Ciento y la madre
Athos Dumas
Parece que últimamente están predominando los malos modos o modales en el deporte del balón naranja. Y no por parte de los jugadores, que son los que están en permanente contacto físico con sus adversarios, con lo que algún mal gesto por su parte sería más entendible, o al menos perdonable.
Se supone que los dirigentes y los entrenadores deben de tener la cabeza bastante más fría que sus pupilos en mitad del fragor de una batalla. Pero últimamente no está siendo así.
A la impresentable ristra de actos deplorables de Nacho Rodríguez, responsable de la sección de baloncesto del FC Barcelona, y ya perfectamente relatados por Lorenzo Sanz en esta web, (por cierto, el domingo tuvo un nuevo episodio de histeria en Fuenlabrada, liándose a dar voces al técnico local Javier Juárez), se unió antes de ayer el entrenador del Iberostar Tenerife, Chus Vidorreta, con unas declaraciones absurdas y desafortunadas nada más terminar el partido que concluyó con clara victoria merengue por 85-92.
“Es complicado jugar contra el Madrid, en el banquillo contrario están retransmitiendo el partido continuamente (os hacen la competencia). Jugando como si estuviéramos fuera de casa, como son treinta y la madre ellos están con muchas ventajas, además de su calidad.”
Esto soltó, así de sopetón, al periodista de Movistar, que le había preguntado por la diferencia en los rebotes, muy favorable a los blancos. Debía de estar Don Txus todavía escocido por el tiempo muerto pedido por Laso a falta de 2,7 segundos y con 7 de diferencia más el balón.
Las declaraciones merecen una oportuna disección, ya que parecen salidas de la boca de un colegial de cinco años (“Papi, un niño grande me ha quitado la merienda”) o, quizás, de uno más de los numerosos bocachanclas, torpes, bocazas, pagafantas o, como dice mi amiga valenciana Arancha (gran madridista), de un “parraplás” incapaz de mantener la boca cerrada en ninguna circunstancia.
Hay que decirle al técnico bilbaíno que “treinta y la madre” no lo usa nadie, y que, ya metidos en harina, tenía que haber dicho la adecuada expresión, muy gráfica, de “ciento y la madre”. Imaginemos por un momento esa escuadrilla de aviones transportadores de tropas, con cien —o más— feroces voceadores y armados de molestas vuvuzelas, dispuestos a tomar la cancha de La Laguna con el único objetivo de ensordecer los delicados oídos de Vidorreta. Nadie podía imaginar que el Real Madrid, en un viaje a dos mil kilómetros de la península, y con las restricciones de vuelos debidas a la pandemia, pudiese desembarcar con semejante batallón de personas estruendosas y dispuestas únicamente a molestar al entrenador vizcaíno, y siendo mayoritarios en el pabellón, pese a que los canarios jugaban de locales.
Pero ahí no acabó el penoso llanto de Vidorreta. Dos días después del partido, volvió a aparecer ante los medios para declarar lo siguiente: “Esperamos no tener que volver a jugar contra el Real Madrid en casa sin público, que es como jugar fuera. Cuando alguien juega con impunidad resulta imposible mantener el nivel. Solo los jugadores del Iberostar Tenerife tuvieron problemas de faltas".
Ya no solo le molestaba el ruido que provocaban los “30 y la madre”. ¡Habla de “impunidad”! En un partido donde se pitaron 22 faltas a los tinerfeños y 18 a los madrileños. Con, por ejemplo, una técnica señalada a Laso por protestar un “pie intencionado” de Tavares que había tocado el esférico... ¡con su —enorme— mano!
“Impunidad”, cuando tras soportar no menos de tres o cuatro manotazos y tarascadas, a Laprovittola le señalaron infracción de ocho segundos por no haber pasado de la mitad de la cancha, cuando le tenían que haber puesto un monumento por salir indemne tras semejante paliza recibida en dicha jugada.
“Impunidad”, y no deja de ser una patética y falaz definición, cuando el árbitro principal era nada menos que Daniel Hierrezuelo, perpetrador de atracos tan conocidos como el de la final de la Copa del Rey 2018 ante el Barcelona, con la célebre falta de Claver no pitada a Taylor, o el cuarto partido del playoff de 2014, donde el colegiado malagueño acabó expulsando a Laso, que salió del Palou Blaugrana en silla de ruedas, tras quejarse por la actuación parcial del trío arbitral.
Don Txus, Chus, señor Vidorreta, como usted prefiera: ya ha conseguido salir dos veces en los titulares de la prensa deportiva en dos días, a costa del deporte más fácil, criticar al Madrid. Ya le hemos hecho famoso. Sus impresentables declaraciones no están a la altura de un equipo que está haciendo una excelente temporada liguera. Su club y sus jugadores merecen más atención y más respeto. Y, si le gustan los focos mediáticos, pruebe en lograr una plaza para “La isla de las tentaciones”. Y no nos moleste más a los madridistas. Olvídenos.
