Casemiro, la Europa League ni se mienta
Jesús Bengoechea
En la rueda de prensa previa al partido contra el Gladbach (tan definitivo para la suerte de este Madrid bipolar como por eso mismo extremadamente inquietante), Casemiro ha estado muy bien y muy mal. Muy bien por mostrar públicamente su apoyo a Zidane (“como el de toda la plantilla”), por recordarnos las dificilísimas circunstancias que entre lesiones, patrones y Covid asolan al equipo y por calificar el partido como “final”, así como por apuntar que, como tal y de acuerdo a su leyenda, el Madrid no la jugará sino que la ganará.
Esto último, sin embargo, se contradice con el hecho de que haya accedido a hablar de la posibilidad de palmar y deslizarnos a los ignominiosos terrenos de la Europa League. Si es una final y por tanto hay que ganarla, ¿a qué viene mencionar siquiera la opción contraria? Es verdad que Casemiro fue sometido a un acoso y derribo de interpelaciones cenizas que habrían hecho sucumbir al mártir más aguerrido. Sin embargo, aun existiendo ese atenuante, habría sido exigible un corte drástico, un fundido en negro, un tronco va. O muchos de ellos, en realidad, dada la insistencia de los redactores por regodearse en los vericuetos de la fatalidad. “Señores, de eso no hablo porque no va a pasar, no insistan” habría sido la única réplica aceptable.
El Madrid se la juega en la última jornada de la fase de grupos, y aunque hay una proverbial tendencia blanca a dejarse engatusar por las mieles del vacío (Goteborg es el primer escenario que viene a la mente, ojalá no precediendo otros ámbitos igual de gélidos), siempre hemos salido indemnes de estos bailes con el oprobio. No estarán Ødegaard ni Jovic -este último fiel a su desconcertante tendencia a encadenar falsas amenazas de Covid con lesiones y con Covids auténticos-, pero la recuperación de Ramos y Carvajal plantea la posibilidad de poner sobre el césped algo muy parecido al once de gala, donde yo personalmente espero no falte el hombre que mayor finura e instinto ante el gol parece desprender de toda la plantilla. Se llama Rodrygo, cumple pronto 20 años y es el máximo goleador blanco en la competición junto a Benzema. Es su noche.
