Calamaro: “El Madrid es el equipo del pueblo”
Editorial La Galerna
Por momentos se nos olvida que, en sus mejores horas algorítmicas, Twitter es una especie de bar de tertulias. Y me permito un desdoble: para quienes no vivimos ni viviremos en España, Twitter Madrid es estar lo más cerca posible de uno de esos bares llenos de tertulianos madridistas en los alrededores del Santiago Bernabéu.
A la pasión, a los bares y a las tertulias solemos acudir los futboleros como sea, presa de ese encanto democratizador que tienen primero el fútbol y segundo, el Madrid. Esto permite que pasen cosas rocambolescas como que, por ejemplo, un día Andrés Calamaro te responda un tuit sobre tu pasión por el juego de Fernando Redondo y el de Toni Kroos.
Mis experiencias comunicacionales previas con Andrés son bastante menos trascendentes: se remontan a hace unos trece años, cuando como periodista musical del diario El País de Montevideo tuve la chance de hacerle una entrevista casi aséptica. Unas preguntas previas a un show en la capital uruguaya y poco más, un intercambio de esos tantos a los que músicos y periodistas a partes iguales están condenados por las circunstancias de la agenda.
Andrés —un artista ante todo popular— tiene la particularidad de exponerse como casi ninguno de su estirpe a la conversación o al escarnio, sea desde cuentas verificadas o seudónimos. En una de esas tantas ocasiones, se enganchó una conversación en la que Gustavo, un amigo que tenemos en común, nos preguntaba por qué somos tan fanáticos del Madrid. Así se fueron uniendo mis recuerdos sobre el Madrid de la Séptima que me hechizó para siempre y sus recuerdos de las visitas a Don Fernando Carlos y un grupete rockero dentro de aquellas plantillas sobre el que no quiso —con justa razón, faltaba más— dar demasiados detalles. Recordé en ese intercambio que una de las razones por las que quería ser periodista musical a los veintipocos era justamente para poder hablar con mis músicos preferidos sobre las pasiones.
En tiempos en los que llegar a artistas y futbolistas con entrevistas acartonadas al uso parece más un obstáculo para una conversación agradable, me llegué a preguntar mientras hablaba un día con Andrés sobre fútbol y los hermanos Noel y Liam Gallagher si la mejor entrevista que podría hacerle era sobre el Madrid y por Twitter. De algún modo, Ibai fue una inspiración para esto.
Pero un día cayó una notificación a mi teléfono. ‘El usuario @Galimbe64457296 te sigue ahora’. Tras otras varias tertulias virtuales que dejaron su tela —podré además presumir de haber vinculado a Calamaro y al mismísimo Sison en pleno hervor de la saga veraniega de Mbappé—, le propuse un intercambio que pudiera publicarse en La Galerna, medio que empezó a conocer con nuestras charlas y que, pensé, de algún modo lo vuelve a cruzar con su querido Antonio Escohotado. Sería una breve serie de ida y vuelta de correos con preguntas que profundizaran en su relación con el Madrid y su visión sobre el club. Que son las de un tertuliano más, pero nunca un tertuliano cualquiera.
Caballerosamente, Andrés respondió velozmente al primer envío pero los siguientes cayeron en la marea de los ensayos, los viajes y los compromisos. Por eso aquí mismo dejo la puerta abierta para futuros capítulos. Aquí o donde sea, porque finalmente la tertulia siempre sigue en otro lado, al menos en esquelas de 280 caracteres.
No puedo sino empezar por el principio. Entiendo que para vos Madrid fue el comienzo de muchas cosas. ¿Aparece por ahí el Real Madrid? ¿Dónde te encontraste por primera vez al Madrid?
Creo que viajé para visitar amigos, experimentar cosas y ver un festival de música en Inglaterra; eran los años de La Quinta del Buitre, aquella generación de jugadores madridistas madrileños subida del Castilla al primer equipo, entonces dirigido por Alfredo Di Stefano. No soy entendido ni sé leer los partidos de la forma en que interpreto una grabación musical o una película en el cine, pero este equipo “generacional” tenía todo menos la Copa de Europa, jugaron con inteligencia vertical, abriendo la cancha por las bandas, gambeteando y metiendo hasta cien goles en una temporada. Contemporáneos de Maradona en Europa y Mágico de Cádiz.
La quinta del Buitre era un equipo “generacional” que tenía todo menos la Copa de Europa, jugaron con inteligencia vertical, abriendo la cancha por las bandas, gambeteando y metiendo hasta cien goles en una temporada
¿Cómo fue tu primera noche en el Santiago Bernabéu?
No tengo una respuesta despampanante para tu pregunta, recuerdo noches legendarias en el estadio pero no así la primera. Creo que —el primer Bernabéu— fue una tarde, un empate insípido con gol de Fernando Hierro, goleador “pichichi” con 12 goles, un defensa central con llegada; eso te dice todo. Más adelante sí fui más veces y de noche, invitado a los palcos o plateísta abonado.
