Casemiro y su relevancia en el Real Madrid
Ramón Álvarez de Mon
Lo cierto es que Casemiro no rindió a su nivel la temporada pasada. Los que apreciamos el trabajo del brasileño pudimos comprobar que estaba un punto por abajo de su nivel habitual. Le costaba más llegar a ciertas coberturas y con el balón andaba más espeso. Probablemente su rendimiento estuvo muy condicionado por el desgaste del Mundial, así como por la dinámica general del equipo que, salvo un tramo bajo la dirección de Solari, fue de carácter destructivo y depresivo. La mayoría de jugadores con experiencia parecían actuar con una mochila a sus espaldas que les alejaba de su nivel pretérito. Casemiro no fue una excepción y seguramente él mismo sea consciente de ello.
Se ha escrito muy poco acerca del gesto que tuvo el brasileño este verano. El 7 de julio Casemiro disputaba y ganaba la Copa América y por convenio le correspondían cuatro semanas de vacaciones, es decir hasta el 5 de agosto. Casemiro diseñó sus vacaciones con el fin de descansar y volver con las pilas cargadas. Sin embargo, el nivel del equipo durante la pretemporada, que quedó patente con el 7-3 contra el Atlético, le hizo cambiar de opinión y anular el viaje planificado a Disney World con su familia para volver una semana antes de lo previsto. Finalmente, Case volvió a Madrid para comenzar a entrenar mientras su familia disfrutaba en Orlando. Ese gesto de responsabilidad y tan poco reivindicado por el protagonista, evidenció que Casemiro quería afrontar con la máxima implicación la nueva temporada. Probablemente, junto a Toni Kroos, es el jugador que más ha crecido de un año a otro entre todos los jugadores blancos.
Muchas de las plegarias de los madridistas esta temporada van dirigidas a que Casemiro ni siquiera se coja un resfriado. La noticia de que le habían retirado una tarjeta amarilla y por lo tanto sólo acumulaba tres fue celebrada de forma inusitada por un madridismo consciente de la importancia del brasileño. Ante un centro del campo bastante debilitado a nivel cuantitativo, y sin un sustituto nato, la perspectiva de afrontar un partido importante sin Casemiro se antoja preocupante, puesto que supone el principal tapón defensivo de un equipo con terribles problemas para contener las transiciones ofensivas de sus oponentes. Case parece querer afrontar el reto que le han lanzado Zidane y el Club de ser prácticamente imprescindible. Todo hace indicar que, tras la temporada pasada, Carlos Henrique ha recobrado un estado físico que le hace imponerse en la mayoría de disputas. Con el balón se encuentra mucho más sereno y sus envíos de 30, 35 metros vuelven a ser precisos. Además, supone un importante activo a balón parado, tanto en ataque como en defensa. Casemiro es consciente de que su estatus en el equipo se encuentra más alto que nunca. Tras cinco temporadas y a sus 27 años, se sabe en su mejor momento y mientras otros compañeros de fatiga van dejando sus mejores años atrás, el brasileño sigue creciendo y madurando. Esa evolución también se está materializando en el cuidado y custodia de los más jóvenes, tres de ellos compatriotas suyos, a los que Casemiro trata de aconsejar desde la palabra y el ejemplo. Todo un ejemplo de profesional.
