos dos condicionantes.

Como bien apunta Quillo Barrios en el vídeo que os dejamos abajo, es obligado resaltar cómo hoy tanto As como Marca señalan el arbitraje como determinante para el resultado de la eliminatoria cuando en España han callado y callan ante el sinfín de corruptelas y tropelías vistas cada jornada. Aquí se ha silenciado el caso Barça-Negreira, la conexión de árbitros actuales con el hijo del exvicepresidente arbitral. A Mbappé le han partido una ceja, las imágenes con la sangre se han ocultado y no hay portadas contra el estamento arbitral. La explicación es clara, de la UEFA no llega dinero en forma de publicidad institucional.

 

La prensa culé vive en su particular universo, no es nuevo. De la vergonzosa vergüenza del indignado Laporta de Mundo Deportivo al barriobajero «¡A la calle!» de Sport. Este último diario se refiere al Madrid como desastre. Quizá habría que recordarle que desastre no es caer en Múnich peleando hasta el 94, desastre es tener que celebrar las derrotas ajenas para justificar la miseria propia. También afirma que el Madrid «cayó tras probar su propia medicina». No sabíamos que la expulsión, llamémosla peculiar, del mediocentro fuera la medicina del Madrid.

Estamos jodidos, amigos, lo estamos porque hemos perdido y queremos ganar siempre. Además, lo estamos por la crueldad con que se produjo la derrota tras hacer frente a un Bayern estupendo. La prueba de la competitividad del Madrid es que bien pudo derribar a los bávaros. Nos duele también por Álvaro Arbeloa. Creemos que no es el responsable y merecería una oportunidad.

También es cierto que este club no se detiene nunca y hay cambios —no pequeños— que son inaplazables.

Cabeza alta y a levantarse, que somos el Madrid.

Pasad un buen día.

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