En Twitter hemos hablado de Fernando Redondo. Por supuesto, quiero que me cuentes sobre la amistad que los une y esos encuentros en tu casa allí, pero además ¿por qué Fernando Redondo fue tan importante para el Real Madrid, más allá de aquel taconazo lisérgico de Manchester por la Champions League?
Fernando es muy bien considerado por los madridistas de paladar negro y muchos le adoran. Me consta que hubiera terminado su ciclo profesional vistiendo de blanco, viviendo en Madrid ciudad. Redondo, que jugaba con el dorsal número seis, es el perfecto cinco, zurdo, elegante y virtuoso para recuperar el balón y salir jugando; anterior al juego de “posesión obsesiva” pero adecuado al “espíritu” madridista en el fútbol: jugador con clase que recupera la pelota y empieza una jugada vertical con eficacia y control. Para los críticos simbolizaba el contraste entre el “doble pivote” (del 4-4-2) y el “cinco puro” del 4-3-3; además de ser un hombre muy bien adaptado a la ciudad y al equipo, vistiendo con orgullo la camiseta. Es verdad que —entonces— no estaba tan instalado el fútbol de “toque y toque”, pero la pelota pasaba por Redondo y eso aplica a la forma de entender el fútbol del Real Madrid, la escuela de Di Stefano: llegar con velocidad con tres buenos pases verticales de cara al gol. Ahora advertimos que jugar “a la posesión” pero sin regates (gambetas) ya resulta en un soliloquio de toques horizontales que “aburren a la pelota” a menos que la partitura se consagre con dos genialidades o un eslalon sentando a cinco adversarios, y eso no se ve todos los días. Quizás Redondo era lo mejor de ambos mundos, hacía el fútbol vertical y doscientos pases buenos por partido, se dejaba la piel con mucha clase, inteligencia y pundonor, y era capaz de hacer una falta sin importancia, entrando con las dos piernas lejos del área, para la tribuna.
Endilgarle al Real Madrid responsabilidades históricas es un capricho barato como excusa. El Barcelona tampoco es el equipo de la “resistencia a la dictadura”, ni el Atlético es un humilde equipo de barrio; eso es pura “lírica inversa”, análisis baladí
¿Qué es lo que une simbólicamente a hombres como Fernando y Toni Kroos? ¿Por qué para cierto sector del madridismo la caballerosidad y la elegancia de estos hombres es un valor en sí mismo?
En el Madrid, como en cualquier hinchada, hay aficionados que elegirían ganar jugando como sea, los que exigen buena circulación de la pelota y eficacia, los que se recrean en el historial de copas y los que quieren saberse “el once” de memoria; y todos tienen razón. Luego la conducta dentro y fuera de la cancha. De la vida propia —de los ídolos— no sabemos nada y así es como tiene que ser, se entiende que los futbolistas contesten con “mesura blindada” al periodismo deportivo. Pero hay detalles del comportamiento que creemos que percibimos o percibimos. Redondo jamás ofendió al hincha ni con un gesto, fue privado con las cuestiones profesionales y personales; solo le conocieron jugando de centrocampista. Los merengues van a estar orgullosos de Fernando toda la vida.
Los merengues van a estar orgullosos de Fernando redondo toda la vida
Y una más, de yapa: ¿por qué Antonio Escohotado y Andrés Calamaro sienten tanto al Madrid?
El Madrid es el equipo del pueblo, en España es el único que se puede comparar con los “grandes” del Río de la Plata en feeling e historia. El Atlético es un equipo grande de Madrid; el Barcelona es el fútbol que ven por millones en televisión, el que vende camisetas hasta en África; los equipos vascos son vascos, Sevilla está partida al medio entre béticos y sevillistas; el mundo entero ha visto a Lionel Messi por televisión, en los más recónditos confines. Un gran cuadro lo es para lo bueno y para lo malo, se entiende si le odian y le admiran al mismo tiempo, eso lo generan los grandes equipos de “pueblo y fútbol”. Endilgarle al Real Madrid responsabilidades históricas es un capricho barato como excusa. El Barcelona tampoco es el equipo de la “resistencia a la dictadura”, ni el Atlético es un humilde equipo de barrio; eso es pura “lírica inversa”, análisis baladí.
El “antimadridismo” representa lo más ramplón de la “corrección política” aplicada al fútbol, lo que nos harta por infantil y oportunista
El “antimadridismo” representa lo más ramplón de la “corrección política” aplicada al fútbol, lo que nos harta por infantil y oportunista. La mitad de los madridistas son republicanos de izquierdas, trabajadores en sindicatos y/o rockeros de postín; presumir de galones atléticos —o de rebeldía culé— no es hablar de fútbol; los colchoneros son casi la mitad de los madrileños y los culé son la mitad de la burguesía catalana y la cancha llena de turistas.
Esto se entiende en Montevideo o Buenos Aires, en Rosario y en Sevilla, donde ni hace falta explicar estas cosas; pero los grandes equipos de Europa tienen dimensiones que jamás antes hubiéramos imaginado; por la televisión, la publicidad y el poderío para contratar jugadores y entrenadores; el fútbol actual es lo que Hollywood fue al cine, con héroes y villanos que se inventan.
Entrevista: Sebastián Auyanet

