Caso Cheryshev: el pozo y el péndulo
Editorial La Galerna
A la espera del desenlace de la cuestión Cherysev, que ha de ser pronto, hoy lo he pensado: el Madrid es culpable. No digo ante la justicia. Es evidente, tal y como expone Jorge Martín Jorgeneo en su excelente artículo publicado aquí en La Galerna, que el Madrid tiene un resquicio legal donde agarrarse y anclar su defensa legítima. Sin embargo, da igual. El juicio mediático lo tiene perdido. Desde aquella misma noche en la que se jugó el partido. Es culpable. Le de la razón la ley, o no.
En el cuento de Poe, el protagonista podía morir en cualquier instante dado que, a oscuras, no sabía si moverse hacia un lado, en donde sabía que un pozo hondísimo le causaría una caída mortal, o hacia el otro, de donde venía lentamenta hacia él una cuchilla pendular. Hiciera lo que hiciese, estaba abocado a morir. Con el Madrid pasa algo parecido.
Conviene separar lo de Cherysev en dos partes. Innegable es la negligencia de la dirección deportiva, de la secretaría técnica, o de quien correspondiera: el ruso nunca debió ser convocado para el partido del Carranza. Alguien, en un club que factura más que nadie y cuyo presupuesto es el de una gran multinacional, debía conocer escrupulosamente la situación de cada miembro de la plantilla para con la normativa deportiva.
Otra cosa es el castigo. O la norma. El detalle de la misma. Si es verdad o no que la sanción ha de ser notificada personalmente, etcétera. Jorge lo cuenta en su artículo mucho mejor de lo que podría hacerlo yo, lego en materia de leguleyos. Ahí, al parecer, el Madrid puede defenderse. Y es algo tan natural como que el agua moja. ¿Quién, acaso, renunciaría a pleitear por sus intereses, habiendo siquiera una duda razonable al respecto de una sentencia que supone, nada menos, que la expulsión de una competición oficial?
Lo nuclear del asunto es que en la opinión pública, como digo, el Madrid ya está sentenciado. Correrán las chanzas, la befa estará por doquier, en Cádiz se matará febrero con innúmeras coplas, y la España mediopensionista se ejercitará en su deporte favorito, que es hacer escarnio del Madrid. Eso es lo de menos. Lo importante es lo que ya ha ocurrido, lo que ya ha dicho gente como Abidal: “el Madrid debería ser eliminado, pero claro, como es el Madrid…”
El veneno de serpiente ya corretea libremente por el sistema inmune de la opinión en España. El Madrid, de nuevo, se encuentra ante la esfinge que lleva desde hace ya muchos años destrozándole fuera de los terrenos de juego: la Leyenda Negra. El relato, dominado con habilidad extraordinaria por sus rivales, por sus enemigos, por PRISA, por los medios deportivos de Barcelona, por los opinadores de referencia, son el péndulo afilado que avanza ineluctable hacia la cabeza Real. En cambio, no alegar, no ir hasta el fondo del asunto en términos administrativos, no acudir al Tribunal de Arbitraje, es faltarse a sí mismo el respeto.
Hágase lo que se haga, la debilidad narrativa del Madrid, ante el gran público, volverá a lastrarle perniciosamente. Si el Madrid gana el recurso al Tribunal, que ha de pronunciarse pronto, se dirá: ¡claro, es que es el Madrid! A Franco volverán a sacarlo de su tumba en el Valle de los Caídos, y Florentino regresará a su trono demoníaco de Lord de las Sombras, púlpito omnipotente en el que desde el españolito cuñado de infantería hasta el aspirante a presidente de la Nación por Izquierda Unida, Alberto Garzón, lo ubican sin recato alguno. Es, pues, un difícil dilema: in dubio, anti Madrid.
